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domingo, 27 de enero de 2008

Leído por ahí: Las mujeres están fuera de mi alcance


¡Golfas!Algunas veces me pregunto porqué me molesto siquiera. Con la cara de atontado que tengo y mis piernas de pollo, mi vida amorosa sólo podría ser resumida con una palabra: inútil. Cuanto más lo intento, menor interés muestran las mujeres en mí. Es como si el 52% de la población ni siquiera supiera que existo. Pero no las culpo. Si yo fuera una mujer, tampoco estaría interesado en mí.

Sinceramente, ¿qué posibilidad podría tener un tío como yo con cualquiera de las mujeres de la Tierra?

Desde que era joven, no he sido capaz de apartar la vista de las mujeres. De cualquiera de ellas. Esos ojos. Ese pelo. Esas piernas. ¿Cómo se supone que alguien como yo puede aproximarse a un género como ese? ¿Qué le puedo decir a alguien que tiene un perfecto par de cromosomas X? Ya os lo digo yo: nada. Porque si tan siquiera lo hubiera intentado hubiera tenido que darme la vuelta, salir por la puerta y largarme a casa antes de ponernos en una situación harto embarazosa tanto a mí mismo como a cada unas de las mujeres que habitan el planeta.

Afrontémoslo: no hay absolutamente ninguna manera en la que pueda conseguir algún tipo de mujer entre los 18 y los 105 años.

Después de todos estos años, por fin me he dado cuenta de que mi madre tenía razón. Mis expectativas eran demasiado altas. No gano nada pensando que alguna fémina que ha vivido o vivirá en algún momento durante mi vida va a querer nada conmigo. Simplemente no soy el tipo de género contrario que buscan. Y, a decir verdad, estoy cansado de albergar algún tipo de esperanza sólo para que las aplaste sin piedad alguien con un útero. Tal vez si hubiera un tercer género menor, aparte de hombre y mujeres, con unos estándares extremadamente bajos, que nunca me hubiera visto antes, quizás entonces podría encontrar ese alguien especial. Pero mientras siga persiguiendo un romance entre las que tienen los genitales opuestos voy listo.

Desgraciadamente, cuando uno se interesa en un sexo que no es el propio, nada es mejor que una mujer. Siempre son populares y encantadoras. Todo el mundo quiere salir con ellas. Simplemente tienes que ver cómo visten, y, Dios mío, ¿has visto cómo caminan? ¡Me vuelven loco! Ese es un género que sabe que es digno de ver. ¿Cómo podría relacionarme con algo así?

Ese es precisamente el motivo por el que no me apetece salir ahí fuera. No puedo soportar ser rechazado por 3.200 millones de mujeres. ¿Quién podría? En serio, primero mirad a cualquier mujer y luego miradme a mí. No tengo nada que ofrecer al sexo opuesto, excepto el placer de no tener que aguantarme. Lo único en común que tengo con las mujeres es que ambos sabemos que podrían aspirar a algo mejor.

Cada día, cuando voy al trabajo, me prometo a mí mismo que voy a invitar a salir a una mujer, pero no tengo la confianza en mí mismo de ningún otro tío que conozca. Mi amigo Dave, por ejemplo. Es encantador, atlético y tiene algo que las mujeres desean. Es el tipo de hombre con el que todas las mujeres quieren salir. Y lo más importante que tiene, es que él no soy yo. Las mujeres son lo suficientemente sensibles como para fijarse en pequeños detalles como ese. Pero cuando estoy desvelado por la noche, pensando en esa categoría especial sexual con la que nunca estaré, me gustaría que no lo fueran.

No, ni siquiera debería soñar con tener algún tipo de posibilidad con las mujeres. Quizás lo intente de nuevo dentro de unos años, pero por ahora creo que lo mejor para todos es que asuma que la mitad femenina de la raza humana no tiene ningún interés en mí.
Fuente: http://www.theonion.com/content/opinion/women_are_way_out_of_my_league

domingo, 14 de octubre de 2007

De la búsqueda de la felicidad

La alegría de vivirCon eso de que el viernes fue la Fiesta Nacional y nos hemos juntado con un pseudopuente de tres días, este fin de semana he tenido tiempo para recluirme en mis sandeces, y he recordado algo que una vez me dijo alguien que me ha demostrado sobradamente que me aprecia, y que era algo como "si te dejas llevar por la tristeza al final te haces daño a ti mismo y a los que estamos a tu lado, porque no sabemos cómo ayudarte". Aquello me hizo pensar que si siendo feliz podía agradar a la gente que tengo alrededor, que quiero y que sé que me quiere, merecía la pena hacer el esfuerzo. Como de bien nacidos es ser agradecidos, me he puesto manos a la obra en busca de la felicidad.

