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martes, 29 de enero de 2008

De porqué las mujeres no pillan los chistes

No lo pillo...Es absolutamente cierto: últimamente en este vuestro (mi) blog no estábamos haciendo honor al lema con tanto orgullo reza la cabecera. Y es que de las diatribas de un misógino en la urbe hemos pasado a las mariconadas sensibleras de los últimos tiempos, y en este saco incluimos despedidas lacrimógenas, peroratas medrosas tomadas de terceros e introspecciones absurdas y timoratas. Pues sí, tienen ustedes toda la razón al quejarse y exclamar que ya está bien. Si hay que levantarse, alzar la voz y dar un puñetazo en la mesa, se da.

Y si hay que decir lo que el público quiere oír, se dice.

Por supuesto, el público ya desde tiempos de Nerón tenía muy claro que para entretenerse lo mejor es ver sangre en la arena. Quizás en una de esas luchas entre aguerridos gladiadores palmara el ídolo de la afición, pero, oiga, si no aguanta una broma no venga al pueblo. Siempre habrá otro la semana siguiente dispuesto a bregar con un negraco de 2 metros por salvar la vida, el honor y la libertad y, por encima de todo, por entretener al Emperador y a sus súbditos. ¡Que no decaiga el espectáculo!

Así que, señoras, váyanse a buscar trapitos porque aquí comienza el gran circo.

¿Y qué debe hacer el resto? Pues seguir leyendo si es que es de su gusto, porque, no lo duden, a estas alturas ya ha debido ofenderse alguna visitante casual. Y digo que se haya ofendido alguna casual porque espero que las habituales (si es que las hay) ya sepan que esto atañe a las de siempre.

¿Por qué habrían de tomarse a mal esas dueñas que yo venga aquí a decir sandeces? Aunque no lo crean, la respuesta está en los genes. O al menos eso dice el profesor Sam Shuster, del Hospital Universitario de Norfolk y Norwich, Inglaterra, que ha hecho un estudio montado en un monociclo:

Por naturaleza, los hombres son más cómicos que las mujeres debido a que poseen la hormona testosterona.

La verdad es que admiro al menda en cuestión. ¿Se hubiesen ustedes imaginado a una profesora montada en un monociclo por la calle estudiando si se ríen de ella o no?

El profesor también puntualiza algo que ya dijimos nosotros aquí hace meses:

Las mujeres hacen menos chistes que los hombres y los comediantes de sexo masculino superan en número a las comediantes de sexo femenino.

¿Qué conclusión nos lleva a inferir todas estas gilipolleces aquí referidas? Pues que si me hubieran dicho antes que mi complejo de payaso no era más que una forma de liberar testosterona, seguramente hubiera hecho un chiste y me hubiera escondido debajo de la cama (por aquello de que encerrarse en el armario es poco masculino).

Y yo me pregunto entonces: si la testosterona provoca el sentido del humor, ¿tener cara de tebeo es entonces síntoma de virilidad? Si es así no entiendo cómo es posible que no caigan las mujeres rendidas a mis pies en cuanto me ven.

Siguiendo con el artículo en cuestión, resulta que no todo son chanzas entre varones. Cuando uno es demasiado gracioso pasa de ser una compañía jocosa a ser un puto estorbo:

Neave indicó que los hombres podrían responder de manera agresiva debido a que consideran a otros hombres en monociclo como una amenaza, distrayendo la atención femenina de ellos mismos.

Y con esto ya estamos a vuelta con lo de siempre: todo gira en torno al sexo. Aunque, la verdad, es que todos sabemos lo que quieren las mujeres cuando se habla de evolución de la especie, y no me estoy refiriendo a ser más hábil en el medio en el que vivimos, a estar más adaptado al medio o a proporcionarle mejores recursos a la prole.

Queridos niños: a aquellos que "salen de caza" las noches de los fines de semana sólo me queda recomendarles que en vez de repeinarse, acicalarse y vestir sus mejores galas, la próxima vez lo que deben hacer es vestir unos pantalones anchos, calzarse unos buenos zapatones, enfundarse una nariz roja y no temer llevar una peluca de color verde. ¡Suerte!

domingo, 2 de septiembre de 2007

De cómo distinguir una mujer de un calamar gigante

Ursula Andress obtuvo un 5 en nuestro test

Se puede ver el mar como ese gran desconocido que durante siglos hizo que los grandes filósofos de todas las civilizaciones antiguas creyeran que el Universo entero estaba hecho de agua. Hielo sólido, vapor gaseoso, agua líquida: agua por todas partes. O bien se puede considerar el mar como un charco grande donde remojar las nalgas tras pasarnos la mayor parte de la mañana tostándolas bajo un sol de justicia, y donde se puede intentar sacar con el vaivén de las olas la arena que se ha metido en el ojete mientras estábamos sentados en la toalla.

