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lunes, 24 de enero de 2011

De cómo disfrutar del universo con sólo levantar la vista al cielo y ver las estrellas


Entre el tejado del cobertizo y la gran planta que cuelga sobre la valla desde la casa de al lado veía la constelación de Orión.

La gente dice que Orión se llama Orión porque Orión era un cazador y la constelación parece un cazador con garrote y arco y flecha, así


Pero eso es una verdadera tontería porque no son más que estrellas, y podrías unir los puntitos como quisieras, y hacer que pareciese una señora con un paraguas que saluda, o la cafetera de la señora Shears, que es de Italia, con un asa y vapor que sale, o un dinosaurio


Además en el espacio no hay líneas, así que podrías unir trocitos de Orión con trocitos de la Liebre o Tauro o Géminis y decir que son una constelación llamada El Racimo de Uvas o Jesús o La Bicicleta (sólo que no tenían bicicletas en las épocas romana y griega, que fue cuando llamaron Orión a Orión).

En cualquier caso, Orión no es un cazador o una cafetera o un dinosaurio. Es Betelgeuse y Bellatrix y Alnilam y Rigel y 17 estrellas más de las que no me sé los nombres. Y son explosiones nucleares a billones de kilómetros de aquí.

Y ésa es la verdad.
El curioso incidente del perro a medianoche, Mark Haddon (1962- ).

Queridos niños: para no cumplir un mes sin postear, nada mejor que sugeriros un libro que (creo) os hará sonreir, entristecer, sufrir y gozar. Se lee en una tarde (sic) que se os hará corta.

Still alive. Gracias por estar al otro lado. Se os quiere.

domingo, 15 de agosto de 2010

De cómo combatir la melancolía con un poco de espuma de afeitar


En alguna parte, el jefe de los ingleses estaba dando una charla sobre la higiene personal y la libre elección. Durante el sermón más de la mitad de los americanos permanecieron dormidos. El inglés subió al escenario y dio unos cuantos golpes secos sobre uno de los tronos, diciendo:

—Muchachos, muchachos, muchachos... ¿pueden prestarme un momento de atención, por favor?

Lo que el inglés predicaba sobre la supervivencia era algo así:

—Si dejan de preocuparse por su apariencia, pronto morirán.

Les contó que ya había visto morir a varios hombres de la siguiente forma:

—Empezaban por andar alicaídos, luego no se afeitaban ni se lavaban, un poco más tarde ya ni se levantaban de la cama, después dejaban de hablar y al fin morían. De todo ello sólo puede sacarse una conclusión: que es una forma muy fácil e indolora de largarse.

Matadero Cinco (o la Cruzada de los niños), Kurt Vonnegut (1922-2007).


Lo parezca o no, este es un post optimista.

Foto: http://1x.com/?viewpic=22420

domingo, 4 de julio de 2010

De gente calentita y piquetes varios


El cabo Nobbs, Presidente y Fundador del Gremio de Guardias, inspeccionó sus
tropas.
—Muy bien, una vez más —dijo—. ¿Qué queremos?
El comité para la huelga había estado reunido durante bastante tiempo, y la reunión había sido en un bar. Los agentes de la Guardia ya estaban algo despistados.
El guardia Ping levantó la mano.
—Eh… un procedimiento compensatorio adecuado, un comité de quejas, una revisión del sistema de ascensos… eh…
—… mejor vajilla en la cantina —ayudó alguien.
—… cese de injustificadas acusaciones de robos azucariles… —dijo alguien más.
—... no más de siete días seguidos de guardias nocturnas...
—… un incremento en el suministro de botas…
—… al menos tres tardes libres al año para funerales de abuelas…
—… no tener que pagar de nuestro bolsillo la comida de las palomas…
—… otra copa. —Esta última demanda mereció la aprobación general.

