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domingo, 13 de junio de 2010

F1: GP Canadá 2010

— Es cierto, estoy aquí sólo para que haya una chica guapa al principio del post, pero... ¡mis 15 minutos de gloria no me los quita nadie!

Canadá ha vuelto al calendario del mundial de la Formula 1 como se fue: demostrando que es un circuito imprescindible si lo que se quiere es ver espectáculo. Todo en un fin de semana con frío y lluvia combinado con un circuito de por sí durísimo con frenos y neumáticos, aderezado con un puñado de pilotos que no saben lo que es amilanarse cuando se trata de rodar entre muros.

Los McLaren han gestionado los neumáticos mejor que nadie permitiéndose pasar al Red Bull de Vettel con la estrategia y a Alonso y Webber en la pista. Y, aunque podría pensarse que Hamilton y Button han dominado el GP de Gilles de principio a fin, han ganado en un espectáculo en todas las posiciones que muchos esperábamos, pero que creo nos ha sorprendido a todos gratamente.

— En el último sobre de cromos de Hanna Montana
que me he comprado me ha salido uno de los cantantes de los Jonas Brothers. ¡Y este no lo tenía!


La clasificación del sábado fue más complicada incluso de lo que ya se esperaba. La pista fría y unos neumáticos que tardaban en calentarse dieron problemas desde la cola del pelotón hasta los habituales de la Q3.

La Q1 se llevó por delante a Kobayashi, Kovalainen, Trulli, Glock, Senna, Di Grassi y Chandok. En la Q2 la sorpresa vino porque Schumacher no fue capaz de superar la ronda de clasificación, acompañado de Barrichello, Hulkenberg, Petrov, Buemi, Alguersuari y De la Rosa. En la Q3 sí entraron Sutil y Liuzzi, pilotando sus Force India con motores Mercedes.

Pero el espectáculo y la mayor sorpresa la dio nuestro hombre de confianza: Lewis Hamilton. Los Red Bull, sin el conducto F y luchando contra el frío de la pista para calentar los neumáticos duros, se vieron superados en clasificación por primera vez en la temporada. Hamilton, como salió pronto, marcaron un tiempo más que decente para asegurar, y volvió a su box mientras los Red Bull con sus duros mejoraban tiempos poco a poco y los demás calentaban con cuidado los blandos con los que tenían que comenzar la carrera del domingo.

Hamilton acabó marcando la pole en el último suspiro, casi sin gasolina, y aún tuvo tiempo para seguir dando espectáculo: le dijeron por radio que parara el coche porque no tenía gasolina como para llegar a boxes y pasar la validación de la FIA y, bajándose del coche antes incluso de que llegara a detenerse, se puso a empujar su McLaren por la recta de llegada a boxes. Justa sanción, y un apretón más al reglamento y al espectáculo que debiera ser siempre este deporte.

— Lo más importante para conseguir la pole es ir a cagar antes de salir a la clasificación, para aligerar peso.

Para la carrera del domingo Webber perdía pronto la segunda posición que tanto le había costado ganar el sábado: un cambio inesperado de caja de cambios le obligaban a bajar cinco posiciones en la salida. Vettel subía a la segunda posición de parrilla, Alonso a la tercera y Button a la cuarta. Liuzzi mejoraba su sexta por la quinta, y Massa a la sexta. Webber saldría finalmente séptimo, seguido de Kubica, Sutil y Rosberg.

Los Red Bull, clasificando con los duros mirando a un primer stint más largo en la carrera del domingo, perdían la pole y hasta el par segundo-tercero.

— Atentos: izquierda o derecha. ¿Dónde está la bolita?
— Yo digo que te la has metido en el ...

Ya en la salida de la carrera, al final Vettel fue capaz de conservar su segunda posición contra Alonso en la primera curva. Defender la posición, algo que Liuzzi hizo con tanta dedicación contra el ataque de Massa que los dos se engancharon hasta acabar destrozando sus alerones antes incluso de pasar la segunda curva. Los dos tuvieron que hacer una primera parada en la primera vuelta que les mandó a la cola del pelotón.

La salida más espectacular la hizo Kobayashi, pasando de su decimoctava posición inicial hasta la décima. Tan contento se puso que acabó chocando contra el muro de los campeones en la primera pasada, para celebrarlo.

Por delante Hamilton, Vettel y Alonso se iban para delante abriendo hueco con Button, que sin Liuzzi y Massa llevaba pegado a Webber a la cola. En apenas 5 vueltas el desgaste de los blandos ya permitió a Webber pasar a Button.

— Oye Jenson, ¿te has acordado de traerme la peli que me ibas a prestar?
— Isssshhhhhhh...

Los blandos no aguantaban, y se confirmaba cuando Rosberg era el primero en cambiar neumáticos en la vuelta 6, y le seguía Button en la vuelta 7. Alonso y Hamilton paraban a la vez, en la 8, y el español salía por delante del inglés tras el cambio de neumáticos.

Comenzaba entonces el recital de violencia de Schumacher: después de su cambio de neumáticos se tocaba en la primera chicane con Kubica, con el que se emparejaba nada más acabarse la línea de salida de boxes. Y digo recital porque uno de los pocos coches con los que no ha chocado o al que no ha cerrado contra el muro, o con el que no ha cubierto posición saltándose las chicanes ha sido el Safety Car, que no ha salido a la pista por muchas ganas que tenía Lobato de verlo.

Apenas unas vueltas más tarde que los que iban con blandas paraban los Red Bull. Empezaba a mascarse la tragedia para los de Milton Keynes, porque tras pasar por los boxes ya se colocaban detrás de Button.

— ¡Venga chavales, vamos a cantar!
— Deutschland, Deutschland über alles... Über alles in der Welt!
— La leche, cómo desafinan estos tíos.

Aunque hubo un par de vueltas en las que Buemi lideró la carrera, no tardaría mucho Hamilton en reclamar sus derechos sobre la primera posición. Aprovechó que Buemi cubrió la posición con Alonso en L'Epingle para hacerle un interior al Ferrari, colocarse segundo y heredar la primera posición cuando Buemi entró a boxes.

El intento por superar a Hamilton de Alonso vino cuando Lewis entró a boxes. Alonso volaba entonces, marcaba una vuelta rápida con los neumáticos tocaditos y si no era capaz de superarle tras su parada debió ser por los otros grandes protagonistas del día: los doblados. Para evidenciar la sangrante diferencia de ritmo entre los de delante y los de detrás baste decir que desde el octavo todos han terminado con al menos una vuelta perdida.