En esta época estival, muchos son los que con el ánimo de solazarse acuden a la playa para, un mes después, volver a la planicie castellana con la chepa quemada, la billetera huera y el ego al mismo nivel que las ganas de volver al trabajo.

Las mujeres sienten una irrefrenable necesidad de ir a la playa para cumplir un rito, una tradición, una ceremonia milenaria: restregarles a sus amigas que ellas también han ido a la playa, que han ido más días, que están más morenas, más delgadas, y que, además han pillado menos atasco al ir y al volver.

Los peligros de ir a la playa

Entre los varones, los encontramos de dos tipos: los abnegados ciudadanos que cumplen con el rito de ir a la costa a satisfacer el ansia de sus señoras por padecer un melanoma, y los que se arriman a la brisa marina con la intención de arrimar igualmente otra cosa a las hembras que van sin acompañantes masculinos.

Estos últimos se encuentran en más de una ocasión con circunstancias que les llevan, en el mejor de los casos, a la sorpresa. Ellos acuden a las playas con el ánimo de solazarse para, un mes después, volver a la planicie castellana con la chepa quemada, la billetera huera y el ego al mismo nivel que las ganas de volver al trabajo, pero, eso sí, habiendo mojado el churro. Sin embargo, una vez que han pinchado la sombrilla en la arena, descubren horrorizados ciertos especimenes que pululan por las playas españolas que no son fácilmente clasificables en ninguna de las familias definidas por los biólogos.

Aunque ellos esperan encontrar nereidas salidas del océano como visiones cuasi idílicas, lo normal es que, en efecto, tal y como están imaginando, sea harto complicado distinguir si estos especimenes son mujeres o, en el mejor de los casos, calamares gigantes.

Por mis cojones que esto tiene que ser un calamar gigante

Como bien saben nuestros eximios lectores, al macho español no le duelen prendas a la hora de cortejar a cualquier bicho con patas y agujeros; así que, en más de una ocasión, el camino de vuelta a casa desde la costa se convierte en un sinvivir, además de por el atasco, por los remordimientos. ¿Y si me he liado con un calamar gigante? ¿Qué le voy a contar a mi confesor?

Hoy, cuando muchos de esos valientes luchadores, adalides de la virilidad, retornan a sus casas en un renault clio atestado de maletas y chismes y apestado además por las sobras de la comida que llevaron en el viaje de ida, queremos darles la respuesta a esa duda que les atenaza, les subyuga y les martiriza: por fin van a saber si han folgado con una golfa o con un ser salido de La Divina Comedia.

Para identificar correctamente un espécimen del cual no se sabe si pertenece al género femenino de la familia de los humanos, o a la familia de los architeuthis dux, bastará con pasar el sencillo cuestionario que les proporcionamos a continuación. En cada uno de los apartados se le indicará una puntación que deberá ir contabilizando para, finalmente, obtener una muy buena aproximación con el resultado final. Recuerde que no existe la certeza absoluta sin hacer un estudio pormenorizado del ADN del animal, pero por lo menos tendrá un buen acercamiento en el que basarse.
  • Las mujeres tienen la necesidad perentoria de ir a tomar el sol a la playa en verano. Un verano sin playa es como un árbol sin hojas y sin fruto. Si le dijo que había ido a la playa a tomar el sol, súmele 2 puntos. Si le dijo que había quedado accidentalmente varada en la playa por culpa de una marea que le había pillado mal, súmele 1 punto.
  • Las mujeres creen que cantan bien. TODAS lo creen. Habrá alguna que no lo reconozca abiertamente, pero en lo más profundo de su ser tiene el firme convencimiento de haber nacido para el cante, pese a que tenga el oído de un lemur y la garganta de una rata. Si el ser con el que tuvo ayuntamiento carnal le dijo que canta bien, súmele 3 puntos. Si le dijo que canta, súmele 2. Si no era capaz de hablar, sume 1 punto.

