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viernes, 12 de diciembre de 2008

Cita: Sobre sonrisas y demás

Buster Keaton


“Conozco múltiples formas de mostrar que estoy contento, pero ninguna de ellas es la sonrisa”

Buster Keaton (1895-1966)


jueves, 21 de agosto de 2008

De la democracia y darle al público lo que quiere

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domingo, 13 de julio de 2008

De arquitectos, albañiles y desideratas varias

Putos azulejos...Esta tarde he estado hablando con un muy buen amigo y ex-compañero, que, como es de recibo entre los Ingenieros Informáticos de profesión, es inquieto, curioso, y, por qué no decirlo si lo hago desde el respeto y la admiración, un poco friki. El típico colega con el que puedes hablar de Feynman lo mismo que de Homer Simpson. Fue él el que me lanzó a esto de la comunidad blogger por el siempre insalubre método de dar envidia. No tuvo más que mostrarme su blog (www.naufragandoporlared.com), que recomiendo vivamente, para sentirme en la obligación de meterme en el terreno fangoso y desconocido que es este de los blogs.

El caso es que estando discutiendo sobre lo divino y lo humano, ha venido a preguntarme por qué estoy tan jodido como se supone que estoy, aunque más que como estoy debería decir como me veo. Para describirle la situación en la que me encuentro, pese a estar hablando con un profesional de mi mismo gremio, he tirado de la parábola del arquitecto (Il Venturetto, capítulo II, versículos 1-43):

Cuenta la Historia que había un arquitecto que se dedicaba a hacer oficinas. Quizás no era el mejor, pero hacía oficinas dignamente, gustaba de hacerlas, y con ello pasaba los días. Llegó un día en que, como era el que más sabía de las oficinas que él mismo había hecho, pasó a encargarse de cambiar la decoración de las salas de juntas, a revisar la instalación de los ascensores y, en el mejor de los casos, a añadir más oficinas iguales a las que ya había en el solar de al lado. Aquello no era hacer oficinas, aquello era hacer más de lo mismo, y uno no se hace arquitecto porque le gusten los ladrillos, sino porque le gusta imaginar cómo transformar un terreno baldío en un sitio donde vivir.

Vino a dar la casualidad de que en aquella época convulsa le ofrecieron hacer chalets.

— ¿Chalets? Yo no sé hacer chalets —dijo el arquitecto.
— No importa. Si eres arquitecto es cuestión de ponerse.
— Sí, eso es verdad, pero los chalets tienen piscinas, y buhardillas, y barbacoas, y yo no sé hacer nada de eso.
— No importa. Cuando tengas que hacer piscinas, buhardillas y barbacoas ya aprenderás.

Y oyendo a los que le decían que se fuera a hacer chalets, y desoyendo a los que le dijeron que no lo hiciera, este arquitecto dejó su trabajo de hacer oficinas, y pasó al maravilloso mundo de los chalets. No le parecía tan mal aprender a hacer piscinas, buhardillas y barbacoas. No lo hizo convencido de estar haciendo lo correcto, pero sí estaba convencido de que estaba haciendo lo que debía.

Así que llegó el primer día, esperando ver planos de chalets de los que aprender en noble oficio de la construcción de casas de recreo. Esperaba ver planos de chalets de 3 plantas con piscinas, buhardillas y barbacoas, pero allí no había nada de eso. Lo único que había eran fotos de chamizos toscamente construidos, pero con carteles luminos como los que ponen en los clubs de carretera, donde decía, ora en azul ora en rojo, "Chalé de lujo".

Tras meses de ignorancia de este nuestro ya querido arquitecto se apercibió de su verdadera labor: alicatar los baños de los chamizos. Ni siquiera se trataba de remozar los baños. Debía cambiar los azulejos alrededor del váter, pero sin moverlo de sitio y sin que dejara de estar "al uso". Había dejado las oficinas porque estaba cansado de hacer siempre lo mismo y había pasado a poner baldosines con la cabeza metida en un retrete.

De nada sirve pensar en volver al maravilloso mundo de las oficinas. Si he acabado con la cabeza metida en un retrete, ¿quién me dice que no me ofrezcan algo como "desarrollo de sistemas de higiene y salubridad" y no vaya a acabar cavando letrinas?

Para colmo de males la memoria, esa enemiga mortal de mi descanso que se obstina en traerme a la mente la desiderata que me deja sin dormir, sin soñar y sin vivir, me empuja al derrotismo, al abatimiento y a las dudas existenciales.

Así es fácil caer entonces en la languidez de siempre, tan difícil de disimular. En este punto se percibe en los demás una mezcla entre conmiseración y escepticismo que a uno le sumen aún más en el desánimo.

Es entonces cuando la desazón emocional que se produce al ver la circunstancia en la que se encuentra uno mismo por sus errores le sumen en un desequilibrio espiritual que se somatiza luego con un malestar tan incómodo como evidente.

Queridos niños: hace un tiempo me enfrenté a la búsqueda de la felicidad. Entonces concluí que si la felicidad no venía a buscarte lo mejor era salir a su encuentro. Es duro equivocarse a cada paso, pero es más duro no caminar, y más duro aún tener zapatos de hormigón... que se ha puesto uno mismo.

domingo, 15 de junio de 2008

De memoria, desmemoriados y amnesias inducidas

Tired of so many memoriesNo tengo duda acerca de que la memoria es la base del conocimiento. Por muchas horas en la vida que se dediquen a estudiar aquello que nos obliguen, nos sea útil, o, por qué no, nos guste, si se olvida lo aprendido el esfuerzo no sirve para nada; por mucha experiencia que se acumule en la vida, si se pierden los recuerdos es como no haber vivido; por muchas lágrimas que se hayan contenido, si se diluyen los sentimientos es como no haber amado.

La memoria sirve para tantas cosas inútiles que sólo por eso se podría decir que es imprescindible en nuestras vidas. Muchos de mis amigos podrían recitar completos palmarés deportivos, frases de películas, animados relatos de noches de juerga, jocosísimas anécdotas universitarias y diálogos completos de los simpson y futurama, complementados con multitud de datos que sólo servirían para ganar una partida de la edición ochentera del Trivial Pursuit.