La segunda parada para los dos McLaren y el Ferrari de Alonso dejó a Webber liderando. Sin embargo su estrategia de abrir hueco con otros duros y reservar los blandos para el final al final le ha salido mal y, aunque llegó a estar a más de 11 segundos sobre Hamilton, al final se vio adelantado en pista y acabó saliendo en su segunda parada por detrás de Vettel.

Y faltaban 15 vueltas para el final cuando Button aprovechó otro despiste de Alonso para colocarse detrás de Hamilton. Los McLaren gestionaron entonces sus neumáticos para acabar en un doblete más merecido que el de Turquía.

— Pedro, ¿otra vez la maldición de la ventanita? Se ha demostrado estadísticamente que el 93,7% de las cosas interesantes en las carreras suceden cada vez que Lobato dice "como está la cosa estabilizada vamos a publicidad".

Entre la mitad del pelotón los Force India quedaron retenidos tras Hulkenberg, que ha debido aprender de Schumacher a cubrir posición porque se ha convertido en el otro hueso duro del día. Tan obstinado estaba en cubrir su posición que hasta cuando le alcanzaron los líderes y las banderas azules ondeaban o lucían en los paneles luminosos, él seguía mirando y remirando sus espejos para no dejar huecos. Hulkenberg, Sutil, Liuzzi, Massa y Alguersuari se han enfrascado en el último tercio de carrera en la lucha por el último punto del GP.

Cuando Schumacher se quedó sin neumáticos optó por la mayor: si ya se había tocado con Kubica, a Massa lo echó literalmente contra el muro, haciéndole perder la posición . Pero aún tuvo tiempo para perder su novena posición en la última vuelta, cuando le pasaron Sutil y Liuzzi. Con este último incluso llegó a chocar de manera ridícula cuando ya estaba prácticamente superado.

Sin comentarios.

Como siempre os digo, y quizás hoy más que nunca después del espectáculo que hemos visto, no os perdáis las opiniones, crónicas y resúmenes de J.Arce, MFAL, F-1 A.L.C., Mai, McKormick, Fitti, Hiarbas, Noe_Izumi, Jon Valle-Iturriaga, SilF1 y David Anaconda.

A falta de las múltiples investigaciones pendientes, la clasificación de la carrera de hoy:

Posición
Piloto
Equipo
Vueltas
Tiempo
Parrilla
Puntos
1
2
Lewis Hamilton McLaren-Mercedes
70
1:33:53.456
1
25
2
1
Jenson Button McLaren-Mercedes
70
+2.2 secs
4
18
3
8
Fernando Alonso Ferrari
70
+9.2 secs
3
15
4
5
Sebastian Vettel RBR-Renault
70
+37.8 secs
2
12
5
6
Mark Webber RBR-Renault
70
+39.2 secs
7
10
6
4
Nico Rosberg Mercedes GP
70
+56.0 secs
10
8
7
11
Robert Kubica Renault
70
+57.3 secs
8
6
8
16
Sebastien Buemi STR-Ferrari
69
+1 Lap
15
4
9
15
Vitantonio Liuzzi Force India-Mercedes
69
+1 Lap
5
2
10
14
Adrian Sutil Force India-Mercedes
69
+1 Lap
9
1
11
3
Michael Schumacher Mercedes GP
69
+1 Lap
13

12
17
Jaime Alguersuari STR-Ferrari
69
+1 Lap
16

13
10
Nico Hulkenberg Williams-Cosworth
69
+1 Lap
12

14
9
Rubens Barrichello Williams-Cosworth
69
+1 Lap
11

15
7
Felipe Massa Ferrari
69
+1 Lap
6

16
19
Heikki Kovalainen Lotus-Cosworth
68
+2 Laps
19

17
12
Vitaly Petrov Renault
68
+2 Laps
14

18
20
Karun Chandhok HRT-Cosworth
66
+4 Laps
24

19
25
Lucas di Grassi Virgin-Cosworth
65
+5 Laps
23

Ret
24
Timo Glock Virgin-Cosworth
50
+20 Laps
21

Ret
18
Jarno Trulli Lotus-Cosworth
42
+28 Laps
20

Ret
22
Pedro de la Rosa BMW Sauber-Ferrari
30
+40 Laps
17

Ret
21
Bruno Senna HRT-Cosworth
13
+57 Laps
22

Ret
23
Kamui Kobayashi BMW Sauber-Ferrari
1
+69 Laps
18

domingo, 9 de mayo de 2010

F1: GP España 2010

— Suerte que la carrera ha terminado pronto, porque así me puedo ir a casa a ver el programa de Punset, que hoy hablan de los círculos en el maíz.

Ayer, 8 de mayo, se cumplían 28 años de la muerte de Gilles Villeneuve; uno de los pilotos que, como dijo J.Arce, no escribió su nombre como campeón del mundo en los libros de estadísticas, pero que sí es reverenciado como tal por los aficionados.

Como con los pilotos, hay circuitos que son idolatrados por los aficionados y otros que, simplemente, siguen en el calendario porque alguien está empeñado en que hacer caja es más importante que dar espectáculo. Desgraciadamente, hemos tenido un fin de semana típico de Montmeló o Hungaroring: un coñazo de carrera en el que los problemas mecánicos no han dado ningún espectáculo por mucho que hayan tenido una influencia determinante en el resultado.

— ¿Ese corte de pelo te lo ha hecho tu madre?
— ¡Si no vivieras en Suiza sabrías que esto es lo último en las discotecas de Milton Keynes!

El dominio de los Red Bull se mostró más que evidente ya en los segundos libres. ¿Para qué esconder las cartas cuando tienes un póquer de ases?

En la sesión de clasificación del sábado los habituales de la Q1 se sorprendieron acompañados por Barrichello. Senna, Chandok, Di Grassi, Glock, Kovalainen y Trulli cayeron junto con el de Williams.

En la Q2 cayeron Liuzzi, Alguersuari, Buemi, Petrov, Hulkenberg, de la Rosa y Sutil. Esta vez Kobayashi dejó fuera a Buemi Sutil, el otro habitual de la Q3.

La pole se iba vender cara... entre los Red Bull. Mientras Webber le arrebataba a Vettel la pole y le devolvía la moneda que se había llevado el alemán en China, Hamilton se colaba tercero por delante de Alonso. Button cuarto quinto, Schumacher por primera vez por delante de su compañero de equipo, Kubica, Rosberg, Massa y Kobayashi.

— Oye Mark, ya sabes que la siguiente es para mí, ¿eh?
— ¡Ni en tus sueños!

