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lunes, 11 de enero de 2010

De Bach, las Variaciones Goldberg, las coles y los nabos


En 1741 apareció en una imprenta de Núrenberg una obra de Johann Sebastian Bach titulada Ejercicios para clave (Clavier-Übung), consistentes en un aria con diferentes variaciones para el clavicémbalor con dos manuales. Un sencillo título, que parece el de una obra pedagógica, pero tras el que se esconde una de las partituras más ambiciosas y complejas del genio bachiano, la que hoy conocemos como Variaciones Goldberg, BWV 988.

En la 30ª variación el músico, en lugar de hacer un canon sobre un intervalo de décima, recurre a un quodlibet basado en varias canciones alemanas, dos de las cuales son:

He estado tanto tiempo alejado de ti, acércate, acércate.
(Ich bin solang nicht bei dir g'west, ruck her, ruck her)


y

Coles y nabos me han alejado;
si mi madre hubiera hecho más carne, me habría quedado.
(Kraut und Rüben haben mich vertrieben,
hätt mein' Mutter Fleisch gekocht, wär ich länger blieben)


Las demás han sido olvidadas.

Forkel explica el quodlibet evocando la costumbre familiar los Bach de disfrutar de estos juegos musicales en sus reuniones (la mayoría de los parientes de Bach eran músicos): "Tan pronto como se componían se organizaba un coro. De comienzos devotos se llegaba a bromas que frecuentemente eran un gran contraste. Esto es, cantaban canciones populares de contenido en parte cómico y en parte indecente, mezclándolas de forma improvisada en el momento. A este tipo de armonización improvisada entre melodías la llaman quodlibet, y no sólo se reían los que las creaban y cantaban, sino que también producían una risa desbordante en todos los que las escuchaban".



(Haz click aquí para ver el vídeo.)



(Haz click aquí para escuchar el Aria.)


Fuente: Wikipedia y algún libro que tengo por ahí en donde leí la historia de los nabos.

domingo, 6 de septiembre de 2009

De unos minutos musicales, Mozart, Chopin y los Monty Python

Más de una vez he pensado que debería cambiar mis hábitos insalubres y procaces consistentes en escribir sandeces todos los domingos y optar por reemplazar mis habituales enajenaciones por historias de interés humano, como por ejemplo el concurso de lanzamiento de huesos de aceituna de Cieza.

Otra posibilidad es la que me plantea mi colega y amigo No a todo: cada domingo se marca un post musical instructivo, culto, deleitable y elegante. Como yo no soy culto, ni elegante, ni instructivo ni mucho menos deleitable, lo de compartir música clásica es un modo de proceder que no va conmigo.

Los habituales ya saben que a mí me va más el rollo lúdico-surrealista apoyado en datos inútiles traídos por los pelos para justificar las sandeces que digo. Hoy traigo un post musical, sí, pero en vez de poner música a secas, voy a plantear un juego. (No, señora, no hay más premio que el gozo de disfrutar de la música y, si es posible, animar a algún despistado a que escuche algo más aparte de la sintonía del diario de Patricia.)

En fin, voy a plantear una pregunta que, como todas las que me hago, creo que nadie sabrá responder: ¿Qué tienen que ver Mozart, Chopin y los Monty Python?

Empezamos con el austríaco: En 1787 Wolfgang Amadeus Mozart compuso una de sus óperas más famosas: Don Giovanni. Con libreto de Lorenzo da Ponte, cuenta la historia de Don Juan, y en ella "se incluye la ópera seria en el personaje de Donna Anna, la buffa en los personajes de Leporello y Zerlina y una mezcla de ópera seria y buffa en el personaje de Donna Elvira". Asesinatos, engaños, fornicio, ligoteo y condenación eterna para Don Juan en lo que podría ser un Aquí hay tomate de finales del siglo XVIII (y con esto seguro que me he ganado un par de insultos en los comentarios).

De esta ópera extraigo el La ci darem la mano, el dueto en el que Don Giovanni camela a la pobre Zerlina con intenciones poco honestas:


(Haz click aquí si no ves el vídeo, o haz click aquí si quieres verlo con subtítulos en español, ¡y cantado por una china!)

Vamos ahora con Frédéric Chopin, que convivió con Franz Liszt y que junto a él redefinió la producción musical y la técnica pianística conocida hasta entonces.

El caso es que el polaco escribió una serie de variaciones sobre el La ci darem la mano, y de esas variaciones extraigo este fragmento:


(Haz click aquí si no ves el vídeo)

¡Ay, ay! ¿Y cómo voy ahora a enlazar el tema con los Python? Pues no me pregunten por qué, pero la primera vez que escuché las variaciones de Chopin sobre el La ci darem la mano, me acordé inmediatamente de La canción del leñador y el coro de policía montada del Canadá.

No es justo que sea yo el que diga si se parece o no, así que juzguen ustedes mismos:


(Haz click aquí si no ves el vídeo)

Queridos niños: con esto hemos terminado. Espero que a nadie le sorprenda el desvarío, pues ya es por todos conocidos que vivo en la locura, Q.E.D.