Del marketing viral, las modas que van y vienen, y unas cuantas hostiejas más
De ver las películas de Bud Spencer y Terence Hill después de David el Gnomo o Willy Fog en las sobremesas de los fines de semana, ahora nos tragamos telefilmes basados en historias reales de una niña desaparecida en los 60 que se reencontró con su verdadera madre 20 años después de haber sido adoptada por una pareja de Reno que no podía concebir y que se la encontró tirada en un váter de una gasolinera.
¿Es esto lo que queremos que vean los niños de hoy? ¿No sería mejor educarlos enseñándoles a distinguir lo que está bien de lo que está mal con la siempre sabia manita de hostias?
Pues hay que ver lo que es esto del marketing viral. El marketing viral y las modas, que todo cuenta. Un personaje casi olvidado (¡no por todos!) de repente aparece imitado en un programa de televisión y ya vuelve a estar en el candelabro. ¿Por cuánto tiempo? Poco, seguro, así que mejor aprovechar el tirón rápidamente.
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Como siempre, el original es mejor que cualquier imitación. El martillo pilón, la hostia a rodabrazo, y, como dijo Rodros en el post anterior, se recoge también una bonita muestra de "La hostia del aplauso: Calienta orejas simétrico y ecuánime". A ese mimo se le van a quitar las ganas de volver a hacer el gilipollas en la calle, y con un poco de suerte igual se apunta a un curso de CCC de auxiliar de geriatría.
Pero, ¿para cuándo el retorno de Chiquito? Toda una generación de prepúberes víctimas de la LOGSE, enviadores compulsivos de SMS, botelloneros y consumidores de la píldora del día después han preguntado a sus padres quién era ese tal Bud Spencer que aparece repartiendo estopa en los anuncios, pero nadie sabe quién era Condemor, o a dónde iba "ese caballo que viene de Bonanzar", o qué coño es eso de "bórrame el cerito".
Queridos niños: "hostia que no se da, hostia que se pierde". No lo olvidéis. Él nunca lo haría.
¡Gracias