Aunque muchos esperábamos que se cumpliera la previsión de lluvia para la carrera, el domingo amaneció tan radiante como negros eran los nubarrones que cubrieron la posibilidad de ver una carrera entretenida.

La salida fue limpia, pero dejó dos damnificados: de la Rosa, que tuvo que entrar a cambiar ruedas en la primera vuelta después de que un HRT le tocara y le provocara un pinchazo, y Rosberg, que se hundió en la salida y cayó al medio del pelotón.

Alguersuari, con una salida espectacular, subía desde la 15ª hasta la 9ª posición, tomando la que Massa dejaba para auparse hasta la 7ª.

— ¡Alejop! Ahora que Ross Brawn está adaptando el coche a mis estilo juvenil y travieso, me siento como si tuviera de nuevo 40 años.

Webber, Vettel, Hamilton, Alonso, Button, Schumacher y Massa. Una lista de pilotos y un circuito con prácticamente ninguna posibilidad de adelantamiento.

Hasta la 14ª de las 66 vueltas del Gran Premio no vimos prácticamente nada reseñable en la cabeza, cuando Schumacher y Massa, sexto y séptimo, ya entraron a boxes para cambiar los neumáticos blandos por los duros.

Alonso, Vettel y Button entraron apenas dos vueltas después. El inglés perdía la quinta posición con Schumacher, y ahí se quedó hasta el final de la carrera porque, por más que quiso adelantarle, como dice mi madre, "cuando no se puede, no se puede, y además es imposible".

Faltaban por cambiar neumáticos Webber y Hamilton. El australiano no tuvo problemas, pero cuando Lewis volvió a la pista se encontró con un regalo envenenado: Vettel a punto de dobla a Di Grassi a final de recta. El brasileño que se para en el interior de la curva, el alemán que duda, y el inglés que se cuela entre ambos. Hamilton tiene un instinto de cazador que ríete tú de Cocodrilo Dundee.

— El truco está en freír primero las patatas. Luego lo echas en los huevos batidos y de ahí a la sartén. Pero recuerda: sin cebolla. ¡SIN cebolla!
(— ¿Pero de qué me estará hablando este pollo?)


Button aguantó más de 40 vueltas incapaz de pasar a Schumacher, lo mismo que Massa, que acabó tocándose con Chandok mientras era doblado en la chicane. Un alerón roto de Massa, y ninguna variación en los tiempos.

Alguersuari tuvo otra similar con Chandok. Claro que al español, en un doblaje "optimista" se llevó por delante al del Hispania, y al final el que recibió el Drive-Through fue Jaime.

Faltaba el campanazo final: en la vuelta 54 Vettel se salió por un problema con los frenos, pinchó y tuvo que hacer una entrada a boxes para cambiar ruedas, perdiendo la tercera posición a favor de Alonso. Como en Bahréin, con gritos constantes desde su muro para que cuidara los frenos que le quedaban, Vettel aún fue capaz de llevar el coche hasta la meta.

— Y yo que pensaba que eso del F-Duck tenía algo que ver con el pato Donald... pues sí que ha cambiado esto.

Aunque no habíamos visto todavía la más gorda: en la penúltima vuelta el neumático delantero izquierdo de Hamilton, el que más sufre en Montmeló con sus rápidas a derechas, reventó enviando el puesto en podio junto con el McLaren de Lewis contra el duro muro.

En fin, no se puede rascar mucho más de un coñazo de carrera en el que lo más destacable ha sido que la afición presente en Montmeló se ha ido a casa con la alegría de ver a Alonso segundo cuando aspiraba a cuarto o quinto, y a Hamilton esnafrao contra el muro.

¡Ah!, y Webber ha hecho una carrera perfecta, por si alguien lo dudaba.

Os sugiero echar un repaso a las opiniones, crónicas y resúmenes de J.Arce, MFAL, F-1 A.L.C., Mai, McKormick, Fitti, Hiarbas, Noe_Izumi, Jon Valle-Iturriaga y demás colegas mutuamente enlazados, amén de agregar a David Anaconda en vuestro buzz.

La clasificación final:

Posición
Piloto
Equipo
Vueltas
Tiempo
Parrilla
Puntos
1
6
Mark Webber RBR-Renault
66
1:35:44.101
1
25
2
8
Fernando Alonso Ferrari
66
+24.0 secs
4
18
3
5
Sebastian Vettel RBR-Renault
66
+51.3 secs
2
15
4
3
Michael Schumacher Mercedes GP
66
+62.1 secs
6
12
5
1
Jenson Button McLaren-Mercedes
66
+63.7 secs
5
10
6
7
Felipe Massa Ferrari
66
+65.7 secs
9
8
7
14
Adrian Sutil Force India-Mercedes
66
+72.9 secs
11
6
8
11
Robert Kubica Renault
66
+73.6 secs
7
4
9
9
Rubens Barrichello Williams-Cosworth
65
+1 Lap
17
2
10
17
Jaime Alguersuari STR-Ferrari
65
+1 Lap
15
1
11
12
Vitaly Petrov Renault
65
+1 Lap
19

12
23
Kamui Kobayashi BMW Sauber-Ferrari
65
+1 Lap
10

13
4
Nico Rosberg Mercedes GP
65
+1 Lap
8

14
2
Lewis Hamilton McLaren-Mercedes
64
+2 Laps
3

15
15
Vitantonio Liuzzi Force India-Mercedes
64
+2 Laps
16

16
10
Nico Hulkenberg Williams-Cosworth
64
+2 Laps
13

17
18
Jarno Trulli Lotus-Cosworth
63
+3 Laps
18

18
24
Timo Glock Virgin-Cosworth
63
+3 Laps
22

19
25
Lucas di Grassi Virgin-Cosworth
62
+4 Laps
23

Ret
16
Sebastien Buemi STR-Ferrari
42
+24 Laps
14

Ret
20
Karun Chandhok HRT-Cosworth
27
+39 Laps
24

Ret
22
Pedro de la Rosa BMW Sauber-Ferrari
18
+48 Laps
12

Ret
21
Bruno Senna HRT-Cosworth
0
Accident
21

Ret
19
Heikki Kovalainen Lotus-Cosworth
0
+66 Laps
20

domingo, 26 de octubre de 2008

F1: Martini Legends 2008

Este fin de semana he vivido tres días prácticamente ininterrumpidos de motores rugiendo por encima del umbral del dolor, pasando a velocidades de vértigo y provocando más de un dolor de cabeza. Tres días en los que nos hemos pateado el Jarama de arriba a abajo y de abajo a arriba (literalmente) buscando sitios desde los que sacar fotos con mi nueva cámara. Tres días que, sin la buena compañía de los amigos con los que los he compartido, no hubieran sido ni la mitad de buenos.