El agente Shoe se puso en pie. Aún era, en su tiempo libre, el organizador de la Campaña para los Derechos de los Muertos, y sabía cómo iban estas cosas.
—¡No, no, no, no, no! —gritó—. Tenéis que hacerlo más simple. Tiene que tener cadencia. Y ritmo. Como por ejemplo: «¿Qué queremos? Dum-da-dum-da. ¿Cuando lo queremos? ¡Ahora!». ¿Veis? Necesitáis una demanda simple. Probemos otra vez. ¿Qué queremos?
Los guardias se miraron unos a otros, sin que ninguno quisiera ser el primero.
—¿Otra copa? —propuso alguien.
—¡Sí! —dijo alguien detrás—. ¿Cuando lo queremos? ¡AHORA!
—Bueno, eso parece haber funcionado —dijo Nobby, mientras los guardias se amontonaban en la barra—. ¿Qué más vamos a necesitar, Reg?
—Carteles para el piquete —contestó el Guardia Shoe.
—¿Tenemos que organizar un piquete?
—Ya lo creo que sí .
—En ese caso —dijo Nobby firmemente—, hemos de tener un gran bidón de metal para quemar leña dentro mientras estamos en el piquete.
—¿Por qué? —preguntó Reg.
—Tienes que estar alrededor de un bidón grande calentándote las manos —dijo Nobby—.
Así es como la gente sabe que eres un piquete oficial y no una pandilla de vagos.
—Pero somos una pandilla de vagos, Nobby. O por lo menos la gente cree que lo somos.
—Muy bien, pero seamos vagos calentitos.

Terry Pratchett, El quinto elefante (1999)

Dedicado a los usuarios de Metro de Madrid.

martes, 25 de mayo de 2010

Del día de la toalla y todo lo necesario para ser un genuino autoestopista galáctico

¡No se asuste!


¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es la utilidad fundamental de las toallas? ¿O qué necesita un viajero espacial cuando lo hace convertido en un autoestopista galáctico?

No os atormentéis más. He aquí la respuestas:
La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.

Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasco, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya «perdido» por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.

De ahí la frase que se ha incorporado a la jerga del autoestopismo: «Oye, ¿sass tú a ese jupi Ford Perfect? Es un frud que de verdad sabe dónde está su toalla.» (Sass: conocer, estar enterado de, saber, tener relaciones sexuales con; jupi: chico muy sociable; frud: chico sorprendentemente sociabilísimo.)

Douglas Adams (1952-2001). Guía del autoestopista galáctico.


¿A qué viene esto ahora? Pues a que hoy, 25 de mayo, es el Día de la Toalla, celebrado cada año como tributo al Douglas Adams, autor de la Guía del autoestopista galáctico, el primero de los libros que forman la trilogía en cinco partes, formada por la Guía del autoestopista galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el universo y todo lo demás, Hasta luego, y gracias por el pescado e Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva. Una trilogía memorable que todo el mundo debería leer en algún momento de su vida.

En fin, espero que hoy todos vayáis con la toalla colgando en el brazo o, cuando menos, que lo hagáis en espíritu (como haré yo).

Feliz día de la toalla a todos.



Un poco más de información sobre el asunto:

La respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás: 42.

La página oficial del Día de la Toalla: http://www.towelday.org/
El canal en twitter oficial: http://twitter.com/towelday
Para saber si hoy es el día de la toalla o no (imprescindible): http://isittowelday.com/

lunes, 15 de febrero de 2010

Como decíamos ayer


“La vida es la mierda que acontece mientras esperas por momentos que nunca vienen.”


Continuando con la línea editorial positivista que está cogiendo este vuestro blog, y sólo un poco más poético que nuestro amigo Ágorer.

Fuente: www.frkncngz.com

domingo, 7 de febrero de 2010

De ilusiones y mierdas

Agorer


“Cuando deseas una cosa con mucha fuerza, al final te comes una mierda.”

— Agorer, en Muchachada Nui


Al fin y al cabo, en eso consiste vivir, ¿no?.



