Del templo de Horus, la vuelta de los Ferrero Roché, y los DVDs de Jackie Chan
Cuando un varón de bien da su palabra de hacer algo, se dan tres posibilidades en función de a quién se le haya hecho la promesa. La primera es haber dado la palabra a una golfa; en ese caso se aplica la máxima "prometer hasta meter, y después de metido, nada de lo prometido". La segunda es haber dado la palabra a otro varón, en cuyo caso puede uno intentar escaquearse y esperar que no le partan la cara, o cumplir y quedar como un señor. La tercera es haber dado la palabra a un dios; en ese caso, más vale cumplir lo prometido.
Recordarán que el fin de la temporada pasada estaba, cuando menos, apurada: Hamilton iba camino de ganar su primer campeonato, y Massa se lo estaba poniendo difícil (o al menos no demasiado fácil).
De todos es sabido que mi deseo, mi afición y mi pasión era que un Ferrari ganara el mundial, y el piloto que más cerca estaba de conseguirlo era Massa.
Podía haber esperado en un cruce de caminos una noche de luna llena para hacer un pacto diabólico; pero en lugar de eso el propio dios Horus se puso a nuestra disposición para, en un alarde de generosidad, intervenir dándole emoción a las últimas carreras, y yo le prometí edificar un templo en su honor.
Quien se tome a cachondeo que un dios del antiguo Egipto tenga conexión a internet y se dedique a comentar por los blogs de aficionados a la F1, sólo tiene que plantearse esta pregunta: ¿Cuántos años hacía que Ferrari estaba sin puntos tras las dos primeras carreras? ¿Y un coche rojo con neumáticos de lluvia extrema cuando aún está seco el asfalto? ¿Cuántos años hacía que no se quedaba una carrera sin terminar? ¿Cuándo fue la última vez que vieron a un piloto con medios puntos?
Para mí sólo hay una explicación: intervención divina.
Lo malo de ser un dios es que no tienes a nadie a quien rezar. Lo bueno es que puedes coger a cualquier incauto y hacerle la vida imposible hasta que acceda a cumplir tus exigencias. Eso, o fastidiar las cosas que le gusten al pobre desgraciado, como, por ejemplo, la Scuderia de sus amores.
Ser acosado por un dios vengativo, inclemente, cruel y un poco cabronazo no es algo que aconseje a nadie, así que por el amor a unos colores me veo en la obligación de cumplir con lo prometido si no quiero ver a Ferrari repetir la larga travesía por el desierto que ya padeció entre 1983 y 1999, cuando el equipo más longevo de la F1 sufriera una sequía de títulos de constructores que duró 16 años, 21 en el caso de los pilotos.
¿Saben a dónde van a parar todos los calcetines que se pierden en las coladas de todo el mundo? Sí, las tiene Horus como castigo a Peter Langston, famoso coleccionista de calcetines, quien, en pleno siglo XVIII, le prometió a Horus un par de calcetines de lana si le ayudaba a encontrar el camino de vuelta a su casa en Essex cuando salió del pub O'Flannahan afectado por las bebidas espirituosas. Llegó a su casa, pero se olvidó de su promesa.
No hay gloria sin sufrimiento, así que la única salida es satisfacer la petición de Horus y construir (de hecho habrá que empezar) el templo que desde hace tanto tiempo me viene pidiendo. Como prometí en el último Gran Premio,
esta semana tendrás el altar, unas vírgenes y un pack en DVD de las mejores películas de Jackie Chan.Bien se encargó Horus de recordarlo, así que es hora de cumplir, y esta semana toca empezar el templo que, por supuesto y como mandan los cánones, pretende dejar el antiguo templo de Edfu como si fuera un retrete portátil.
Las concubinas son un poco feas, pero esperamos ir mejorándolas en los sucesivos grandes premios (no en China, desde luego).
Y, además del pack de películas de Jackie Chan, que ya está de camino de Karnak por Seur 10, incluimos un DVD de extras con las mejores lesiones durante los rodajes:
Si no ves el vídeo haz click aquí.
Queridos niños: Por mal que hayan empezado, este año vamos a por todas.
La foto del templo de Horus la encontré aquí.