Y es que este fin de semana se celebraban en el vetusto circuito del Jarama las Martini Legends, donde han participado los F1 históricos, auténticas leyendas rodantes que se pasean por los circuitos con el aire mágico y místico que supone ver de nuevo en las pistas coches de los años 60 y 70.

También han estado los Euroboss, más modernos y bastante más ruidosos, pero, para qué negarlo, con un poco menos de glamour.

El mismo que le sobra a las barchettas de los Orwell Supersport, unos pepinos que hacen que retumben a su paso los cimientos de la civilización occidental.

Pudiérase pensar que estas antiguallas conducidas por —literalmente— abueletes se arrastran por la pista, pero la verdad es que no hay nada más alejado de la realidad. Baste decir que en la carrera de clásicos del sábado hubo un choque a final de recta en la salida, y poco después se vio a un señor bien entrado en años (digamos que los 50 no los cumple) yéndose por el pit-lane camino del box de su rival a tener algo más que palabras. Las intervención de los comisarios impidió que la cosa pasara a mayores, y para el domingo todo estaba olvidado (aunque no hay que dejar de recordar lo dificultoso de reparar uno de estos coches).

La crónica debería ser larga y jugosa, como merece la ocasión, partiendo desde los libres del sábado hasta el récord de pista logrado por Marc Gené en la mañana del domingo pilotando el F2007, que pulverizaba el que aún ostentaba nada menos que Gilles Villeneuve. En lugar de eso me limitaré a resumir el evento con estas pocas fotos de las más de 3000 (sí, tres mil) que he tirado este fin de semana. La mayoría merecen ser quemadas, pero algunas, cosa rara, pueden ser enseñadas y todo.

Queridos niños: los que también hayan estado entenderán el porqué de mi emoción. Los que se lo hayan perdido no han debido hacerlo. Y, a los que viven demasiado lejos como para acercarse a verlo, espero que les consuelen estas fotos.

Según vaya teniendo tiempo intentaré subir más fotos a mi cuenta de flickr.

(Como siempre, hacer click sobre la foto para ampliar)













[Actualizado]
Más fotos del evento: http://www.unmisantropoenmanhattan.com/2008/10/f1-martini-legends-2008-ms-fotos.html

martes, 8 de enero de 2008

Un viaggio a Maranello: Terzio giorno (2ª parte)

¡Alto! ¡Attenzione!
Si vas a ver leer el texto que hay a continuación lo mejor es que antes te enteres de qué va todo esto tanto en las crónicas del primer día de mi viaje a Italia como en las del segundo y en la primera parte del tercero. También puedes ver algunas de las fotos.
Todo ha sido posible gracias a mis amigos y compañeros de SIA. ¡Gracias una vez más!
¡Alto! ¡Attenzione!


Al final de una salida que parece un camino vecinal (y que de hecho lo es), al borde de una carretera de mala muerte entre dos pueblos perdidos en el distrito de Emilia-Romaña en Italia, se esconde la pista de pruebas de Ferrari.

Ya el martes nada más soltar la maleta le pregunté a la recepcionista del hotel cómo podía llegar al circuito de Fiorano. Una vez más, me vi desbordado por indicaciones, gestos y caras de sorpresa cuando no entendía nada. Scusi, sai il nome della strada? Ni idea. Tutto diritto, y en la seconda glorieta a sinistra. Bueno, pues que sea lo que Dios quiera.

Aunque no confiaba mucho en las indicaciones que había entendido, llegué. El GPS me sacó de dudas: la calle se llama Gilles Villeneuve. Y puedo asegurar que cada coche que pasa le rinde el sonoro homenaje que merece, repitiendo un ritual no escrito que todos parecen conocer al dedillo: comienza a oírse un rugido atronador, doloroso, ponzoñoso y crispante; de inmediato se ve aparecer a lo lejos un coche pegado al suelo que nada más salir de las sombras de la noche da ráfagas. Es la señal convenida para que la puerta del circuito comience a chirriar, temerosa de que se escape algo de la magia que se esconde en su interior, y, antes de que pueda siquiera abrirse un palmo, un Ferrari esté detenido frente a la puerta.

Ya el martes, en algo más de una hora y media que estuve en la puerta aguantando la noche, el frío y la nieve, aparecieron 3 Ferraris: un 599 GTB Fiorano negro, con matrícula de pruebas, un Ferrari negro que llevaba cubierta toda la parte trasera, y que bien podría ser algún tipo de prototipo de lo que se rumorea será el nuevo Dino, y un F430 amarillo que llegó derrapando, entró derrapando y se fue del circuito derrapando, y todo con buen gusto y muy buenas maneras.

Tras haber pasado toda la mañana y parte de la tarde en Maranello, tenía ganas de más, y mi amiga italiana fue el acicate definitivo para volver a Fiorano. No quería irme de allí sin haber grabado unas cuantas pasadas de un F430, así que me encaminé hacia la escueta valla que separa la pista de una calle en la que las vistas de un bloque de pisos de 3 plantas es un circuito donde se prueban F1. No quiero ni imaginarme lo que tiene que ser intentar dormir la siesta mientras Luca Badoer o Marc Gené se obstinan en arañar centésimas al cronómetro con un coche que alcanza las 19.000 rpm.

Si dije que al relatar mis andanzas por la tierra del vinagre y de los Ferrari iba a intentar convertirme en un Camilo José Cela venido a menos, la verdad es que la experiencia más se asemeja a la de Antón Chéjov por la estepa rusa, porque el frío que hacía en Fiorano era más propio de Siberia que de un país embutido en el soleado Mare Nostrum.

El caso es que, como decía, llegué a la valla; y había allí un italiano ufano y jacarandoso, que disfrutaba con las apuradas de frenada del F430 que en ese momento estaba pasando. Por aquello de la hermandad de los pueblos y mantener las buenas costumbres le dije "buona sera" y saqué mi cámara de fotos. Y aquí callaron todos, tirios y troyanos, pues el buen hombre, que de natural debía ir todas las tardes a ver el espectáculo gratuito que se ofrece detrás de una verja y que debía estar aburrido con lo que para él era lo más normal del mundo, vio el cielo abierto, y, como quien dice, pegó la hebra conmigo. Y si mi escaso conocimiento del italiano me había dado problemas antes, aquí se los dio a él, porque por más que se obstinaba en tener una conversación, entre lo rápido que hablaba, el extraño acento que tenía, y que tendía más a hablar para el cuello de su camisa que para el vulgo allí presente, yo no era capaz de entenderle nada. Pero él nunca se daba por vencido. Cual moviola deportiva, era capaz de repetir una y mil veces la misma parrafada hasta que un servidor, por intuición más que por entendimiento, cogía al vuelo dos o tres palabras y me montaba una frase que podía parecerse (o no) a lo que el buen hombre me estaba diciendo, pero que a mí me permitía contestar un o un no.