(Haz click aquí si no ves el vídeo)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

De la libertad

A woman walks past slabs of the former Berlin wall inscribed with the number of people who died each year trying to escape from east Germany at the wall memorial of the Marie-Elisabeth Lueders House of the German parliament in Berlin November 7, 2009.

—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

Miguel de Cervantes Saavedra. (Don Quijote, 2ª parte, Capítulo LVIII)


Foto: http://www.boston.com/bigpicture/2009/11/the_berlin_wall_20_years_gone.html

miércoles, 28 de octubre de 2009

De la historia del vino, y la influencia de ésta en la cultura occidental


Tengo la certeza de que el vino marcó la diferencia entre la cultura occidental iniciada por los griegos que ha llegado hasta nuestros días. Mira quién no hace vino.

— Aztecas y otros indígenas sudamericanos: no logramos que aprendan ortografía. Al menos logramos enseñarles que comerse a sus propios hijos no era decente. Y otras cosas peores que prefiero no decir.

— Musulmanes: su máxima distracción consiste en poner bombas y pegar tiros al aire. No pueden ver fotos guarras y no saben lo que es un escote.

— Chinos y Japoneses: tristes y tristes. Los chinos ya fermentaban mosto hace miles de años, pero la jodieron al meter dentro lagartos y huevos de pato rancios.

— Africanos: no comen ni beben nada que no pueda ser atravesado por una lanza. Además no tienen paciencia. Cazan un elefante y se lo comen en una única fiesta. Serían incapaces de hacer un vino gran reserva.

En EEUU, Australia y Sudáfrica se introdujo el vino con éxito, salvando así de la ignominia a unos pocos. Pero muy pocos.

Conclusión: el camino más corto entre el hueso lanzado por el mono y la nave espacial pasa por 4.000 años de cultura vinícola.

Y al que no le gusta el vino es un animal.

— Mi amigo Ufo, hablando sobre la relación entre el cultivo de la vid y la idiosincrasia de la vieja Europa (con permiso del autor)


Para saber más sobre los viñedos de Jarno Trulli, podéis visitar la página web de Podere Castorani.

martes, 18 de agosto de 2009

De matemáticos, citas matemáticas, y otras cosas sin interés


He visto en Gaussianos la cita de Albert Bartlett:

La mayor deficiencia de la raza humana es nuestra incapacidad para comprender la función exponencial.
y me he acordado de otra de Isaac Asimov:
Puedo aseguraros que un amor no correspondido es una cosa triste; pues bien, sabed que yo amo a la matemática y ella no me hace caso.

En fin, la matemática es un amante exigente, de esas que se cabrean si no estás toda la noche en vela dándole besos en la nuca.

Pues yo paso, que son todas golfas.

domingo, 5 de julio de 2009

De cómo son las mujeres, el veranito y un poco más de Feynman

El subtítulo de este blog sigue rezando "Diatribas de un misógino en la urbe", pero el caso es que, pese a que no hayan cambiado los principios de este humilde narrador de necedades, aquí ya no hay diatribas, ni misoginia, ni, si me apuran, urbe. Podría enzarzarme en un rimero de explicaciones de las que difícilmente saldría bien parado, así que prefiero pasar de puntillas sobre el asunto y quedarme con lo que hoy nos ha traído aquí.

Visitando uno de los blogs que sigo y recomiendo, me encontré con esta fábula deliciosa sobre la visión de cómo son las mujeres a los ojos de un pobre niño ignorante que empieza a descubrir que, en el fondo son todas súcubos.

Por eso, y porque hace tanto tiempo que no hablo de mujeres que ni me acuerdo de la última vez que lo hice, creo que es hora de retomar el tema. Ah, y porque ya llegó el verano y, como me enseñó mi amigo Malasombra (¡felicidades!) que decían los Gomaespuma, "el verano es la época del año en la que las mujeres se quitan el abrigo y se ponen las tetas". Da igual dónde se mire, siempre hay más carne a la vista que encubierta.



Haz click aquí si no ves el vídeo.

