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miércoles, 14 de mayo de 2008

De supernovas, el universo invisible y astrónomos del S.XVI

Una mota de polvo en el espacioHace un par de días comentaba con un amigo (sí, el de siempre) que tras un par de post a carreras de F1 y otro muy jugoso que aunaba golfas y F1 ahora tocaba hablar de ciencia o dedicar otra entrada a los lamentos. Como a los amigos por lo general no les gusta leer cómo se consumen las vidas de sus colegas, pensó rápidamente en algo relacionado con la ciencia:

No escribas un post, escribe dos: uno sobre el anuncio del gran descubrimiento que va a hacer la NASA este miércoles, y otro después de que haga el anuncio, para decir que ha sido una mierda.
La verdad es que la idea no era mala, pero entre que no me apetecía ponerme a escribir y que no me parece que este blog tenga mucho interés en el mundo científico (aunque más bien no tiene ningún interés en general) le contesté algún exabrupto y dejé pasar la oportunidad.

La noticia en sí no sólo despertó la curiosidad de los aficionados, sino que también puso en funcionamiento su imaginación; sólo por eso la NASA se merece un aplauso.

Las apuestas daban como claro ganador claro al primer agujero negro visto (permítanme la expresión) por el ser humano, aunque, como bien apuntaba un tal Alberto en microsiervos, «No creo que sea la mayoría de las que se han dicho. Más que nada por que no se busca un agujero negro en el centro de la galaxia desde los años 50, ni tampoco vida extraterrestre, que se busca desde mucho antes, ni supernovas, porque ya tenemos bastantes cazadas, ni la demostración de la teoría de supercuerdas, porque es de los 60-70. Tiene que ser algo que se lleve buscando desde los años 50 y que probablemente sea teórico desde mucho antes.»

Y en esas estábamos, cuando finalmente la NASA hizo su anuncio.

El patio de mi casa es particular...En mi ignorancia, que es muy grande y fuerte, cuando vi la foto con el pie que rezaba Supernova remnant G1.9+0.3 no pude seguir leyendo y pensé que eran los restos de la supernova que en su momento vio Tycho Brahe. Cito de wikipedia:

En 1572, cuando tenía 26 años de edad, Tycho observó una supernova en la constelación de Cassiopeia. En aquella época se creía en la inmutabilidad del cielo y en la imposibilidad de la aparición de nuevas estrellas pero el brillo de ésta era incontestable. Inicialmente la estrella era tan brillante como Júpiter, pero pronto superó la magnitud -4, siendo visible incluso de día. Poco a poco fue desvaneciéndose hasta dejar de ser visible hacia marzo de 1574. Cuando Tycho publicó las observaciones detalladas de la aparición de esta supernova se convirtió instantáneamente en un reputado astrónomo. Llamó a la estrella Stella Nova.

Tras décadas de observación de Tycho Brahe, los progresos en cuanto a las teorías planetarias no parecían ir a la par de los esfuerzos llevados a cabo tanto por él como por sus ayudantes. Y aquí entró en juego Kepler, quien, a partir de las observaciones de Brahe enunció las famosas Leyes de Kepler:
  • Todos los planetas se desplazan alrededor del Sol describiendo órbitas elípticas, estando el Sol situado en uno de los focos
  • El radio vector que une el planeta y el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.
  • Para cualquier planeta, el cuadrado de su período orbital (tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor del Sol) es directamente proporcional al cubo de la distancia media con el Sol.
Estas leyes definían el movimiento planetario con una exactitud nunca vista, aunque sería Newton quien más tarde enunciara la Ley de Gravitación Universal a partir de la tercera ley de Kepler.

Es curioso que, al igual que hiciera Brahe, también Kepler pudo observar una supernova, en 1604.

Esta es una de esas historias que se recogen en cualquier libro de divulgación que se precie de serlo, así que basta con haber leído un par de ellos para que se te vengan de inmediato Brahe y Kepler a la cabeza en cuanto alguien dice supernova.

Pero volvamos al descubrimiento de la de la NASA, porque las que vieron Brahe y Kepler estaban descubiertas y redescubiertas, aunque yo no lo supiera.

La explosión de esta supernova ocurrió hace 140 años. Quizás puedan parecer muchos, pero considerando que el nacimiento del Universo se produjo hace unos 14.000 millones de años, si lo comparamos con los 80 años que puede vivir una persona equivale a decir que sucedió hace algo así como 25 segundos, bastante menos que lo que tardamos en ir al baño, y no estamos hablando de un fenómeno tan habitual como este último.

¿Y qué tiene esta supernova de particular? Pues que no pudo verse en el espectro de luz visible porque
ocurrió en un punto cercano al centro de la galaxia, embebido en una densa nube de gas y polvo. Esto hizo que su luz palideciese un billón de veces (en luz óptica) en comparación a una supernova que no hubiese sido velada. Sin embargo, los restos que provocó (G1.9+0.3) han podido observarse ahora mediante rayos x y radio imágenes. [cito de aquí].
Vamos, que hace 140 años teníamos una supernova en el patio de detrás como quien dice, pero que no pudimos verla porque lo teníamos lleno de polvo cósmico.

Queridos niños: para variar, no puedo expresar con palabras la sensación de pequeñez que, una vez más, me ha invadido al ver las imágenes de esta G1.9+0.3. La capacidad de sorprenderme —sorprendernos— del Universo nunca decae.