Y por más que le decía que parlara piú adagio el hombre seguía tenaz en su empeño: buen rato me costó entenderle que la fábrica de Ducati se podía visitar, y no menos hacerle ver que, aunque era una muy buena idea y le estaba agradecidísimo de todo corazón, a mí las Ducati me la traen al pairo, y no pensaba perderme una tarde de frío y viento en la que había una remota posibilidad de ver un F1 de Ferrari pasando junto a mí.

Y en estas estábamos cuando en el silencio de la tarde se rasgó el telón que separa el infierno de la tierra, apareció un F2007, cruzó los nueve círculos del infierno y recorrió la pista hasta tres veces como una exhalación. Y si aquí creí morir de puro gozo, nuestro amigo italiano entró en éxtasis. Questo è musica! Y vaya si lo era.

Cada pasada hace que desees que se lo trague el infierno, o que te trague a ti. El aullido del motor es tal que cuando acelera (y lo hace a poco más de 10 metros) no puedes ver. Instintivamente abres la boca para compensar la presión de los oídos, lo que sólo sirve para hacer que la cabeza te vibre aún más. Cierras los ojos con fuerza, como si fueran a explotar a la vez que los tímpanos, y te agarras a lo primero que pillas para no caerte al suelo de culo. Las rodillas se entrechocan, y apenas aguantan el peso de las carnes temblorosas que tienen por encima. El dolor te entra por los oídos, te oprime el cerebro y aún tiene tiempo de retorcerte las entrañas antes de desaparecer tan rápidamente como vino, sin apenas dejarte ver un rayo rojo que ha pasado por tu lado.

Y, entonces, deseas que pase de nuevo.

Más rápido.

Más fuerte.

Más cerca.

Y cuando el infierno se lo lleva de vuelta por donde vino, deseas que se vuelva a abrir, una vez más, para volver a sentir ese dolor.



Queridos niños: si encontráis a alguna a la que le pueda decir que la ilusión de mi vida es estar pasando frío frente a una valla de metal a 2000 kilómetros de casa sin que piense que estoy drogado, loco o desequilibrado, haced el favor de presentármela para que la suba en un pedestal y no la baje más que para agasajarla y cubrirla de atenciones.




El retorno a casa y las conclusiones finales están en la crónica del cuarto día de mi viaje a Italia.

miércoles, 2 de enero de 2008

Un viaggio a Maranello: Terzio giorno (1ª parte)

¡Alto! ¡Attenzione!
Si vas a ver leer el texto que hay a continuación lo mejor es que antes te enteres de qué va todo esto tanto en las crónicas del primer día de mi viaje a Italia como en las del segundo.
También puedes ver algunas de las fotos. Todo ha sido posible gracias a mis amigos y compañeros de SIA. ¡Gracias una vez más!
¡Alto! ¡Attenzione!

Esto sí es decoración con gusto, y no la mierda de perro del GuggenheimPor fin había llegado el gran día. El día de reyes se había adelantado para mí casi un mes y todo el mundo sabe que la noche del día de reyes no se duerme. Agotado física y mentalmente, cerraba los ojos y veía señales de desvíos a Módena y Sassuolo por todas partes. El eterno retorno que describía Nietzsche se había convertido en un interminable girar alrededor de una glorieta de la que nunca iba a poder salir, con italianos adelantándome por la derecha... ¡a mí! ¡Por la derecha! ¡Y en una glorieta!

Para mayor jocosidad, la noche anterior había cenado en una pizzería de Fiorano una pizza del tamaño de la tapa de una alcantarilla, y eso que era la más pequeña que despachaban. La grande era rectangular, cubría una superficie cercana a las 2 hectáreas y eran necesarios 4 estibadores para sacarla del horno. He de decir aquí que una cosa tiene Italia que te hace sentir como si estuvieras en SIA: las latas de cocacola están en italiano.

Ferrari 500 F2 de 1951, el primer Ferrari Campeón del MundoAntes de seguir, permitidme un consejo de amigo: cuando vayáis a pedir una pizza en Italia, estad contentos con el tamaño que os den; ni se os ocurra pedir un cacho, y mucho menos decir Io voglio un... un... un... cacho, acompañando por supuesto con el gesto del tamaño que quieres. Ver girar la cabeza con la mirada enajenada a cinco italianos mientras tienes las manos frente a ti separadas unos 30 centímetros, te hace darte cuenta rapidísimamente que algo muy malo le acabas de decir a la chica con la que estás hablando. ¡Ah, casi lo olvido! Puedo decir que estuve en Italia y que vi a Mónica. No era mi Mónica, pero era una Mónica. Quizás tuviera las curvas más pronunciadas que la Bellucci, pero a mí, como a los italianos, me gustan las curvas, los coches rápidos, y los semáforos en ámbar. Efectivamente, la Mónica de la que hablo no era otra que la lozana chica de la pizzería.

Se preguntarán, con razón, a qué viene toda la historia de la pizzería. Bueno, lo primero es que tomarte una pizza en Italia y compararla con las de aquí ni es lícito, ni debería estar permitido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y no me estoy refiriendo al Telepizza, el Pizza Hut o el Ginos, por supuesto. Y, segundo, apretarte una pizza cuando estás con el estómago encogido no suele ser una buena idea. Pasé una noche muy entretenida sin necesidad de compañía.

Forza Ferrari!!!Con estas premisas amanecí el 19 de diciembre, listo y dispuesto para visitar Maranello. Estaba demasiado nervioso (y era demasiado temprano) como para irme directamente al Museo Ferrari, así que volví a pasar por Fiorano. De día, y sin nieve, la entrada al circuito era aún más decepcionante. Flanqueada por un pequeño taller de coches a un lado y lo que parecía un almacén de materiales de construcción al otro, imaginarse a los mejores coches del mundo entrando por allí era pensar en sandeces. Y sin embargo, al poco de llegar, vi pasar un camión de la Scuderia Ferrari, llevado tan tranquilamente por un conductor como quien lleva palets de váteres a la obra. Claro que mientras unos son para cagar, y con los otros te cagas.