Por resumir el vídeo (en serio, ¡hay que verlo!), las enseñanzas son:
  • Hay que mentir a las mujeres, o de lo contrario se vuelven locas.
  • Las mujeres no tienen sentido del humor.
  • Las mujeres nunca hacen nada gratis, pero si tienes algo que quieran, puedes negociar.
  • Las mujeres son sensibles a las emociones. Harán cualquier cosa si muestras un poco de vulnerabilidad.
  • Las mujeres son lo mejor que hay en el mundo.
Aunque algunas de las reflexiones de Mathias son discutibles (sobre todo la última, comparando con un coche italiano), se me ha venido a la memoria otra historia que contaba en su ¿Está usted de broma Señor Feynman? nuestro siempre admirado Richard Feynman, premio Nobel de Física, músico de bongos y experto en psicología femenina.

Decía así:
Tras la muerte de mi esposa [su primera esposa murió de tuberculosis], tenía que volver a empezar, por lo que tenía interés en conocer algunas chicas. En aquellos días se hacían un montón de bailes de sociedad, que servían para que la gente se mezclase y conociese mejor, especialmente los recién llegados y los veteranos.

Recuerdo el primer baile al que asistí. No había ido a bailar durante los tres o cuatro años que estuve allá el Los Álamos [mientras participaba en el Proyecto Manhattan]; ni siquiera había estado en sociedad. Así que fui a ese baile y procuré bailar lo mejor que sabía, y me pareció que aún lo hacía razonablemente bien. De ordinario se puede saber sin más que observar si tu pareja se siente a gusto.

Conforme bailamos yo solía hablar un poco con la joven que tenía de pareja; ella me hacía algunas preguntas referentes a mí, y yo otras tantas a ella. Pero cuando quería volver a bailar con alguna joven con la que hubiera bailado ya, tenía que buscarla.
«¿Quieres bailar otra vez conmigo?»
«Disculpa, pero necesito un poco de aire fresco» O bien: «Verás, es que tengo que ir al servicio», y otras excusas por el estilo, y así con dos o tres chicas seguidas. ¿Qué tenía yo de malo? ¿Tan chapucera era mi forma de bailar? ¿Es que mi personalidad les resultaba repulsiva?

Bailé con otra joven más, y vuelta a repetir todo el cuestionario: «¿Eres estudiante de primer ciclo, o estás graduado ya?» (Había muchos estudiantes mayores de lo normal, porque habían estado en el servicio militar.)
«No, soy profesor.»
«¿Oh? ¿Profesor de qué?»
«Física teórica.»
«Imagino que trabajaste en la bomba atómica.»
«Pues sí. Estuve en Los Álamos durante la guerra.»
Ella dijo: «¡Eres un maldito mentiroso!» y se marchó.

Eso me quitó un gran peso de encima. Lo explicaba todo. Ingenuamente, yo había estado diciéndoles la verdad pura y simple, sin caer en la cuenta de que era lo malo. Era absolutamente obvio que mientras me comporté con toda naturalidad, contestando a sus preguntas y siendo sincero y cortés, las chicas me esquivaban una tras otra. Todo parecía muy bonito y de repente, ¡zuup!, ya no funcionaba. No comprendía nada hasta que aquella mujer me llamó maldito mentiroso.

Probé entonces a evitar todas las preguntas, y con ello logré el efecto contrario.
«¿Eres de primero?»
«Bueno..., no.»
«Entonces estás haciendo la tesis.»
«No.»
«¿Pues qué eres?»
«No lo quiero decir.»
«¿Por qué no quieres decirnos lo que eres?»
«Porque no quiero...», y ellas seguían hablándome.