Foto: http://observatorio.info/2007/09/volando-por-el-espacio. Está en tamaño gigante aquí.
La foto de Chandra: http://chandra.harvard.edu/photo/2008/g19/g19.jpg

domingo, 9 de diciembre de 2007

De genios y lentos de entendederas

Heisenberg junto a Bohr tomando la posiblemente mejor cerveza del mundoLos que me conocen saben que estos últimos días no tengo la cabeza en su sitio. Entiéndanme, no es que de costumbre suela yo tener la cabeza muy bien ubicada, pero es que cuando las habituales enajenaciones mentales se acompañan de disyuntivas engalanadas con dudas, se hace complicado tener algo claro en la cabeza.

Ya comentaré en su momento, si procede, la inextricable maraña de dudas a las que ahora mismo tengo que combatir (con poco éxito, todo sea dicho); pero antes, como ya he dicho que tengo la cabeza a las 4 de la tarde, hoy voy a hablar de un señor del que hemos oído hablar todos los que pasamos por el bachiller antes de que llegara la LOGSE: Niels Bohr.

Quizás lo más representativo sea que Bohr fue quien planteó la teoría de las órbitas cuantificadas a partir de los trabajos previos de Rutherford. Esto es, que en cada orbital alrededor del núcleo del átomo sólo tienen cabida un número finito de electrones.

Entiéndanme, no es que sueñe con daneses, o que ande desentrañándoles los secretos a los modelos atómicos de principios de siglo. Todo ha venido porque estos últimos días, para ayudarme a conciliar el sueño, he leído un libro llamado Biografía de la física, de George Gamow.

Antes de ensalzar su figura y hablar de algunas de sus aportaciones a la física, Gamow hace un sucinto resumen en el que describe la idiosincrasia de Bohr. En ese resumen Gamow deja perlas como esta:

Probablemente su cualidad más característica era la lentitud de su pensamiento y comprensión.

Curioso cuando menos. Pero seguimos leyendo:

Hacer algo (con Bohr) significaba indefectiblemente ir al cine, y a las únicas películas que le gustaban eran las tituladas "Lucha a tiros en el rancho Lazy Gee" o "El jinete solitario y una muchacha sioux". Pero era penoso ir con Bohr al cine. No podía seguir el argumento y nos preguntaba constantemente, con gran enojo del resto del público, cosas como ésta: "¿Es ésta la hermana del vaquero que mató de un tiro al indio que trataba de robar el ganado que pertenecía a su cuñado?"

Créanme, he intentado buscar qué películas eran "Lucha a tiros en el rancho Lazy Gee" y "El jinete solitario y una muchacha sioux". Puede que la traducción de las películas haya sido especialmente creativa, pero lo más parecido que he encontrado ha sido Romance of the Lazy K Ranch, del año 1910. En cuanto al jinete solitario, la cosa es aún más complicada.

Gamow sigue diciendo:

Otro ejemplo de la lentitud de pensamiento de Bohr era su poca habilidad para encontrar una rápida solución a los crucigramas. Una tarde el autor fue a la casa de campo de Bohr (al norte de Jutlandia), donde Bohr había estado trabajando todo el día con su ayudante, León Rosenfeld, en un importante trabajo sobre las relaciones de incertidumbre. Ambos, Bohr y Rosenfeld, estaban completamente agotados por el trabajo del día y, después de cenar, Bohr indicó, para descanso, resolver un crucigrama de alguna revista inglesa. La cosa no marchó muy bien y, una hora más tarde, fru Bohr ("fru"' significa en danés señora) sugirió que debíamos irnos todos a dormir. Quién sabe a qué hora de la noche, Rosenfeld y yo, que compartíamos la habitación de invitados en el piso superior, fuimos despertados por unos golpes en la puerta. Saltamos de la cama preguntando: "¿Qué hay? ¿Qué ocurre?" Entonces oímos una voz apagada a través de la puerta:"Soy yo, Bohr. No quiero perturbarles, pero quiero decirles que la ciudad industrial inglesa con siete letras, que termina en ich, es Ipswich."

Esto sólo puede querer decir dos cosas: o Bohr tenía muchos amigos insomnes o a los amigos que tenía no les importaba ser despertados con sandeces en mitad de la noche, de lo cual concluimos que esta debe ser una cualidad muy útil si se pasa la noche con mujeres o físicos.

Ya para terminar, vemos este pasaje:

Una vez, ya tarde, por la noche (hacia las once por los relojes de Copenhague), el autor volvía con Bohr, Fru Bohr y un físico holandés, Cas Casimir, de una cena dada por uno de los miembros del Instituto de Bohr. Cas era un experto escalador de fachadas, y a menudo podía vérsele en la biblioteca del Instituto encaramado cerca del techo, en lo alto de los estantes de libros, con un libro en la mano y las dos piernas estiradas a lo largo. Íbamos por una calle desierta y pasamos al lado del edificio de un banco. La fachada del banco, formada por grandes bloques de cemento, llamó la atención de Casimir y escaló dos pisos. Cuando bajó, Bohr quiso igualar la hazaña y ascendió lentamente por la fachada del banco. Algo confusos, Fru Bohr, Casimir y yo, estábamos debajo observando la lenta ascensión de Bohr por la pared. En ese momento, dos guardias de la ronda de noche se aproximaron rápidamente por detrás, dispuestos a la acción. Miraron a Bohr, que pendía entre el primero y el segundo piso, y uno de ellos dijo: "Oh, no es más que el profesor Bohr", y ya completamente tranquilos siguieron su camino.

Bohr era un tío gracioso, sin duda.

Queridos niños: si hace poco decíamos que a partir de los 26 la vida va cuesta abajo, hoy encendemos una vela a la esperanza, puesto que, por tocinos que seamos, siempre hay genios que están más locos.