Vista la poca animación que había en Fiorano a las 1o de la mañana, finalmente me enfrenté a mis fantasmas y me decidí a dirigir mis pasos a Maranello.

La entrada al Museo ya indica que lo que hay dentro es especial. No serán obras de arte, pero a más de uno no nos importaría tener uno de esos coches en el salón de casa. Tremando como un niño en la puerta de Disneylandia, entré.

No creo que a ninguna de las dos mozas vestidas de Ferrari que estaban en la entrada les sorprendiera ver llegar a un turista, pero supongo que ver a un mocetón más cerca de los 30 que de los 20 con los ojos llorosos abiertos como platos (se admiten chascarrillos), las manos temblorosas y cara de haber llegado al paraíso pidiendo una entrada para luego no atreverse a entrar tiene que ser, cuando menos, curioso.

Ferrari 126 C de Gilles VilleneuveAsí que al final entré. En la planta baja todos los coches expuestos eran de Formula 1. Era como ver en tres dimensiones todas las fotos que ya me sabía de memoria. Coches de Fangio, Ascari, Villeneuve, Alesi o Berger junto al F2001 y el F2004. Pero no piensen que estaban a 5 metros tras una vitrina, o protegidas con rayos láser. Estas pequeñas piezas de la historia se acompañaban de un escueto "Please do not touch - Prego non toccare". Y casi no era necesario que estuviera el cartel, porque todos los que estábamos allí nos mirábamos incrédulos, como si no fuera ético estar al lado de los coches con los que corríamos de pequeños en el scalextric. Cada una de estas máquinas era un desafío al instinto de supervivencia de los pilotos, que tenían que conducirlos por encima de los 250 km/h en circuitos en los que los espectadores estaban separados de las pistas por, en el mejor de los casos, unos pocos metros de césped.

El Ferrari 126 C que tenían expuesto era una oda a la temeridad. Imaginarse a un mortal llevando al límite semejante máquina hace estremecer al más sereno. Pero no es sólo que tenga la pinta de una caja de muertos con ruedas y alerones, sino que el interior da la sensación de haber sido concebido para maximizar los daños al piloto en caso de accidente. Desgraciadamente Gilles Villeneuve, el que es junto a Stirling Moss uno de los pilotos más queridos y admirados de la historia que nunca llegaron a ganar un mundial, lo comprobó empíricamente.

En la planta superior estaban los modelos que no eran de F1. Junto a coches más o menos actuales como un 599 GTB Fiorano, o un 360 Modena hecho expresamente por orden de Giovanni Agneli como regalo de bodas para Luca Cordero di Montezemolo, se veían clásicos de los 60 y 70, y los modelos exclusivos que todos hemos tenido en los cromos: un Dino, un F40, un F50 y un Enzo.

Existe, es de verdad y lo he tocadoEstar delante de un Ferrari Enzo es lo más parecido que he sentido en mi vida a estar enamorado. El arrobo, el vacío en el estómago, la boca seca, la mente obnubilada, la vista borrosa, el pulso acelerado, la respiración entrecortada y las manos temblorosas le hacen a uno dudar si está enamorado o si se ha contagiado con el tifus. Y lo peor es que no importa que intentes disimularlo pensando en otra cosa, porque los ojos te delatan. Mantienes la vista fija en el objeto de deseo, y notas cómo la sangre se te amontona en las mejillas. Te falta el aire. Lo miras de lejos, pues no puedes ni acercarte por temor a que la gente de alrededor note que realmente estás más interesado de lo que quieres dejar entrever. Cuando cierras los ojos los abres enajenado, queriendo cerciorarte de que realmente estás allí, a su lado. Sabes que no vas a poder recordarlo tal y como lo estás viendo en ese momento, y querrías que ese momento no pasara nunca. Intentas memorizar cada curva, cada brillo, cada detalle, para gozar luego con los recuerdos tanto como estás disfrutando en ese momento.

The Widowmaker (en malas manos)Y es que no sólo es bello estéticamente. El Enzo es el coche de calle que más se parece a un F1 tecnológicamente hablando. Sólo con asomarse a las entradas de ventilación para los discos de freno delanteros se percibe que nada en el diseño de este coche es casual. El motor V12 y las geometrías de las suspensiones traseras que se atisban desde el capó trasero son dignos de haber sido dibujados a carboncillo por Miguel Ángel, y, por lo que a mí respecta, lo mismo podrían adornar un coche que el baldaquino de San Pedro (y que Dios me perdone si estoy blasfemando). Las entradas de aire del morro esconden un alerón delantero encubierto, y las traseras denotan que frenar los 660 CV del Enzo tiene que dar tanto calor como goce a las gónadas.

Algo así como 3 horas estuve en el museo viendo y disfrutando los coches. Sí, es posible que se pudiera ver en menos tiempo, pero yo me quedé con ganas de más.

A eso de la una de la tarde salí y me encaminé hacia la fábrica de Ferrari. Anduve los 400 metros escasos que separan el museo de la fábrica y la Ferrari Store como si no fuera a llegar nunca, o como si no quisiera llegar. Una calle estrecha, un giro, y ahí está frente a mí la puerta que he visto un millar de veces. Y no es espectacular. No es lujosa, no es pretenciosa, y cualquiera podría pensar que lo mismo pudieran fabricar coches que baldosas de cocina, como hacen todas las demás fábricas de los alrededores. Pero cuando se ve el escudo de Ferrari en la puerta todo cambia: ya no es una fábrica cualquiera. Es la casa de los campeones del mundo, del equipo de Formula 1 más laureado de todos los tiempos.

Orgoglio FerrariNo es mágico tener que trabajar todos los días. No es mágico levantarte por las mañanas para ir a una fábrica. No es mágico vivir en un pueblo de 16.000 habitantes. Es mágico trabajar todos los días en una fábrica en un pueblo de 16.000 habitantes a la que peregrinan gentes de todo el mundo que saben que nunca van a poder comprar lo que tú fabricas.

Por cierto, el regalo de Navidad en Ferrari fue un F2007 en escala 1:12, un calendario de Ferrari, una caja de un pin, llavero o similar, lo que parecía ser un libro anuario del 2007 y una foto de Kimi y Felipe firmada por ellos. Huelga decir que lo importante no era el gasto, sino que todos salían con sus regalos orgullosos de llevarlos. Más de uno me miró con cara de "Molo, ¿eh?" cuando me vio con cara de pánfilo frente a la fábrica.