Cada rincón de la memoria atesora un recuerdo que, con un poco de suerte, es digno de recordar. Pero, ¿qué hacer cuando los recuerdos abotagan la mente, nublan el sentido y le quitan a uno el sueño? Cuando los recuerdos se hacinan unos sobre otros, como un rimero de malos humores que emponzoñan el ánimo, nunca se sabe si es mejor hacer limpieza, orear la mente y recolocarlo todo más o menos ordenadamente, o dejar que se amontone el polvo sobre y entre una miríada de pequeños destellos de demencia. Por descontado, esto último nunca funciona.

Es como si la vida se detuviera en el instante en el que dejan de generarse nuevos recuerdos.

No ceso de preguntarme para qué sirve tener recuerdos que le asaltan a uno con pesadillas en medio de la noche, le dejan a uno con el estómago revuelto a media mañana o le obligan a enclaustrarse toda la tarde para reconducir el día e intentar no pensar en nada. No es lógico, no es justo, y, además, no sirve para nada.

Por cosas de las reminiscencias que de continuo se me vienen a la mente, han venido a presentarse de nuevo en mi mente las palabras de Cervantes acerca del tema en cuestión:

¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso! ¿De qué sirve representarme ahora la incomparable belleza de aquella adorada enemiga mía? ¿No será mejor, cruel memoria, que me acuerdes y representes lo que entonces hizo, para que, movido de tan manifiesto agravio, procure, ya que no la venganza, a lo menos perder la vida?

Queridos niños: dicen que cuando pasa el tiempo uno sólo se acuerda de las cosas buenas. Debe ser por eso que en la senectud, cuando todos acabamos por perder la cabeza y el buen juicio (los que lo han tenido en algún momento), tornamos a revivir la infancia. ¿Puede ser que desde entonces no hayamos vivido cosas buenas? Me inclino a pensar que más bien no las recordamos como tales.

¡Ah, quién fuera niño!


Foto: http://www.digital-photo.com.au/v/People/Street+Photography/Old-tired-man-IMG_3953.jpg.html

martes, 20 de mayo de 2008

De bodas, amigos de universidad y segundos estómagos

¡Felicidades!Cualquiera lo diría: van para doce los años que hace que acabé el colegio y me embarqué en el maravilloso mundo universitario. Una singladura que se prolonga aciago cual viaje en carro por la estepa rusa, pero en este caso, en vez de las inclemencias del tiempo, sufriendo mi propia pusilanimidad.

En realidad esto no sería más que otra anécdota —que debería ir en otro post— si no fuera porque este pasado fin de semana tuve el gusto de acompañar a dos muy buenos amigos en su boda. Y acontece además que al novio, muy buen amigo como digo, lo conocí el mismo primer día de mi periplo universitario, que comenzó a la vez que el suyo.

Son doce años en los que, como tantas veces pasa, a veces se ha perdido el contacto, se ha retomado, se ha vuelto a perder, se ha vuelto a retomar y en los que por azares del destino —y porque el mundo es un pañuelo— fuimos a caer en la misma empresa.

Se planteaba este sábado dichoso, además de por el evento en sí, por el reencuentro con muchos otros amigos que también fueron compañeros. Y tan felice fue el día que, aunque se barruntaban nubes de tormenta, hasta ellas respetaron el enlace.

A los nervios lógicos en el altar siguió una pantagruélica cena que a más de uno le costó terminar, y que hubo de ayudar a bajar en el baile posterior. Ya hay quien ha dicho que está guardando en un segundo estómago parte de lo que comió para sustentarse de aquí a Navidades. Quedan por supuesto para el secreto de sumario la barra libre y demás costumbres al uso en este tipo de festejos.

En estas fechas, y si no estoy mal informado, deben andar viendo el Rockefeller Center, subiendo y bajando la Quinta Avenida, y pensando en traerse un iPhone de recuerdo.

Poco más se puede añadir que no quede dentro de lo personal, así que sólo me queda por decir...

¡Felicidades Esther y Juanma!

PD: ¡Gracias Alberto por las fotos!

martes, 22 de abril de 2008

De los días que se repiten y el mañana que no llega

¡Arriba excursionistas!Por fin lo he conseguido: he llegado a ese estado de ánimo ascético en el que cada día es igual al siguiente, el siguiente idéntico al anterior, y todos juntos son una copia unos de otros.

Llegar a este punto de abstracción mental no es nada fácil. No importa el ánimo con el que te levantes, no importa el empeño con el que te enfrentes a la vida, no importa lo que te digan los que te conocen: para que cada día sea un calco del anterior, todo te tiene que parecer un montón de mierda.

La cosa comienza con una chispa: ves que alguien se te cruza en la carretera y de inmediato deseas que arda en una combustión espontánea. Luego la cosa se va complicando. En tu ensoñación aparecen hordas de tanques Panzer corriendo por la M0. La cosa degenera rápidamente hasta que llega un momento en que se te vienen a la mente imágenes de un centenar de B-29 lanzando bombas atómicas, y se te pasa por la cabeza que, al fin y al cabo, la extinción de la raza humana no es un mal fin para la humanidad tal y como la conocemos.

Pasan los días, sobreviviendo a la sensación de incredulidad que provoca ver el mundo girando a tu alrededor. Es como ser el protagonista de tu propia versión de El día de la marmota (Groundhog day), hasta que te metes en la cama y piensas que quizás mañana será mejor pero...

¿Y qué pasa si no hay un mañana? ¡Hoy no lo ha habido!

¿Por qué narices tiene que repetirse esta mierda de día? Ya lo dice Bill Murray:

Un día estuve en las Islas Vírgenes. Conocí a una chica. Comimos langosta y bebimos piñas coladas. En la puesta de solo hicimos el amor como nutrias. ESE fue un buen día. ¿Por qué no podría estar repitiendo ese día una y otra vez?

