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jueves, 2 de abril de 2009

De lo que aconteció en el concierto de AC/DC en el Palacio de los Deportes, y de cómo vivimos una noche histórica los que allí estuvimos

Brian Johnson Angus Young AC/DC Black Ice TourHay una serie de cosas en el mundo que hacen que desees que tus oídos estén fabricados de poliestireno expandido. Una es el despegue de un transbordador espacial. Otra es la salida de un Gran Premio de F1. Una tercera es una mascletá en plenas Fallas.

¿Alguien se ha planteado qué pasaría si juntáramos todas esas cosas a la vez? ¿Un transbordador espacial despegando junto a la salida de un Gran Premio que a su vez es amenizada por una mascletá? Por un lado tenemos una parte rítmica, formada por 4 motores de combustible sólido, que durante más de hora y media den buena cuenta de tu estómago, tus oídos y tus rodillas. Añadimos la voz desgarrada de un tipo campechano, mecánico reciclado en cantante, carne de tasca inglesa, un personaje que se define a sí mismo como "El tío más privilegiado del mundo porque entra gratis cada noche para ver a los AC/DC". Y, para finalizar, el componente pirotécnico: ocho cañones soltando andanadas de furia rockera.

¿Necesitamos algo más? Sí. Unas 16.000 almas, entregadas a dar saltos, poner cuernos, hacer correr el sudor por sus cuerpos, y gritar los coros de cada canción como si les fuera la vida en ello. Y ya tenemos todo lo que lleva asociado un concierto de ROCK.

Me he acostumbrado a que cuando pongo demasiada ilusión en algo acabo llevándome una bofetada en los morros. De hecho he llegado a un estado en el que tengo el peor punto de vista posible para todo; pero como tengo la cabeza llena de pájaros, siempre acabo creyéndome que el oro crece en los árboles, que la suerte le llega al que la busca, y que no son todas golfas. De hecho, sí, estaba acojonado pensando que no iba a estar a la altura del evento. Es posible que haya unanimidad al decir que los AC/DC no fallan, pero, aunque ellos no lo hagan, yo sí.

Pero, ¡ay!, los AC/DC son el bálsamo de Fierabrás que buscaba don Quijote y que nunca encontró. Cura de todos los males, remedio de todas las cuitas, placebo milagroso que aleja todas las aflicciones.

Tras 8 años sin venir a España (el último concierto antes de la gira del Black Ice fue en diciembre del año 2000), ver a los AC/DC en directo es asistir a un pedazo de historia. Uno de esos eventos de los que algún día podrás decir "yo estuve allí".

Con un sonido que bien se puede definir como doloroso como marca de la casa (el mejor que les he oído en directo de largo), tomando el pulso al estado de la audiencia como nadie, los jefes del cotarro son capaces de parar el ritmo del concierto para dar aire a un público exhausto, o de concatenar tres trallazos hasta hacer que un Palacio de los Deportes cualquiera cruja hasta los cimientos.

Verles en un sitio cerrado es lo más parecido a tenerles tocando para ti solo en el garito de tu barrio. El sonido es BRUTAL, y están ahí dándolo todo con la cincuentena pasada (alguno incluso ya no cumple los 60), cuando la parroquia, fundamentalmente chavalería, apenas puede seguirles el ritmo. Para ir a ver a los AC/DC hacen falta dos cosas: ganas de escuchar ROCK y unas rodillas en buen estado que te aguanten durante las cerca de dos horas que estás pegando saltos.

Habrá a quien no le guste que tras 36 años de carrera sigan siendo fieles a sí mismos, a lo que hacen y a lo que representan. Habrá quien opine que un tío de 54 años que se sube a un escenario vestido de colegial no puede andar bien de lo suyo. Pero también dicen que en tiempos de crisis hay que apostar por los valores seguros. Los espectáculos de AC/DC no aportan nada nuevo, nada distinto, nada improvisado. Los AC/DC no han inventado nada, pero se han convertido en la quinta esencia del ROCK. La perfección se consigue con práctica, y estos tíos hace muchos años que llevan dando la misma lección.

A Malcolm, Angus, Brian, Phil, Cliff, y a todos los que han disfrutado hoy en el Palacio de los Deportes, gracias por esta noche.

El pitido en los oídos me durará tres días, la afonía cuatro, el dolor muscular una semana, y el recuerdo de haber visto a los reyes del ROCK, todo lo que me quede de vida.

For Those About To Rock, We Salute You!




PD: La foto es del concierto de Munich. Ayer saqué unas cuantas pero aunque no las he revisado dudo que haya ninguna visible.



[Actualizado 04/04/09]

Dos días después del concierto siento un dolor intenso en el cuello, no puedo levantar los brazos hasta arriba del todo sin que me den pinchazos en los hombros, tengo unas agujetas terribles en los gemelos, y aún me queda el rumor de un zumbido en los oídos.

Estos tíos son lo más grande que ha parido madre.