A unos escasos 200 metros de la fábrica vi salir de un colegio a unos chavales vestidos de deporte camino del parque. Me pregunté, no sin envidia, cuántos de ellos acabarían trabajando en la empresa de Il Commendatore.

Así que volví al Museo y me tomé un café cappuccino en la Caffetteria del Cavallino junto a trabajadores de Ferrari. No llevaban mono rojo, pero iban con acreditación, así que supuse que era personal de oficina.

Io sono innamorato d'una bella dama...Ya iba a medio camino hacia el coche cuando, como es de recibo, me dije a mí mismo lo que todos han pensado ya: ¿cuándo en toda mi vida voy a volver a tener ocasión de estar al lado de una italiana guapísima, vestida de Ferrari, y a la que le puedo pedir que se haga una foto conmigo? Así que sabiendo que la vergüenza era verde y se la comió un burro, desanduve mis pasos y volví a la entrada del museo.

Me acerqué a la chica que ya me había visto lloriqueando por la mañana y le dije en mi ya famoso italospagnolo de bolsillo que si me podía hacer una foto con ella. Me contestó que sí, y cuando ya la tenía le dije que era para que mis amigos vieran que todas las italianas eran guapas, pero que las italianas de Ferrari lo eran aún más. Cuando se echó a reír y me preguntó de dónde era no tuve los reflejos de macho ibérico que necesitaba para invitarla a España, así que me limité a contarle que venía de Madrid, y que mis amigos me habían regalado un viaje a Italia porque saben que amo Ferrari, amo Italia, ¡y amo a las italianas! Grazie mille!

Queridos niños: no puedo decir que Maranello sea una ciudad bella, luminosa, o tan siquiera populosa, porque hay otras muchas que la avergonzarían en la comparación. Pero Maranello es mágica. Cada esquina, cada calle, cada casa, está acompañada por un color, un sentimiento y un mito: Ferrari, y para mí eso es suficiente.


El resto del relato del día, compartiendo la tarde con un jocoso lugareño en el circuito de Fiorano, en la segunda parte de la crónica del tercer día.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Un viaggio a Maranello: Secondo giorno

¡Alto! ¡Attenzione!
Si vas a ver leer el texto que hay a continuación lo mejor es que antes te enteres de qué va todo esto en la crónica del Primer día de mi viaje a Italia. También puedes ver algunas de las fotos. Todo ha sido posible gracias a mis amigos y compañeros de SIA. ¡Gracias una vez más!
¡Alto! ¡Attenzione!

Siamo qui!!!El lunes no sabía ni dónde estaba, ni a dónde iba, ni de dónde venía. Vinieron amigos a los que no atendí como debían, pero estoy seguro de que sabrán disculparme. Cuando pedimos la cuenta en el museo del jamón y vimos que se habían ingerido la nada despreciable cantidad de 94 cañas (sic), amén de otras bebidas no espirituosas, todavía no había asimilado que al día siguiente debía estar en Barajas cogiendo un avión con destino a la tierra de los Ferrari. Es más, a las 12 y media de la noche aún estaba chateando con Sergio acerca de lo que podía ver y las rutas a seguir.

Cuantos me conocen saben que soy poco dado a andar en solitario. Necesito una compañía para ir a cualquier sitio como el resto del mundo necesita el aire que respiramos. Una visita al MediaMarkt en solitario no solo no es divertida, sino que suele ser un mal rato rodeado de gente a la que rehúyo, pero ir acompañado y salir con una compra imprevista me proporciona solaz y regocijo para toda la tarde.

Así que ahí estaba yo, en el aeropuerto Guglielmo Marconi de Bolonia, con el estómago encogido, el alma henchida y la mente obnubilada, presto a recorrer las tierras de la Emilia-Romaña. No engaño a nadie si digo que me las prometía yo muy felices cuando, con mi inglés de Oxford, me dirigí al menda de la ventanilla de coches de alquiler y le pedí uno con navegador. Malamente me debió entender, porque así como le hablé yo en mi mal inglés, presto me contestó él en un perfectísimo italiano que macchina sí, pero que navegador no. Nada de qué preocuparse -pensé yo-, puesto que traigo un mapa que me ha proporcionado Google Maps con el que espero llegar sin problemas a cualesquiera sitios quiera visitar. Con todo, y como mi padre me ha enseñado que siempre es mejor prevenir que curar, me proveí convenientemente de un mapa de Italia centro nord.

Así que ya tenía las llaves (le chiave) de mi Clio, mi mapa y mis irrefrenables ganas de ver Ferraris: todo lo necesario para comenzar mi aventura.

A continuación, queridos lectores, se da puntual cuenta de lo que se me pasó por la cabeza en los siguientes 5 minutos:

  • Norte, arriba. Sur, abajo. Yo, perdido.Parking de coches de alquiler, planta -1, plaza 4. ¿Mi Clio?. Listo. ¿Mi mapa?. Listo. ¿Benzina?. Listo. Andiamo presto! ¡Oh, qué bien va este embrague!. ¿Pero no decían que los italianos conducían mal? Otro mito echado por tierra.
  • Salgamos pues del aeropuerto dirección Módena.
  • Porras, qué carretera más mala.
  • Una glorieta. ¿Dónde voy? ¡Ah, la Autostrada A1! ¡Esa es la que yo tengo que coger!
  • Ahí voy, dirección Nápoles. ¿Pero yo hacia dónde iba? ¿Yo no iba a Módena? Eso es hacia el norte, ¿no? Y Nápoles está... está... ¡hacia el sur!
  • Mejor doy la vuelta a la glorieta, no vaya a equivocarme y me pierda.
  • Cielos, ¿¡de dónde ha salido este!? ¡Qué rápido van aquí en las glorietas!
  • Milán está hacia el norte, así que... vuelta a la glorieta del aeropuerto y cojamos sentido Milán.
  • ¿Pero seguro que yo voy a Milán? ¿Ahí atrás no había una salida con un cartel que ponía Módena, o yo lo he soñado?
  • Mejor volvamos a dar la vuelta a la glorieta.
  • ¿Por qué harán los carteles tan pequeños? ¿Les cobrarán exponencialmente según hagan el tamaño de las letras? ¿¡Y este tío cómo me ha podido adelantar por la izquierda si voy pegado al muro!?
  • Mierda, ya me he despistado. Mejor doy otra vuelta a la glorieta.
  • ¿Qué coño es una Autostrada? ¿Yo no tenía que coger una autopista? ¿Por qué está el cartel de la Autostrada en verde? ¿Pero las autopistas no se ponen con fondo azul? ¿Qué coño significaba el fondo verde? ¿Eso no eran las vías rápidas? ¿Cuándo tengo que renovar el carné de conducir?
  • Mejor doy otra vuelta a la glorieta.
  • Autostrada A1. Definitivamente, es la mía. ¿Voy a Milán?
  • Mejor doy otra vuelta a la glorieta.
  • ¡Ahí pone Módena! ¡Hasta el infinito y más allá!
Efectivamente, como se pueden imaginar, la salida que tomé no era la que debía. Y, sí, al poco de coger la carretera aparecieron para mí los molinos que se le aparecieron a Don Quijote: comenzó a nevar. No copiosamente, pero sí lo suficiente como para acojonarme en una carretera de doble sentido camino de Módena, en la que no sabía ni a dónde iba ni dónde debía ir. Y así llegué a Módena, y comencé a preguntar por la calle donde se suponía debía estar el hotel.