La solución debe pasar por cambiar la tendencia. Si lo de siempre no funciona hay que apostar a caballo perdedor. Eso o hacer algo diferente en la vida. Algo que haga verdadera ilusión.

¡No conduzcas cabreado! ¡No conduzcas cabreado!Tenemos el GP de Barcelona a la vuelta de la esquina, y aquí estoy, que ni voy a ir ni debería aunque pudiera. Eso sería como alterar el equilibrio del Universo. Y es que no me apetece ir allí a aguantar a los gilipollas de siempre gritando improperios. Sí, es cierto, no todos irán con ese ánimo, y me atrevo a poner la mano en el fuego para asegurar que los gilipollas son una minoría, pero es que por esa minoría sé que me iban a amargar el fin de semana.

Esto me trae a la memoria —cuyos caminos son inescrutables— aquello de Jehová, Abraham, y Sodoma y Gomorra. El caso es que Jehová, después darle a Abraham un hijo cuando contaba son 100 años y su señora con 90, y de hacerle prometer que tenía que circuncidarse él, sus hijos, los hijos de sus hijos, y «cualquier varón nacido en su casa, o comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de su linaje», vino a entretenerse yendo a sodomizar a los sodomitas (o sodomolitanos). En esto Abraham, que suponemos que ni era sodomita, ni le gustaba el olor a culo quemado, intercedió ante Jehová en estos términos:

"¿Así que vas a exterminar al justo junto con el culpable? Tal vez haya en la ciudad cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte! ¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?".
El Señor respondió: "Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos".
Entonces dijo: "Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Quizá falten cinco para que los justos lleguen a cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?". "No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco", respondió el Señor.
Pero volvió a insistir: "Quizá no sean más que cuarenta". Y el Señor respondió: "No lo haré por amor a esos cuarenta".
"Por favor, dijo entonces, que mi Señor no lo tome a mal si continúo insistiendo. Quizá sean solamente treinta". Y el Señor respondió: "No lo haré si encuentro allí a esos treinta".
Insistió: "Una vez más, me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Tal vez no sean más que veinte". "No la destruiré en atención a esos veinte", declaró el Señor.
"Por favor, dijo entonces , que mi Señor no se enoje si hablo por última vez. Quizá sean solamente diez". "En atención a esos diez, respondió, no la destruiré".
Apenas terminó de hablar con él, el Señor se fue, y regresó a su casa.

Huelga decir que ni cincuenta, ni cuarenta, ni treinta, ni veinte, ni diez. ¿Quién dijo que la Biblia era aburrida?

Queridos niños: estamos en un mundo en el que la información está al alcance de todo aquel que tiene interés en saber y aprender. Es difícil ser un creador, innovar con algo que sea diferente o revolucionario, pero no lo es tanto tomar lo mejor de lo que ya hay y tratar de ser un poco mejores en lo que hacemos cada día. Suerte en el empeño.


Vídeo en youTube: http://www.youtube.com/watch?v=VNZQPSKpf08
Fotos: http://www.zonadvd.com/modules.php?name=Reviews&rop=showcontent&id=221

domingo, 30 de marzo de 2008

De hastiados, pusilánimes y frikis

Live fast, die young, manda la hipoteca a la mierdaAyer hablando con el amigo con el que hablo siempre (debería decir que es el que más gilipolleces me aguanta), me resumía muy acertadamente el contenido de este blog de la siguiente manera:

"Si hay F1, escribes la crónica. Si no hay F1, alternas hablar de golfas, de ciencia y de historias deprimentes y autolesivas. Además, ocasionalmente, enlazas a chorradas que ves por ahí."

No hace falta decir que tiene toda la razón.

Así que en esta semana de impasse entre la segunda y la tercera carrera de F1 de la temporada, me veo forzado a volver a mis estupideces de siempre, y me siento obligado además a avisar al lector habitual (al lector, en singular) de que si sigue leyendo es por su cuenta y riesgo, porque mi recomendación —y la recomendación que le daría cualquier médico— es que pare ahora mismo. Al lector ocasional, ese que llega buscando vídeos de caballos follando, fotos de prostitutas metiéndose cosas por salva sea la parte, o el resultado de los concursos de orgasmos femeninos fingidos, no tengo que avisarle, puesto que sé que sólo con ver las fotos va a cerrar el navegador.

Aunque toque hablar de golfas (y aunque dije que iba a hablar de golfas), hoy no tengo cuerpo para volver a vilipendiar a las de siempre. Parece, pues, que toca otra diatriba pesimista y desganada.

Como no se me ocurre nada mejor, voy a hablar de los frikis. Sí, todo el mundo sabe que el friki es el tío raro que lleva camisetas negras con dibujos extraños, que habla de cosas que nadie entiende, pero que a él le hacen mucha gracia, y que, en el mejor de los casos, va siempre cargando con un libro con un dibujo de unos tíos con orejas de punta y caballos con alas. El que el libro esté en inglés es opcional, pero siempre es mejor que sea la edición de bolsillo con tapa blanda.

A menudo los frikis se engloban en el grupo de los pagafantas, cuando en realidad éstos son un subgrupo de aquellos, y no tienen por qué compartir toda su idiosincrasia. El pagafantas en general suele ser un triste en todos los sentidos: ni aptitud, ni actitud, ni inquietud. Un lechón en toda regla. Evidentemente, hay muchos frikis pagafantas, pero no todos los pagafantas son frikis.

Un friki sabe cosas que no le importan a nadie, que asustarían —y asustan de hecho— a cualquier fémina en su sano juicio y que únicamente encuentran utilidad en conversaciones de bar. Una lástima que eso de los bares esté reservado para otros. El friki ni pisa un bar más que para comprar bocadillos de queso que llevarse a las quedadas para jugar al rol. Y de queso sólo si no es alérgico a la lactosa.

Asocial por naturaleza, quiere y recuerda a sus amigos, aunque no los vea en meses o años.

Las determinaciones que toma en la vida se cuentan por errores, y suele describir su método para tomar decisiones con una cita de Bart Simpson:

Si lo haces vas listo y vas listo si lo haces.