Acabé con dos muchachas en mi casa, y una de ellas no hacía más que decirme que no debía sentirme inferior por ser de primero; que había otros muchos chicos de mi edad empezando los estudios universitarios, lo cual era realmente cierto. Ambas eran de segundo curso, y las dos se mostraban muy protectoras y maternales. Trabajaron intensamente en mi psicología; pero yo no quería que la situación llegara a crear ningún malentendido, así que les revelé que era profesor. Se molestaron mucho al sentirse engañadas. Tuve muchos problemas desempeñando mi papel de joven profesor en Cornell.
Podría ahora volver a mis diatribas sobre las mujeres, pero, por supuesto, cualquier cosa que yo dijera aquí sería supérflua y fundamentalmente errónea. En el caso improbable de decir algo cierto, sería algo que ellas ya saben, y que sin embargo nosotros no seríamos nunca capaces de llegar a comprender.

Cualquier perversidad, cualquier crueldad, cualquier inquina que se nos pueda pasar a los varones por la cabeza, sólo será un resoplido comparado con en el vendaval de maldad que es la fértil imaginación de una mujer.

Queridos niños: Sólo puedo terminar repitiendo el axioma que, no se equivoquen, no es original mío sino de mi amigo Ramón: "Las mujeres son blanditas y huelen bien". Lo que sí es mío y del saber popular, no lo duden, es aquello de "Son todas golfas".

En fin, si pese a todo algún caballero sigue empeñándose en intentar entender a las mujeres, ya sabe cómo funciona esto del amor.

¡Ah!, y recuerden que son todas golfas menos mi madre.



Después de haberlo escuchado media docena de veces se me ha pegado hasta la música del vídeo, que se llama Blow your mind, de Thomas Haardell.

miércoles, 29 de abril de 2009

Cita: Qué gusto da...


“Una persona que merece una hostia, qué gusto da cuando se la das. Verla y darla.”

Bud Spencer, en Muchachada Nui











Haz click aquí si no ves el vídeo.

¡Gracias Arturo por el enlace!

miércoles, 22 de abril de 2009

En el último momento...


“Las vidas de las personas pasan delante de sus ojos antes de que mueran, y el proceso se llama «vivir».”

Terry Pratchett, El país del fin de mundo (1998)


¡Feliz día del libro!

domingo, 15 de marzo de 2009

De Irma la Dulce, amores ilegales y odios legítimos

Irma la Dulce


“En el mundo en el que vivimos el amor es ilegal, pero no el odio. Puedes odiar en cualquier lugar, en cualquier momento, y a cualquier persona. Pero si quieres un poco de calor, un poco de ternura, un hombro sobre el que llorar, una sonrisa que abrazar, tienes que esconderte en rincones oscuros, como un criminal.”

Irma la Douce (Billy Wilder, 1963)


Al hilo del post de la semana pasada, me he aplicado la oración por pasiva y este fin de semana me he puesto Irma la Dulce (o Irma la Douce según su nombre original, que suena mucho mejor). Para describir lo deliciosa que es, siempre digo que es una película que cuenta la historia de una prostituta y que pese a ello le gusta a mi madre (no desvelo el final, pero se supone). La semana que viene, El Apartamento.

domingo, 8 de marzo de 2009

De Billy Wilder, el toque Lubitsch y la gente que va al cine sin pasar antes por el baño

Billy Wilder, Jack Lemmon

Le voy a contar mi mejor anécdota, que está relacionada con los preestrenos. Íbamos a exhibir Ninotchka, y Lubitsch nos llevó también a los guionistas, era en Long Beach. En el vestíbulo había una pila de tarjetas, en las que se invitaba al público a escribir sus opiniones. Total, empieza la película, y la sesión transcurre bien. Luego, Lubitsch coge las tarjetas, un montón, y no deja que las toque nadie más. Nos metemos en la gran limusina de MGM. Encendemos la luz. Mira las tarjetas y empieza a leer "Muy buena"... "Brillante"... Veinte tarjetas. Pero, cuando llega a la número veintiuno, empieza a reír como no le había visto nunca, y le preguntamos: "¿Qué ocurre?". Retiene las tarjetas; no dejas que las vea nadie más. Por fin, se tranquiliza un poco y empieza a leer. Y lo que decía —aún tengo la tarjeta— era: "La película más divertida que he visto nunca. Me he reído tanto que me hice pis en la mano de mi novia".