- Scusi, sai dove è la strada Via Circondanciale di san Francesco?
- È qui? Scusi, non so.
Uno, otro, otro... ¡nadie tenía ni idea! Tras una hora dando vueltas por Módena (pasé por delante de las oficinas de Maserati, pero en mi estado de nerviosismo no pude ni sacar una foto), vi el cielo abierto: una comisaría de carabinieri.

Camino de Maranello... MontmelóLo que parecía más una tienda de gominolas que una comisaría albergaba un par de orondos policías tras una ventanilla. Cuando le repetí la pregunta que le había planteado a medio Módena al mayor de ellos sobre dónde estaba la Via Circondanciale di san Francesco me miró como si fuera un pequeño hombrecillo verde y acabara de bajar de una nave espacial. Por suerte pude enseñarle el papel donde llevaba la dirección del hotel y decirle "Vado qui", y todo mientras contenía las lágrimas. Al hombre se le iluminó la cara, y entre gestos de alegría y grandes aspavientos me gritó "Il vostro Hotel è a Fiorano Modenese! Dove se prova gli Ferrari! Questo è Modena!", todo ello acompañado del gesto inequívoco de conducir, moviendo ambas manos arriba y abajo alternativamente como si estuviera pilotando un camión de 16 ejes o batiendo tres docenas de huevos de avestruz, mismamente.

Cuando dijo Ferrari salté mientras gritaba "Si! Sono venuto per verdere gli Ferrari!". Comenzó entonces a explicarme cómo llegar a Fiorano: que si la carretera de Sassuolo, que si caneloni, que si mascarpone, que si così fan tutte... Y yo asintiendo con la cabeza, preso de impotencia, y pensando que en cuanto saliera por la puerta iba a buscar un TomTom.

Así que en cuanto salí de la comisaría, cogí el coche y me puse a buscar una tienda donde pudiera comprar un navegador. Por si alguien no lo sabe, Módena tiene unos 180.000 habitantes y debe venir a ser del tamaño de Albacete (con todos mis respetos para la ciudad de las navajas, pero entre Ferraris y facas yo me quedo con los coches).

Estando en esta tesitura de impotencia, desazón y franco derrotismo, me llamó Rafa. Paré el coche en la puerta de un garaje y casi me echo a llorar. Tras 2 horas en Italia lo único que había conseguido era perderme en Módena. Las calles estaban tan vacías como mi dignidad, y todo sin contar los copos que caían para recordarme que el infierno se acababa de congelar y a mí me había pillado a mitad de camino de ninguna parte.

Vi pasar a una buena mujer con una niña, colgué malamente a Rafa, bajé del coche como si estuviera a punto de explotar y al grito de Scusi! Scusi! le pregunté si sabía dónde podía comprar un TomTom. Por supuesto, se me pasó por la cabeza que ni siquiera supiera lo que era un TomTom, pero San Francisco de Asís estaba de mi lado e iluminó la poca esperanza que quedaba en mi vida.

Frío, más frío, más frío aún y... FerrariLa buena mujer pensó, repensó, y, viéndome con los ojos preñados de lágrimas, tiritando y esforzándome por hablar en un pésimo italiano, me dijo que había una tienda de teléfonos en la que era posible que vendieran navegadores. Cinco minutos después aún estaba intentando darme indicaciones para que llegara. Las lágrimas se iban convirtiendo en lagrimones, y la impotencia en desesperación, porque quitando lo de destra y sinistra yo no entendía nada. Pueden suponer cómo me vería de desesperado sabiendo que me dijo "si aparcas bien el coche te acompaño".

Diez segundos después había aparcado y estaba de camino de la tienda de teléfonos acompañado por esta buena mujer y su hija. La niña estaba gozando como poco, viendo cómo su madre salvaba de la desesperación a un guiri que hablaba italiano como si le hubieran metido una zapatilla en la boca. Cómo se vería de emocionada que me dijo "Io vado a la scuola, per il recitare del natale" (o algo así). La niña estaba emocionada, pero yo me sentí como si estuviera escuchando de nuevo el CD del fascículo 2 del curso de Planeta-Agostini de italiano. Tuve que buscar cómo se decía "buena suerte", pero cuando le dije "buona fortuna" y tanto a la niña como a la madre se les iluminó la cara di por bien pagados los dineros que me costó el puñetero curso que nunca estudié.

Acompañado por la mamma e la figlia llegué a la tienda que estaba cerrada pero que, gracias a Dios, sí tenía sistemas GPS.

Como faltaba media hora para que abrieran, di una vuelta por el barrio para pasar el rato, y me encontré una heladería. ¿Helados italianos? ¡Cómo no! Cuando me vi sentado en una parada de autobús de Módena tomando una tarrina de helado de tiramisú mientras nevaba, supe que todo iba a salir bien.

Y dicho y hecho. Menos de 1 hora después estaba entrando en el hotel, y en menos de 1 hora y media estaba en la puerta del circuito de Fiorano, escuchando el rugido del motor V12 de un 599 GTB en manos de un italiano loco.

Queridos niños: si pensáis que esta sólo habla de sensaciones, sentimientos y mariconadas varias, sabed que la próxima entrega va a ser más de lo mismo, pero incluyendo la crónica de la visita al Museo Ferrari, a la fábrica, y las 2 horas apostado en la valla de la pista de Fiorano viendo pasar coches de ensueño a 10 metros, incluyendo un F1 del 2007, otro F1 de los 90, y un Maserati MC12 de competición.


Puedes seguir leyendo las andanzas por Italia en la primera parte de la crónica del Tercer día del viaje por Maranello.