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domingo, 7 de marzo de 2010

De coches híbridos, motores movidos por césped y rodillas ensangrentadas

Nelson Piquet Jr. probando su coche de la NASCAR Camping World Tour Series.


Sólo puedo pensar que nosotros, las generaciones de gente que nació entre la década de 1920 y la actual, y probablemente hasta los próximos treinta años, somos los únicos que hemos conducido coches, coches de verdad. Hemos viajado en trenes de vapor y diésel; algunos tuvimos la suerte de volar en el Concorde, de escuchar el rugido del motor V8 de un Chevy o el ronroneo de un Ferrari. Somos los únicos que hemos podido ver coches y motos de carreras competir unos contra otros sin sentirnos como criminales. Somos los que todavía podemos conseguir multas por exceso de velocidad; somos los que hemos podido impresionar a las chicas con nuestros coches primero y aplicar un poco de ingeniería en el pene después.
Alguien que lea esto en el año 2050 será transportado en Dios sabe qué, quizás un híbrido con motor de hierba. Nosotros pertenecemos a las generaciones afortunadas. Y es por eso que cada coche nuevo, cada giro de la llave de contacto, es un bebé nuevo para mí. Es lo que el ser humano ha hecho de la naturaleza. Es rock and roll.

Brian Johnson en su libro Rockers and Rollers.


Habrá quien me diga que los coches híbridos movidos por césped, que consuman CO2 y exhalen un sano olor a vainilla son el futuro, y que es este un buen futuro. No lo discuto, pero a mí el olor a gasolina quemada me recuerda a cuando en mi infancia iba al parque, me caía en la tierra y volvía a mi casa con las rodillas cubiertas con pegotones de sangre reseca. Sí, es mejor que los parques infantiles de hoy en día estén homologados por 15 organismos internacionales, sean fabricados por ingenieros aeronáuticos con materiales que hubieran hecho llorar de emoción a los rusos que pusieron en órbita el Sputnik, que tengan el suelo forrado de caucho hipoalergénico y estén rodeados de una empalizada de maderas inastillables, pero, qué queréis que os diga, a mí me gustaba que me sangraran las rodillas.

Y me gusta el olor a gasolina quemada, a goma derretida, a grasa de motor, a guantes sudados y a golfas por el paddock.

Queridos niños: Para bien o para mal, que comience el espectáculo.


Por cierto, citándome a mí mismo en el previo del año pasado, decía "o Jenson Button se va a llevar el mundial de calle (me alegro de no tener que oír al GordoSandioFilfa), o el contubernio que no cesa de los ingleses (McLaren-Hamilton, Brawn-Button, Ecclestone y Mosley) este año ha sido llevado a límites extremos".

Mi vaticinio para este año: ponga un Red Bull en su vida.