Por supuesto, si antes se decía que el conocimiento se encontraba en los libros, yo he ido a la nueva fuente de la sabiduría humana, y le he preguntado qué es la felicidad. Por supuesto, el resultado es que la felicidad es efímera. Pero no sólo eso: la felicidad es un bien escaso. ¿De qué serviría entonces que cayera en manos de aquellos que no íbamos a saber aprovecharla?

Si la felicidad es efímera y para colmo de males únicamente está al alcance de unos pocos, ¿qué podemos hacer aquellos a los que nos está vedada sino sumirnos en la ignominia de nuestra propia existencia? Pues de nuevo he venido a recordar algo que leí en una entrevista de Punset a un tal Mihaly Csikszentmihalyi (de los Csikszentmihalyi de toda la vida). Mihaly relativiza la felicidad a la experiencia, y esta a lo que se hace en la vida. Finalmente concluye:

"Tenemos que gastar un tercio de la vida en que estamos despiertos en algo productivo, en algo relacionado con conseguir calorías para el organismo, ya sea cazando o trabajando en una fábrica, o estudiando, los jóvenes. El otro tercio es lo que llamamos mantenimiento, que es simplemente tener el cuerpo en un cierto nivel de funcionamiento, es decir vestirse, afeitarse, peinarse, comer, desplazarse al trabajo... por hacer todo esto no se recibe ningún sueldo, pero hay que hacerlo ya que de lo contrario el cuerpo se deteriora: el pelo crece y la gente se deja. Y lo tercero es el placer, que es lo que los griegos llamaban “escoleia”, que significa lo que se hace en el tiempo libre. Esta es la palabra de la que se deriva la palabra escuela, porque para los filósofos griegos lo que se hace en el tiempo libre es aprender, y esta era la manera de crecer y mejorar..."

Así que la solución mágica para ser feliz es tener la mente ocupada, aprender y mejorar como individuo. Me parece fetén, pero, ¿para qué sirve saber cosas que son otros los que las han descubierto? ¿Para qué sirve construir cosas que son otros los que las han inventado? ¿Para qué sirve aprender hechos que otros han vivido? ¿Para qué sirve estudiar la vida de gente que no he conocido? ¿Para qué sirve estar enamorado cuando no eres correspondido?

Definitivamente, no es fácil levantarse con una sonrisa de oreja a oreja, con ganas de estar contento; si el secreto de la felicidad está en una vida plena, cultivada y entretenida, ahora entiendo por qué por mucho que me levante con el firme propósito de ser feliz para cuando aparecen las primeras horas de la tarde ya estoy encabronado y sin ganas de vivir.

Pero, ¿dónde está realmente oculta la ilusión por ser feliz? La ilusión no se pierde; la ilusión no existe. Cuando tienes algo que perder, buscar la felicidad es secundario.

Y es que, ¿quién es realmente feliz en la vida? Si lo pienso con frialdad, todos los seres realmente felices que se me vienen a la mente no cumplen ninguna de las premisas dadas: no son productivos, no están cultivados y desde luego no buscan la felicidad.

Hace poco leí la afición que tienen los líquenes por vivir, por mal que se le pongan las cosas. Cito a Bill Bryson en su libro Una breve historia de casi todo:

"Un liquen es una asociación entre hongos y algas que, sorprendentemente, se alimenta de rocas. Los hongos excretan ácidos que disuelven la superficie de la roca, liberando minerales que las algas convierten en alimento suficiente para el mantenimiento de ambos. Los líquenes son de crecimiento lento. A un liquen puede llevarle más de medio siglo alcanzar las dimensiones de un botón de camisa. Sería difícil imaginar una vida menos plena".
Si miramos en derredor, lo más probable es que los típicos gilipollas que son felices no sean más que unos tarados mentales, unos viva la virgen o, en el mejor de los casos, la evolución que han seguido los líquenes tras millones de años de metamorfosis, para acabar pareciéndose a un ser humano.

Queridos niños, hoy voy a volver a citar a mi bienquisto Cervantes, quien parece que escribió su Quijote sólo para mí:

Busco en la muerte la vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido
que, pues lo imposible pido,
lo posible aun no me den.

Sed felices si podéis y, si no, sed felices por los demás.