Cameron Crowe, Conversaciones con Billy Wilder


Hace poco comenté que gustaba de usar como marcadores de libro los recibos del cajero, y que, cuando encontraba algo que me llamaba la atención, cortaba una tira del recibo para marcar la página donde estaba. Precisamente en estos días me he encontrado por la estantería las Conversaciones con Billy Wilder, un libro tan felizmente divertido que cuando lo leí tuve que usar dos de los recibitos del cajero, porque el primero lo gasté entero marcando pasajes.

Una lectura obligada para cualquiera que guste de la obra de Wilder, del séptimo arte en general, o de echarse unas risas con una buena lectura.

Queridos niños: mi recomendación de hoy es que os busquéis alguno de los clásicos de Wilder (Con faldas y a lo loco, El Apartamento, Irma la Dulce o En bandeja de plata serían una buena elección) y disfrutéis. Porque vais a disfrutar como enanos.

Y sí, ya sé que hoy era el día de la mujer trabajadora, pero aquí ya hablamos de ello y no era plan de repetirnos más de lo estrictamente necesario.

jueves, 12 de febrero de 2009

Cita: De cómo funciona el mundo

Presentaciones eficaces


“Tú me das powerpoint, yo te doy dinero. Así funciona el mundo.”

— Oído por mi amigo Ufo en su oficina

domingo, 14 de diciembre de 2008

De John von Neumann, la conducción agresiva y cantar mientras se conduce

Ferrari weird crash


John von Neumann era un conductor agresivo y aparentemente temerario. El total anual de reparaciones por accidentes sumaba aproximadamente el precio de su coche. Un cruce en Princeton tenía el sobrenombre de "la esquina de Von Neumann", debido a todos los percances automovilísticos que allí tuvo. Entre sus papeles personales se guardan memorias de accidentes y detenciones por exceso de velocidad. El 16 de noviembre de 1950 Von Neumann tuvo un accidente que supuso arreglos sin importancia en la chapa. El 23 de octubre de 1951 se le multó con diez dólares por una infracción de tráfico. El 19 de mayo de 1953 fue detenido por exceso de velocidad en la autopista West Side en Nueva York. El 15 de julio de 1953, apenas dos meses después, alcanzó a un coche aparcado, dañando su puerta, en Santa Mónica.
[...] Cuthbert Hurd, por entonces director del departamento de ciencias aplicadas de IBM, me comentó que el problema de Von Neumann tenía más que ver con el canto que con el alcohol: giraba el coche a un lado y a otro, moviendo el volante al compás de la música. Cuando Von Neumann condujo hasta las oficinas de IBM en Poughkeepsie, Nueva York, fue citado judicialmente varias veces por infracciones de tráfico en la ciudad de Nueva York; mandó las multas a IBM, que tenía una oficina en el bajo Manhattan situada, muy convenientemente, cerca del Ayuntamiento.”

— William Poundstone, El dilema del prisionero.


Queridos niños: hablábamos hace poco de la conducción colérica. Como vemos, nada tiene que ver con la conducción musical. Sólo os pido una cosa: si bebéis estas Navidades, no cojáis el coche.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Cita: Sobre sonrisas y demás

Buster Keaton


“Conozco múltiples formas de mostrar que estoy contento, pero ninguna de ellas es la sonrisa”

Buster Keaton (1895-1966)


domingo, 7 de diciembre de 2008

De vaqueros, físicos, y un par de historias no relacionadas

Cowboy duelEsta semana tuve, por razones que espero explicar en otro post (que intentará servir de disculpa, pero no de descargo), vacaciones hasta el jueves.

Vacaciones difusas; en primer lugar porque no acudí a aquello que originó que las pidiera (haciendo un feo que será difícil de enmendar, por mucho post que escriba al respecto), y en segundo porque estuve malo la mitad de los días (sufro el conocido por los médicos como "síndrome Ventura", consistente en enfermar cada vez que tengo vacaciones a la vista).