Al friki no le gusta cumplir años, y si no le gusta es porque cada año cumplido es un año malgastado. Para colmo de males, cada año que se presenta por delante es un año en el que, con las capacidades mermadas, sólo hay una posibilidad: hacer menos que el anterior.

Los logros en la vida no van más allá de conseguir unas cuantas groupies en el Guitar Hero, tener una buena estadística en el Gran Turismo 5 (aquí las posiciones altas están aún más caras) o pasarse el primer nivel del Sonic jugando con los pies haciéndose 7 vidas extra (sic). Como es de suponer, al friki se le quitan con facilidad las ganas de esforzarse por mejorar, puesto que siempre hay alguien que hace las gilipolleces mejor, con más estilo, o con más medios.

¿Y todo esto a qué viene? Pues a que junto con el trastorno bipolar del que ya hablamos, uno se deprime cuando ve que no tiene mucho que hacer o que ofrecer. Y es que el estado anímico va aparejado a la capacidad creativa. A más optimismo, más cosas se inventan. A más pesimismo, más ganas de tirarte de un puente. Al menos en mi caso, cuanto más alegre estoy, más y mejores cosas se me ocurren. Por eso cuando llego a casa, me siento en la silla de mi habitación y me tiro una hora pensando en qué podría hacer con mi tiempo libre, soy consciente de que no sólo estoy malgastando el tiempo, sino que también estoy perdiendo la cabeza. No es buen síntoma tener una ausencia total de ideas, de inquietudes y de objetivos.

Es extraño disponer de tiempo libre, tener cosas pendientes, y pasarse las horas muertas manteniendo un diálogo de besugos con uno mismo. La línea de pensamiento se convierte en demasiadas ocasiones en una perorata introspectiva detrás de otra, incomprensible hasta (principalmente, debería decir) para uno mismo.

En cualquier caso, caro lector, si has conseguido llegar hasta aquí, o más bien me has concedido llegar hasta aquí, te pediría —y agradecería— que terminaras la lectura con un comentario optimista.

Queridos niños: sin venir a cuento de nada, hoy sólo voy a decir que, si en TVE pueden retransmitir las motos emitiendo la señal en 16:9 con las bandas negras arriba y abajo, bien podrían aplicarse el cuento los de Telahinco y hacer lo propio.

Besos para ellas, abrazos para ellos.

Foto: http://blog.makezine.com/archive/2008/03/nyc_armory_show_2008.html

domingo, 17 de febrero de 2008

De locuras, desvaríos y gastos energéticos

¿Quién ha dicho eso? ¿Has sido tú virrey Morcillo?Quien me conoce sabe que estoy bastante loco. No es que sea un caso serio de trastorno mental, pero algo sí que hay, y todo comienza con una visión de mi propia vida y de la de los demás, cuando menos, "distinta".

De cuando en cuando salgo con una sandez, un desvarío o una enajenación, que a menudo mueve a risa, pero que en no pocas ocasiones también provoca más de una mueca de desagrado o sorpresa. Pero oiga, en este mundo estamos para divertirnos, ¿no? Pues eso, señora, ríase a mi costa que para eso me pagan.

Es posible que para los demás sean —espero— divertimentos fugaces, pero para mí, que de natural soy depresivo, tener estas enajenaciones tan espontáneas como pasajeras me son tan necesarias como el respirar.

Y se preguntarán si es divertido eso de estar loco. A mí me parece que no es fácil estar cuerdo. Cuando los rigores de la vida te abofetean la cara, los padeces con más dolor del que se puede soportar. Es mucho más difícil afrontar los problemas de la vida que ignorarlos. Y es que la vida impone limitaciones que el cerebro, obstinadamente, intenta saltarse.

En general, sí es entretenido estar medio loco. La gente que te rodea se ríe con tus historias de barra de bar, y te disculpa cuando dices algo incongruente. Sin embargo, con eso del trastorno bipolar, cuando se te pasa la locura se acaban las risas y empiezan los llantos.

Y es que no es fácil encontrar una motivación para vivir. Cuanto más me lo planteo, más convencido estoy de que hay gente que sobra en el mundo, y desde luego uno de los que sobra soy yo. No, no se trata de autocompasión o de tendencias suicidas, sino de entender que estamos realizando un gasto inútil del universo. Estoy cansado de tanto cretino funcional que se cree que tiene un lugar en el mundo porque se preocupa por la reproducción de las ballenas, por el cambio climático o por usar papel reciclado para limpiarse el ojete. Admítelo: no vales para nada. No estás ayudando al avance del planeta, de la especie o de tu propia sociedad pensando en adoptar un conejo de granja para meterlo en una caja de zapatos y que te apeste la cocina a campo. ¿Mejor hacer poco que nada? Mejor deja de ser un gasto inútil en el universo, que eso sí que sería una buena aportación.

Y habrá quien piense que, al fin y al cabo, pensar en el gasto energético que hacemos comparado con el resto del universo es absurdo frente a la inmensidad del espacio. Cierto. Entonces, ¿por qué preocuparse por no calentar este punto azul pálido en mitad de la nada? Si algo nos ha enseñado la ciencia y el estudio de los miles de millones de años de historia de la Tierra es que, pese a todo, la vida se abre paso. Han habido glaciaciones, terremotos, volcanes, meteoritos y demás desastres naturales y, pese a todo, aquí estamos nosotros, dando por culo a un peñasco compuesto principalmente de Hierro, Oxígeno, Silicio y Magnesio con restos de otras sustancias. Y nosotros, minúsculas estructuras basadas en el Carbono, ¿estamos preocupados porque la media de temperaturas de un año suba 3 grados en 50 años? Venga, no me jodas.

Mucha preocupación por el calentamiento global, sí, pero nadie se maravilla al montar en un ascensor y ver que cuando pulsa un botón le lleva hasta la planta que sea sin perderse por el camino. A mí, en mi locura, me gusta pensar que todo forma parte de un maravilloso orden universal. ¿Y a quién más le puede importar eso? ¿Quién más se fija en los pequeños detalles que hacen del día a día una historia de ilusión y magia? Me fastidia de veras montarme con alguien en el ascensor y no poder decirle:

¿Lo ha visto usted? ¡Hemos pulsado un botón y los tres ascensores se han puesto de acuerdo en perfecta armonía para venir a buscarnos y llevarnos raudos y veloces a la planta a la que queremos ir!
¡Ah, quién fuera ascensor!

