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domingo, 25 de abril de 2010

Del día que volví a Italia por tercera vez

¡Sí! ¡Soy yo conduciendo un Ferrari!

Hoy puedo decir sin mentir que he estado tres veces en Italia. Y cada vez me gusta más.

De la primera ves han pasado casi 9 años. El trayecto: Madrid—Turín—AC/DC—Turín—Madrid en una Citroën Jumper acompañado de 7 amigos. Los datos: 3000 kilómetros de carretera; tres días de viaje; dos horas de Rock & Roll; una botella de vino del Piamonte.

De la segunda han pasado algo más de dos años. El trayecto: Madrid—Bolonia—Maranello—El Edén—Maranello—Bolonia—Madrid; acompañado por más de un centenar de amigos a los que sigo teniendo presentes en mis oraciones. Los datos: 3200 kilómetros por avión; unos 200 en total por carretera; dos días de éxtasis; il sangue un po' più rosso, il cuore un po' più rotto.

De la tercera han pasado apenas tres días. El trayecto: Madrid—Circuito del Jarama—Maranello—Circuito del Jarama—Madrid. Los datos: 3,8 kilómetros; un par de cruzadas de escándalo en la curva de Farina y en el giro de Bugatti; la última ilusión, cumplida.

Algunos sabéis que el jueves no era un buen día. La angustia, los nervios y el nudo en el estómago no los provocaba ir al Jarama. A las 3 de la tarde estaba convencido de que no iba a poder ir, pero cuando me dijeron la frase que más deseaba escuchar ("todo ha salido bien"), cumplí mi deseo y el de mi madre, y salimos camino de la N-I.

Finalmente me puse detrás del volante de un Ferrari F430, con su motor V8 de 490 caballos, una aceleración de 0 a 100 km/h en 4 segundos (no en mis manos) y, eso sí puedo asegurarlo, una manejabilidad que hace parecer un carromato cualquier otro coche que haya conducido antes.

El sonido del motor pegando en la espalda, los 490 caballos empujando el culo, una relación peso/potencia de 2,8 kilos por caballo, el comportamiendo dinámico de un kart de 1500 kilos... y todo en un coche que se puede cruzar sólo con darle un pisotón al acelerador.

Cuando iba ya entrando a boxes le dije al monitor que iba a mi lado: "Esto es lo más grande que he hecho en mi puta vida. Bueno, lo segundo" y el hombre soltó tal carcajada que todavía debe andar acordándose de mi cara de felicidad cuando bajé la última marcha, vi la 'N' en el display, le di la mano y salí del coche.

En fin, aquí me encuentro diciendo, otra vez, que ya he cumplido todas las ilusiones que tenía en la vida. ¿Tener un Ferrari propio? Inviable. ¿Conformarme con algo más asequible? Insustancial.

Qué le vamos a hacer, si siamo nati per amar.

Muchas gracias a mis amigos Arturo, David, Javier, Jesús, Mayte, Nuria y Ramón (in alphabetical order) por compartir la tarde conmigo, así como a los que estaban en espíritu en ese momento y en los otros. Gracias especialmente a Ramón y a Mayte por llevarme hasta allí, sabiendo lo nervioso que estaba.

Queridos niños: sólo quiero daros un consejo. Cuando conduzcáis un Ferrari, no olvidéis de pegarle un buen crujido al salir.

Os dejo con un vídeo de un servidor con pinta de pato mareao antes de montarme en el Ferrari y alguna fotillo más.


(Haz click aquí si no ves el vídeo)



¿Coger al F430 con un R8? Imposible-ble-ble-ble.

Javier saliendo con el F430.

Nótese la cara de felicidad.

Arturo zumbado por la recta del Jarama.

Míralo rápido porque pronto se va a perder en la lejanía.