Pero no todo hubieron de ser malos momentos. Aproveché para ir a saludar a una amiga de la Universidad. Y digo saludar cuando debiera estar hablando de una visita cuasi-profesional, pero creo que mis lectores ya saben sobradamente que lo más profesional que he hecho en los últimos 2 años han sido las fotos del Martini Legends, y eso contando con que el 99% de las fotos fueron obtenidas con el famoso método de "bombardeo por saturación".

Disfruté de más de una hora de animada charla hablando de lo divino y lo humano, el pasado, el presente y el futuro de la formación universitaria en España, y de más cosas que quedarán en el secreto de sumario.

No recuerdo muy bien cómo siguieron los derroteros de la conversación, pero, para variar, desde la crisis que tenemos encima acabamos hablando de George Gamow y de la mutua afición de ambos por su libro por excelencia, la Biografía de la Física que ya mentamos aquí al hablar del sentido del humor de Niels Bohr y del conocido como Efecto Pauli.

El caso es que mi amiga (me tomo la licencia de tratarla como tal) recordó entre risas una de las muchas anécdotas que cuenta Gamow sobre Bohr: la de las pistolas. Mi cada vez más enjuta memoria volvió a dejarme en evidencia, porque no hace ni un mes que acababa de releer el libro y, sin embargo, no la recordaba.

Llegamos a sacar el libro para buscar el pasaje en cuestión que, aunque no lo encontramos en su momento, es este:

La afición de Bohr a las películas del Oeste se tradujo en una teoría desconocida para todos excepto para sus conocidos de cine [compañeros con los que iba al cine] en aquel tiempo. Todo el mundo sabe que en las películas del Oeste (al menos en el estilo de Hollywood) el pillo dispara en seguida, pero el héroe es más rápido y siempre mata al bribón. Niels Bohr atribuyó este fenómeno a la diferencia entre las acciones deliberadas y las acciones condicionadas. El bribón ha de decidir cuándo ha de echar mano de la pistola, mientras que el héroe dispara más rápidamente porque actúa sin pensar cuando ve al bribón echar mano de la pistola. Todos discrepamos de la teoría y a la mañana siguiente el autor [George Gamow siempre se trataba a sí mismo como "el autor"] se fue a una tienda de juguetes para comprar un par de pistolas de cowboy. Nosotros disparábamos sobre Bohr, que hacía de héroe, pero él nos mató a todos.

Queridos niños: ¡Y yo pensaba que me lo pasaba bien en el trabajo! ¿Cuántos de nosotros hemos acabado pegándonos tiros con pistolas de juguete para demostrar una teoría? Yo estoy deseando que surja la oportunidad. Y, si hay que hacerlo con las pistolas cargadas, por mí que no quede.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Cita: Sobre la inmadurez

Madurez


“Lo que distingue al hombre inmaduro es que aspira a morir noblemente por una causa, mientras que el hombre maduro aspira a vivir humildemente por ella.”

Wilhelm Stekel (1868-1940)


Lo leí en El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Del efecto Pauli y otras chanzas

Wolfgang Pauli

Wolfgang Ernst Pauli era un físico teórico de primera clase, y entre sus amigos su nombre será asociado siempre con el misterioso fenómeno llamado «efecto Pauli». Es sabido que todos los físicos teóricos son muy torpes en el manejo de los instrumentos experimentales y con mucha frecuencia rompen aparatos caros y complicados con sólo tocarlos. Pauli era un físico teórico tan bueno que rompía cosas en cuanto andaba por un laboratorio. El caso más convincente del efecto Pauli ocurrió un día en que el instrumental del profesor James Frank, en el Instituto de Física de la Universidad de Göttingen, hizo explosión y quedó destrozado sin razón aparente. Las investigaciones posteriores mostraron que la catástrofe se produjo exactamente a la misma hora en que un tren donde viajaba Pauli, de Zúrich a Copenhague, se detuvo cinco minutos en la estación de Göttingen.

— George Gamow, Biografía de la física