Foto: http://www.flickr.com/photos/mongol/465550988/

miércoles, 20 de junio de 2007

De los perdedores y el sentido de la vida


El perdedor español¡Buenos días mundo! Hello world! Buon giorno mondo! Bonjour monde! Guten Morgen Welt!

¿Cómo están ustedes? ¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeen!

¿Ha sido todo el mundo saludado? ¿Están todos contentos? Pues entremos en faena.

Existe un chiste recurrente que reza así:

Hoy hace un día maravilloso.
Seguro que viene alguien y lo jode.
Es curioso porque se puede saber el estado de ánimo de cualquiera diciéndoselo. La reacción puede ir desde la indiferencia hasta la carcajada, aunque, por supuesto, además del estado de ánimo influye el sentido del humor, el nivel de alcohol en sangre o el idioma materno del interlocutor.

No obstante todo esto, hay un tipo de persona al que este chiste en concreto más que a risa le puede mover al llanto: estamos hablado de El perdedor. El perdedor pensará inmediatamente: "Este tío sabe algo que yo no sé. Y es algo malo, lo presiento."

A los perdedores se les reconoce de inmediato porque caminan arrastrando los pies, como si temieran que al perder el contacto con el suelo éste fuera a desaparecer. La mirada, perdida, oteando el negro día que se le avecina. La cabeza ladeada y el espíritu roto.

El perdedor anglosajónEl perdedor es alguien que se gasta 50 euros en unos CDs y, cuando aún no ha terminado de quitarle el plástico, se le resbala de las manos; para que no caiga al suelo directamente saca el pie y, en vez de amortiguar la caída, engancha una volea espectacular y consigue destrozar la caja y tirar los CDs por encima del armario.

En el trabajo el perdedor también es fácilmente reconocible: llega el primero, se va el último, y le caen todas las mierdas. La frase que más suele oír es "Esto lo viste tú en su momento, ¿no? Pues venga, como ya lo conoces lo tocas en un momento que no te cuesta trabajo".

El perdedor, normalmente, va en transporte público. Aguanta olor a sobaco por la mañana. Aguanta olor a sobaco por la tarde. Aguanta olor a sobaco por la noche. Cuando llega a su casa suele oír "hueles a sobaco". La otra variante es que tenga un coche destartalado, más sucio que el retrete de un bar de carretera y con más roces que el culo de una prostituta.

El perdedor no fuma. El perdedor no bebe. El perdedor no folga. Al perdedor le lloran los ojos si fuman a su lado. El perdedor pierde el conocimiento si se bebe una cerveza sin alcohol. Al perdedor, en vez de sangre, le corre escarcha por las venas.

La antítesis del perdedor: el triunfadorAl perdedor no le gustan las mujeres. El perdedor está enamorado de una mujer, y no tiene ojos para las demás. El perdedor siempre se enamora a primera vista; perdidamente; con devoción enfermiza. Pierde el sentido de la realidad y acaba consiguiendo que aquella por la cual bebe los vientos piense que es gilipollas, marica, o que está bajo los efectos de sustancias estupefacientes. Es incapaz de articular palabra en su presencia, pero, cuando está solo, visualiza todo lo que tenía que haber dicho y hecho, pero no hizo.

A un perdedor no le falta de nada, lo cual le convierte inmediatamente en un ser anodino y desmotivado. "¿Quieres algo? No, ya tengo de todo." Y, así, es difícil tener una ilusión y dejar de ser un perdedor.

Queridos niños, ¿qué ha hecho que los perdedores, seres inferiores, sigan existiendo pese a la evolución natural de las especies? Pues que, como ya dijimos por aquí,

somos necesarios para que otros ganen y sean felices. Cumplimos una tarea social fundamental: sin perdedor no hay ganador.

Que Dios os bendiga.



Más información:
http://www.youtube.com/watch?v=K4pOY7ybVLs
http://www.compfused.com/directlink/385/

miércoles, 23 de mayo de 2007

De la sinceridad y la veracidad

Esto va para los hipócritas.Una de las cosas que más satisfacciones me da la vida es consultar la página de la RAE (http://www.rae.es/) y gozar con las definiciones de palabras que, por ser comunes, normalmente no es menester consultar. Además del plug-in que existe tanto para explorer como para mozilla, recientemente he conocido la existencia de una segunda página web, http://www.rae2.es/, que enlaza con la primera (no está directamente relacionada con ésta) y muestra las definiciones referenciándolas del modo http://www.rae2.es/término.