Queridos niños, ya queda menos para que empiece la Formula 1. Que Dios os bendiga y os guarde. Recordad que todo esto no son más que desvaríos de un pobre loco y que, llegado el momento, siempre podremos arrepentirnos de todo:

     Yace aquí el hidalgo fuerte
que a tanto estremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.

     Tuvo a todo el mundo en poco,
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.

Foto: http://www.flickr.com/photos/creatine/2218466049/

miércoles, 2 de enero de 2008

Un viaggio a Maranello: Terzio giorno (1ª parte)

¡Alto! ¡Attenzione!
Si vas a ver leer el texto que hay a continuación lo mejor es que antes te enteres de qué va todo esto tanto en las crónicas del primer día de mi viaje a Italia como en las del segundo.
También puedes ver algunas de las fotos. Todo ha sido posible gracias a mis amigos y compañeros de SIA. ¡Gracias una vez más!
¡Alto! ¡Attenzione!

Esto sí es decoración con gusto, y no la mierda de perro del GuggenheimPor fin había llegado el gran día. El día de reyes se había adelantado para mí casi un mes y todo el mundo sabe que la noche del día de reyes no se duerme. Agotado física y mentalmente, cerraba los ojos y veía señales de desvíos a Módena y Sassuolo por todas partes. El eterno retorno que describía Nietzsche se había convertido en un interminable girar alrededor de una glorieta de la que nunca iba a poder salir, con italianos adelantándome por la derecha... ¡a mí! ¡Por la derecha! ¡Y en una glorieta!

Para mayor jocosidad, la noche anterior había cenado en una pizzería de Fiorano una pizza del tamaño de la tapa de una alcantarilla, y eso que era la más pequeña que despachaban. La grande era rectangular, cubría una superficie cercana a las 2 hectáreas y eran necesarios 4 estibadores para sacarla del horno. He de decir aquí que una cosa tiene Italia que te hace sentir como si estuvieras en SIA: las latas de cocacola están en italiano.

Ferrari 500 F2 de 1951, el primer Ferrari Campeón del MundoAntes de seguir, permitidme un consejo de amigo: cuando vayáis a pedir una pizza en Italia, estad contentos con el tamaño que os den; ni se os ocurra pedir un cacho, y mucho menos decir Io voglio un... un... un... cacho, acompañando por supuesto con el gesto del tamaño que quieres. Ver girar la cabeza con la mirada enajenada a cinco italianos mientras tienes las manos frente a ti separadas unos 30 centímetros, te hace darte cuenta rapidísimamente que algo muy malo le acabas de decir a la chica con la que estás hablando. ¡Ah, casi lo olvido! Puedo decir que estuve en Italia y que vi a Mónica. No era mi Mónica, pero era una Mónica. Quizás tuviera las curvas más pronunciadas que la Bellucci, pero a mí, como a los italianos, me gustan las curvas, los coches rápidos, y los semáforos en ámbar. Efectivamente, la Mónica de la que hablo no era otra que la lozana chica de la pizzería.

Se preguntarán, con razón, a qué viene toda la historia de la pizzería. Bueno, lo primero es que tomarte una pizza en Italia y compararla con las de aquí ni es lícito, ni debería estar permitido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y no me estoy refiriendo al Telepizza, el Pizza Hut o el Ginos, por supuesto. Y, segundo, apretarte una pizza cuando estás con el estómago encogido no suele ser una buena idea. Pasé una noche muy entretenida sin necesidad de compañía.

Forza Ferrari!!!Con estas premisas amanecí el 19 de diciembre, listo y dispuesto para visitar Maranello. Estaba demasiado nervioso (y era demasiado temprano) como para irme directamente al Museo Ferrari, así que volví a pasar por Fiorano. De día, y sin nieve, la entrada al circuito era aún más decepcionante. Flanqueada por un pequeño taller de coches a un lado y lo que parecía un almacén de materiales de construcción al otro, imaginarse a los mejores coches del mundo entrando por allí era pensar en sandeces. Y sin embargo, al poco de llegar, vi pasar un camión de la Scuderia Ferrari, llevado tan tranquilamente por un conductor como quien lleva palets de váteres a la obra. Claro que mientras unos son para cagar, y con los otros te cagas.

Vista la poca animación que había en Fiorano a las 1o de la mañana, finalmente me enfrenté a mis fantasmas y me decidí a dirigir mis pasos a Maranello.

La entrada al Museo ya indica que lo que hay dentro es especial. No serán obras de arte, pero a más de uno no nos importaría tener uno de esos coches en el salón de casa. Tremando como un niño en la puerta de Disneylandia, entré.

No creo que a ninguna de las dos mozas vestidas de Ferrari que estaban en la entrada les sorprendiera ver llegar a un turista, pero supongo que ver a un mocetón más cerca de los 30 que de los 20 con los ojos llorosos abiertos como platos (se admiten chascarrillos), las manos temblorosas y cara de haber llegado al paraíso pidiendo una entrada para luego no atreverse a entrar tiene que ser, cuando menos, curioso.

Ferrari 126 C de Gilles VilleneuveAsí que al final entré. En la planta baja todos los coches expuestos eran de Formula 1. Era como ver en tres dimensiones todas las fotos que ya me sabía de memoria. Coches de Fangio, Ascari, Villeneuve, Alesi o Berger junto al F2001 y el F2004. Pero no piensen que estaban a 5 metros tras una vitrina, o protegidas con rayos láser. Estas pequeñas piezas de la historia se acompañaban de un escueto "Please do not touch - Prego non toccare". Y casi no era necesario que estuviera el cartel, porque todos los que estábamos allí nos mirábamos incrédulos, como si no fuera ético estar al lado de los coches con los que corríamos de pequeños en el scalextric. Cada una de estas máquinas era un desafío al instinto de supervivencia de los pilotos, que tenían que conducirlos por encima de los 250 km/h en circuitos en los que los espectadores estaban separados de las pistas por, en el mejor de los casos, unos pocos metros de césped.

El Ferrari 126 C que tenían expuesto era una oda a la temeridad. Imaginarse a un mortal llevando al límite semejante máquina hace estremecer al más sereno. Pero no es sólo que tenga la pinta de una caja de muertos con ruedas y alerones, sino que el interior da la sensación de haber sido concebido para maximizar los daños al piloto en caso de accidente. Desgraciadamente Gilles Villeneuve, el que es junto a Stirling Moss uno de los pilotos más queridos y admirados de la historia que nunca llegaron a ganar un mundial, lo comprobó empíricamente.

En la planta superior estaban los modelos que no eran de F1. Junto a coches más o menos actuales como un 599 GTB Fiorano, o un 360 Modena hecho expresamente por orden de Giovanni Agneli como regalo de bodas para Luca Cordero di Montezemolo, se veían clásicos de los 60 y 70, y los modelos exclusivos que todos hemos tenido en los cromos: un Dino, un F40, un F50 y un Enzo.

Existe, es de verdad y lo he tocadoEstar delante de un Ferrari Enzo es lo más parecido que he sentido en mi vida a estar enamorado. El arrobo, el vacío en el estómago, la boca seca, la mente obnubilada, la vista borrosa, el pulso acelerado, la respiración entrecortada y las manos temblorosas le hacen a uno dudar si está enamorado o si se ha contagiado con el tifus. Y lo peor es que no importa que intentes disimularlo pensando en otra cosa, porque los ojos te delatan. Mantienes la vista fija en el objeto de deseo, y notas cómo la sangre se te amontona en las mejillas. Te falta el aire. Lo miras de lejos, pues no puedes ni acercarte por temor a que la gente de alrededor note que realmente estás más interesado de lo que quieres dejar entrever. Cuando cierras los ojos los abres enajenado, queriendo cerciorarte de que realmente estás allí, a su lado. Sabes que no vas a poder recordarlo tal y como lo estás viendo en ese momento, y querrías que ese momento no pasara nunca. Intentas memorizar cada curva, cada brillo, cada detalle, para gozar luego con los recuerdos tanto como estás disfrutando en ese momento.

The Widowmaker (en malas manos)Y es que no sólo es bello estéticamente. El Enzo es el coche de calle que más se parece a un F1 tecnológicamente hablando. Sólo con asomarse a las entradas de ventilación para los discos de freno delanteros se percibe que nada en el diseño de este coche es casual. El motor V12 y las geometrías de las suspensiones traseras que se atisban desde el capó trasero son dignos de haber sido dibujados a carboncillo por Miguel Ángel, y, por lo que a mí respecta, lo mismo podrían adornar un coche que el baldaquino de San Pedro (y que Dios me perdone si estoy blasfemando). Las entradas de aire del morro esconden un alerón delantero encubierto, y las traseras denotan que frenar los 660 CV del Enzo tiene que dar tanto calor como goce a las gónadas.

Algo así como 3 horas estuve en el museo viendo y disfrutando los coches. Sí, es posible que se pudiera ver en menos tiempo, pero yo me quedé con ganas de más.

A eso de la una de la tarde salí y me encaminé hacia la fábrica de Ferrari. Anduve los 400 metros escasos que separan el museo de la fábrica y la Ferrari Store como si no fuera a llegar nunca, o como si no quisiera llegar. Una calle estrecha, un giro, y ahí está frente a mí la puerta que he visto un millar de veces. Y no es espectacular. No es lujosa, no es pretenciosa, y cualquiera podría pensar que lo mismo pudieran fabricar coches que baldosas de cocina, como hacen todas las demás fábricas de los alrededores. Pero cuando se ve el escudo de Ferrari en la puerta todo cambia: ya no es una fábrica cualquiera. Es la casa de los campeones del mundo, del equipo de Formula 1 más laureado de todos los tiempos.

Orgoglio FerrariNo es mágico tener que trabajar todos los días. No es mágico levantarte por las mañanas para ir a una fábrica. No es mágico vivir en un pueblo de 16.000 habitantes. Es mágico trabajar todos los días en una fábrica en un pueblo de 16.000 habitantes a la que peregrinan gentes de todo el mundo que saben que nunca van a poder comprar lo que tú fabricas.

Por cierto, el regalo de Navidad en Ferrari fue un F2007 en escala 1:12, un calendario de Ferrari, una caja de un pin, llavero o similar, lo que parecía ser un libro anuario del 2007 y una foto de Kimi y Felipe firmada por ellos. Huelga decir que lo importante no era el gasto, sino que todos salían con sus regalos orgullosos de llevarlos. Más de uno me miró con cara de "Molo, ¿eh?" cuando me vio con cara de pánfilo frente a la fábrica.

A unos escasos 200 metros de la fábrica vi salir de un colegio a unos chavales vestidos de deporte camino del parque. Me pregunté, no sin envidia, cuántos de ellos acabarían trabajando en la empresa de Il Commendatore.

Así que volví al Museo y me tomé un café cappuccino en la Caffetteria del Cavallino junto a trabajadores de Ferrari. No llevaban mono rojo, pero iban con acreditación, así que supuse que era personal de oficina.

Io sono innamorato d'una bella dama...Ya iba a medio camino hacia el coche cuando, como es de recibo, me dije a mí mismo lo que todos han pensado ya: ¿cuándo en toda mi vida voy a volver a tener ocasión de estar al lado de una italiana guapísima, vestida de Ferrari, y a la que le puedo pedir que se haga una foto conmigo? Así que sabiendo que la vergüenza era verde y se la comió un burro, desanduve mis pasos y volví a la entrada del museo.