Por aquello de hablar de algo que no tenga ninguna relación (por ahora) con lo anterior, hay un cierto programa en Telemadrid (creo que en la Otra) en el que le preguntan a viandantes cuestiones tan interesantes como: ¿Qué aficiones tienes? ¿Qué llevas puesto? ¿Cuándo has sido feliz por última vez? ¿Te rascas cuando te pica el culo? ¿Te fijas en si la gente lleva la etiqueta de la ropa interior asomando? ¿Dices mentiras? A esta última, el común de los mortales se pueden catalogar en tres grupos en función de lo que suelen contestar:

— "Digo mentiras para no herir a alguien". Léase: "Le he puesto los cuernos a mi novio o novia y no quiero que se entere".
— "Digo mentiras para obtener beneficio". Léase: "Soy un hijo de puta cabrón y manipulador que digo lo que haga falta para salirme con la mía".
— Nunca digo mentiras. Léase: "Te acabo de mentir".

Al hilo de esto, como no podía ser de otra manera, estando viendo el susodicho programa vine a dar en pensar cuál era la diferencia real entre ser sincero y decir la verdad, de modo que, cual don Quijote, vine a pasar las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio, buscando definiciones varias.

A mí, que soy clásico, me gusta usar los enlaces que nos proporciona la propia página de la RAE, así que, si me lo permiten y tanto si es de su gusto como si no, obraré en consecuencia.

Sincero:

(Del lat. since-rus).

1. adj. Que actúa con sinceridad.


Sinceridad:

(Del lat. sinceri(tas, -a-tis).

1. f. Sencillez, veracidad, modo de expresarse libre de fingimiento.



Veracidad:

(Del lat. veraci(tas, -a-tis).

1. f. Cualidad de veraz.



Veraz:

(Del lat. verax, -a-cis).

1. adj. Que dice, usa o profesa siempre la verdad.



¡Así que ser sincero implica ser veraz! ¿De verdad lo tomamos en ese sentido? ¿Cuántas veces no hemos oído "yo soy muy sincero" al típico hijo de mala madre que miente como un bellaco en cuanto tiene ocasión? ¿A ese desvergonzado que te suelta cualquier desmán con el pretexto de que "es muy sincero"? ¿A esa mala pécora criticona que te hace la ficha completa cuando entras en el ascensor y cuando la miras con cara de asco se ofende?

Así que, ¿para qué ser sincero? ¿Para ofender? ¿Para faltar? ¿Para importunar al prójimo? ¿Es que de verdad se siente uno mejor cuando dice lo que piensa? ¿Es que de verdad alguien se queda tranquilo cuando le dice a un desconocido "lleva usted unos calcetines horribles"? Digo yo que, si decirle a un desconocido que no te gustan sus calcetines no es lo habitual, debe ser que no está muy bien visto o, cuando menos, que no es de buen gusto.

Puestos a ser sinceros, la inmensa mayoría de las cosas sobre las que escribo son sandeces infundadas que no sirven sino para desahogarme. Que si son todas golfas, que si la vida me trata mal, que si odio a todo el mundo, que si me tiro pedos por las mañanas... Creo que mis 5 lectores se hacen una idea de lo que hablo.

Cuando se habla de respetar a los demás siempre se me viene a la mente lo bonito que es esto de la democracia. La democracia es algo tan maravilloso que, al que no fuera demócrata, habría que obligarle a serlo. Es más, todos los que no son demócratas son forzosamente unos intolerantes, y yo a los intolerantes les daba de hostias y me quedaba tan ancho.

Otra de las sandeces que a mí personalmente me hinchan las gónadas es que me digan aquello de "hay que respetar las opiniones de los demás", o la variante "hay que escuchar lo que tienen que decir las minorías". ¡Claro que sí, con dos cojones! Las opiniones de los demás pueden ser tan sandias como las mías, pero, claro, las mías no pueden ser respetadas porque hay que respetar las de los demás. Lo de las minorías es, por supuesto, caso aparte. Si nos juntamos cuatro imbéciles y decimos que la Tierra es plana, hay que escucharnos y respetarnos. Si en vez de eso decimos que van a venir los extraterrestres con 300 naves interestelares y se van a llevar a unos pocos elegidos, hay que escucharnos y respetarnos. Y si la cosa acaba en un Waco, pues es que "se ha llevado la libertad demasiado lejos".

Queridos niños: no mintáis, que las mentiras hacen llorar al niño Jesús.