Me acerqué a la chica que ya me había visto lloriqueando por la mañana y le dije en mi ya famoso italospagnolo de bolsillo que si me podía hacer una foto con ella. Me contestó que sí, y cuando ya la tenía le dije que era para que mis amigos vieran que todas las italianas eran guapas, pero que las italianas de Ferrari lo eran aún más. Cuando se echó a reír y me preguntó de dónde era no tuve los reflejos de macho ibérico que necesitaba para invitarla a España, así que me limité a contarle que venía de Madrid, y que mis amigos me habían regalado un viaje a Italia porque saben que amo Ferrari, amo Italia, ¡y amo a las italianas! Grazie mille!

Queridos niños: no puedo decir que Maranello sea una ciudad bella, luminosa, o tan siquiera populosa, porque hay otras muchas que la avergonzarían en la comparación. Pero Maranello es mágica. Cada esquina, cada calle, cada casa, está acompañada por un color, un sentimiento y un mito: Ferrari, y para mí eso es suficiente.


El resto del relato del día, compartiendo la tarde con un jocoso lugareño en el circuito de Fiorano, en la segunda parte de la crónica del tercer día.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Disculpen toda esta sangre

Genio y figura...Dead era una persona callada e introvertida, aunque tal vez lo más famoso eran sus payasadas en el escenario. Era conocido por enterrar la ropa que se ponía en los conciertos semanas antes y desenterrarla de nuevo la noche del evento. De esa manera podía tener, como él mismo decía, la "esencia de la muerte", vistiendo ropa sucia, putrefacta e infestada de gusanos. Durante una gira con Mayhem se encontró un cuervo muerto, que recogió y guardó en una bolsa de plástico. A menudo olía la bolsa antes de los conciertos, diciendo que necesitaba "oler la muerte".

En varias ocasiones Dead se cortó a sí mismo con cristales rotos y cuchillos de caza mientras cantaba. Durante una actuación en Sarpsborg, Noruega, en 1990, se cortó con una botella de cristal roto con tanta vehemencia que tuvo que ser llevado al hospital por la pérdida de sangre que sufrió. También se rumorea que Dead estuvo sin comer durante semanas antes de salir de gira para provocarse úlceras estomacales, alegando que con eso conseguía cantar mejor.

El 8 de abril de 1991, su compañero de Mayhem, Øystein 'Euronymous' Aarseth, encontró a Dead (Muerto) muerto, con las muñecas cortadas, y un disparo en la cabeza. Se rumorea que la nota del suicidio que se encontró junto al cuerpo simplemente decía "Disculpen toda esta sangre". Hellhammer dio detalles más tarde diciendo que la nota era más completa, incluyendo disculpas por haber tenido que usar una escopeta dentro de casa, pero que el cuchillo era demasiado aburrido para acabar con el trabajo. El caso es que Euronymous cogió el coche y se fue hasta Oslo para comprar una cámara desechable y sacar fotos de la escena (después de recolocar algunas de las cosas que tenía alrededor), que fueron usadas posteriormente como portada para un disco pirata llamado Dawn of the Black Hearts, que contenía grabaciones del concierto de Sarpsborg en 1990 y otras cuatro canciones en directo que Mayhem había interpretado con su anterior cantante en 1986. Se ha dicho también que Aarseth se había comido partes del cerebro de Dead, y que se había hecho collares con fragmentos de su cráneo.

Más información: http://en.wikipedia.org/wiki/Per_Yngve_Ohlin

jueves, 8 de noviembre de 2007

De los viajes en metro y lo útil que es la democracia

Cada loco con su temaSe ha desfecho el entuerto. Ayer planteábamos una cuestión que iba a cambiar el devenir de la historia. El pueblo ha hablado y, a la vista de la votación, está confirmado que la golfa de abajo NO es la misma de arriba.

Con los comentarios recibidos, creo justo contestar en un nuevo post (llámenlo post o llámenlo desvarío, enajenación o sandez de loco, como prefieran).

Malasombra, volviendo a los comentarios del post de la perra Laika, el colgante que lleva no es de Italia, sino que lleva la bandera de Hungría, de donde supongo que será una identificación y la foto será del GP de Hungría. Para ver claramente si es la misma o no sólo tienes que echarle un vistazo al vídeo que hay en el post de la gachí en Brasil. Nada de fotos. Si no dices entonces que no son la misma tía, es que tienes un problema. Por si acaso no puedes verlo, te incluyo al final alguna captura más.

Parrilla, eres el último bastión que me queda en el mundo. Si no fuera por ti ya estaría loco. Bueno, quiero decir que estaría MUCHO más loco. A la moza que secuestren para mí le daré mi cariño, mi amor... y mi herencia. Entonces todas las golfas del mundo se arrepentirán de haberse reído de mí. ¡JAJAJAJAJA! (Quien ríe el último ríe mejor).

A Uno que llega... manda cojones. Para gustos se hicieron los colores. A unos les gustan las que tienen tatuajes, piercings en las cejas y pinta de golfas, y a otros nos van las que acaban de salir del convento. Sí, antes de que me lo tenga que refrescar, sepa que recuerdo perfectamente algo que me dijo un muy buen amigo: "hay dos tipos de mujeres, las golfas y las que vuelan". Con todo, si no te enamoras perdidamente, ¿para qué coño te vas a enamorar? Enamorarse y no acabar tomando ansiolíticos es como ir a ver un partido de fútbol y no insultar al árbitro. Todo el mundo sabe que en el precio de la entrada va descargar tensiones contra el trío arbitral, de la misma manera que todo el mundo sabe que, si te enamoras, es para acabar jodido.

A MªMar: Yo no voy en metro, además de porque soy un sociópata, porque me enamoro con facilidad y a mi madre no le iba a gustar que viniera a casa con una ecuatoriana con un culo que no le quepa por el marco de la puerta. Mi estilo es más de "estoy prendado de una ninfa que está fuera de mi alcance y que ni sabe cómo me llamo, ni lo va a saber nunca, ni le importa un bledo saberlo". Todo desde la cortesía y el buen gusto, desde luego.

Es curiosa la noticia del inglés que se enamoró en el metro, sin duda. Antiguamente, si te pasaba algo así, lo que hacías era sentarte pacientemente en el andén a esperar a que pasara de nuevo. En el mejor de los casos, no volvías a verla. En el peor, la veías de nuevo y te quedabas mirándola en silencio con cara de gilipollas.

Antes había dignidad, y si te enamorabas de una desconocida lo que hacías era contárselo a tus amigos, emborracharte y acabar tirado a las 4 de la mañana detrás de un seto de aligustres en algún parque infantil de mala muerte. Hoy en día montas una página web (véase nygirlofmydreams.com) cuelgas un vídeo absurdo y dejas que el poder de Internet haga el resto. Algo así como el tío ese que montó un blog para que la gente decidiera si debía quitarse el pendiente o dejárselo, pero, en vez de para pasar el rato, lo haces para echar un polvo con una golfa que has conocido en el metro.

Queridos niños: ya basta de diatribas por hoy. Para mi propio goce, solaz y regocijo, aquí van algunas fotos más de la dueña de mis desvelos. Yo me voy a tomar mi Lorazepam, a ver si puedo dormir. Id con Dios.

domingo, 14 de octubre de 2007

De la búsqueda de la felicidad

La alegría de vivirCon eso de que el viernes fue la Fiesta Nacional y nos hemos juntado con un pseudopuente de tres días, este fin de semana he tenido tiempo para recluirme en mis sandeces, y he recordado algo que una vez me dijo alguien que me ha demostrado sobradamente que me aprecia, y que era algo como "si te dejas llevar por la tristeza al final te haces daño a ti mismo y a los que estamos a tu lado, porque no sabemos cómo ayudarte". Aquello me hizo pensar que si siendo feliz podía agradar a la gente que tengo alrededor, que quiero y que sé que me quiere, merecía la pena hacer el esfuerzo. Como de bien nacidos es ser agradecidos, me he puesto manos a la obra en busca de la felicidad.

Por supuesto, si antes se decía que el conocimiento se encontraba en los libros, yo he ido a la nueva fuente de la sabiduría humana, y le he preguntado qué es la felicidad. Por supuesto, el resultado es que la felicidad es efímera. Pero no sólo eso: la felicidad es un bien escaso. ¿De qué serviría entonces que cayera en manos de aquellos que no íbamos a saber aprovecharla?

Si la felicidad es efímera y para colmo de males únicamente está al alcance de unos pocos, ¿qué podemos hacer aquellos a los que nos está vedada sino sumirnos en la ignominia de nuestra propia existencia? Pues de nuevo he venido a recordar algo que leí en una entrevista de Punset a un tal Mihaly Csikszentmihalyi (de los Csikszentmihalyi de toda la vida). Mihaly relativiza la felicidad a la experiencia, y esta a lo que se hace en la vida. Finalmente concluye:

"Tenemos que gastar un tercio de la vida en que estamos despiertos en algo productivo, en algo relacionado con conseguir calorías para el organismo, ya sea cazando o trabajando en una fábrica, o estudiando, los jóvenes. El otro tercio es lo que llamamos mantenimiento, que es simplemente tener el cuerpo en un cierto nivel de funcionamiento, es decir vestirse, afeitarse, peinarse, comer, desplazarse al trabajo... por hacer todo esto no se recibe ningún sueldo, pero hay que hacerlo ya que de lo contrario el cuerpo se deteriora: el pelo crece y la gente se deja. Y lo tercero es el placer, que es lo que los griegos llamaban “escoleia”, que significa lo que se hace en el tiempo libre. Esta es la palabra de la que se deriva la palabra escuela, porque para los filósofos griegos lo que se hace en el tiempo libre es aprender, y esta era la manera de crecer y mejorar..."

Así que la solución mágica para ser feliz es tener la mente ocupada, aprender y mejorar como individuo. Me parece fetén, pero, ¿para qué sirve saber cosas que son otros los que las han descubierto? ¿Para qué sirve construir cosas que son otros los que las han inventado? ¿Para qué sirve aprender hechos que otros han vivido? ¿Para qué sirve estudiar la vida de gente que no he conocido? ¿Para qué sirve estar enamorado cuando no eres correspondido?

Definitivamente, no es fácil levantarse con una sonrisa de oreja a oreja, con ganas de estar contento; si el secreto de la felicidad está en una vida plena, cultivada y entretenida, ahora entiendo por qué por mucho que me levante con el firme propósito de ser feliz para cuando aparecen las primeras horas de la tarde ya estoy encabronado y sin ganas de vivir.

Pero, ¿dónde está realmente oculta la ilusión por ser feliz? La ilusión no se pierde; la ilusión no existe. Cuando tienes algo que perder, buscar la felicidad es secundario.

Y es que, ¿quién es realmente feliz en la vida? Si lo pienso con frialdad, todos los seres realmente felices que se me vienen a la mente no cumplen ninguna de las premisas dadas: no son productivos, no están cultivados y desde luego no buscan la felicidad.

Hace poco leí la afición que tienen los líquenes por vivir, por mal que se le pongan las cosas. Cito a Bill Bryson en su libro Una breve historia de casi todo:

"Un liquen es una asociación entre hongos y algas que, sorprendentemente, se alimenta de rocas. Los hongos excretan ácidos que disuelven la superficie de la roca, liberando minerales que las algas convierten en alimento suficiente para el mantenimiento de ambos. Los líquenes son de crecimiento lento. A un liquen puede llevarle más de medio siglo alcanzar las dimensiones de un botón de camisa. Sería difícil imaginar una vida menos plena".
Si miramos en derredor, lo más probable es que los típicos gilipollas que son felices no sean más que unos tarados mentales, unos viva la virgen o, en el mejor de los casos, la evolución que han seguido los líquenes tras millones de años de metamorfosis, para acabar pareciéndose a un ser humano.

Queridos niños, hoy voy a volver a citar a mi bienquisto Cervantes, quien parece que escribió su Quijote sólo para mí:

Busco en la muerte la vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido
que, pues lo imposible pido,
lo posible aun no me den.

Sed felices si podéis y, si no, sed felices por los demás.

Foto: http://www.flickr.com/photos/mongol/465550988/