¿Amor de verano o grave error? Con nuestro test lo sabrá


  • Un calamar gigante puede llegar a medir 18 metros y pesar más de 1 tonelada. No se conoce el límite de peso de las mujeres, aunque hay marineros que afirman haber folgado con mujeres de más de 400 kilos. Lo más recomendable es que lleve usted siempre una báscula industrial a mano, y pese disimuladamente al espécimen. Si pesó menos de 500 kilos, sume 2 puntos al cómputo global. Si pesó más de 500 kilos, sume 1 punto.
  • Una mujer suele tener un máximo de 2 pies, con tobillos de tamaño variable. El tobillo medio sería el tipo "tobera de 747", aunque puede llegar sin problemas al "pilar de carga del acueducto de Segovia". Si el espécimen tenía un número de extremidades menor o igual a 4, sume 2 puntos; si tenía 5 o más, sume 1 punto.
  • Mujeres y calamares se distinguen fácilmente por el acabado. Mientras que en uno de los casos la piel es suave y lisa al tacto, es lampiña, sedosa y huele bien, en el otro, si se han dejado el epilady en casa, uno no sabe si está tocando una pantorrilla o el culo de un gorrino. Si el espécimen presentaba hojarasca, sobaca mora o piernas de leñador canadiense, sume 2 puntos; si tenía piernas de ciclista o no tenía piernas, sume 1 punto.

Vamos ahora a cumplir con el desagradable deber del recuento:
  • Si el resultado va de 0 a 5 puntos, debiera haber huido de inmediato al verla. Lo más seguro es que haya pasado la noche con un ser venido de los más profundo del piélago oceánico. Recuerde para futuras ocasiones que el alcohol suele jugar malas pasadas.
  • Si el resultado va de 5 a 10 puntos, has obrado sabiamente. En el peor de los casos vas a tener un hijo que en lugar de brazos y piernas se va a sostener sobre media docena de tentáculos que le saldrán directamente de la cabeza. Pero recuerda que quien no arriesga no gana.
  • Si el resultado es de 11 puntos, recibe nuestra más sincera enhorabuena: te has liado con una genuina golfa, y sólo has tenido que quemar la cartera, los pies, y el culo.

Queridos niños: espero que hayáis pasado unas buenas vacaciones (lo cual implica haber tenido vacaciones) y que no os hayáis liado con ningún calamar gigante. Yo por mi parte me he quedado encerrado en casa matando calamares feos en el Resistante Fall of Man.

martes, 8 de mayo de 2007

Del orgasmo femenino y otras anomalías evolutivas (2ª parte)

El orgasmo femenino y otras falacias.Al hilo de lo que decíamos, vamos a relatar aquí lo que es la segunda parte del post que revolucionó (una vez más) la Historia de la humanidad tal y como la conocemos. No soy ni tan humilde ni tan hipócrita como para decir que no esperaba una reacción ligeramente más efusiva a la primera parte de este tema que seguimos tratando hoy, pero, con todo, me place ver que el número de lectores se mantiene en una firme tendencia al alza. O a la baja. O lo que sea.

Habrá quien con la primera parte de este post haya puesto el grito en el cielo, tachándome de misógino (que lo soy), bárbaro (que lo soy), ignorante (que lo soy) y, posiblemente, algo peor, como demócrata o ecologista, pero desde luego si lo ha hecho lo ha tenido que hacer en privado. ¡Señora! ¡Déle usted y ponga un comentario, que los comentarios están para eso! ¡Para insultar!

Obviando la poca trascendencia que ha tenido, no soy el primero en tratar este asunto, como prácticamente no soy el primero en tratar ninguno, ni es este de decir verdades un privilegio mío. Todo viene de un reportaje del interesante programa Redes, dirigido por el ínclito Eduard Punset, que se emite, dentro del interesante afán divulgativo de la televisión pública, los domingos a eso de las 3 de la madrugada. El prime time queda para el fino humor de los Morancos, por supuesto.

Afortunadamente, para aquellos que tenemos a bien cenar, coger un libro y encamarnos antes de las diez y media de la noche ya sea Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábades o Domingues, el programa se repite en el canal 24H de TVE a unas horas menos intempestivas (quizás por aquello de rellenar parrilla), con lo que tanto los pobres desgraciados que tenemos necesidad imperiosa de dormir cuando el cuerpo nos lo pide, como aquellos que dedican las noches del fin de semana a salir de caza en busca de presas femeninas, podemos ver algo interesante en televisión en algún momento de la semana sin necesidad de enchufar el DVD.

Al hilo del título del programa del día 6 de mayo, llamado "El cerebro tiene sexo", Punset invitó a la neuropsiquiatra Louann Brizendine, autora del libro "El cerebro femenino", que, si es de rigor y trata el tema en profundidad, debe tener unas 3 páginas contando con el índice y la contraportada.

La cosa divagó inicialmente sobre la influencia que las hormonas tienen sobre el desarrollo de hembras y varones, todo ello salpicado de pequeños vídeos en los que se suponía que una tal Eva, prototipo de mujer, nos iba contando su vida prácticamente desde que era un feto hasta su "longevidad", por no decir chochez, pasando por la infancia, adolescencia, madurez, menopausia y senilidad. Sin embargo Punset, siempre incisivo y llevando la conversación hacia temas que le pudieran dar algo de audiencia frente al teletienda, el concurso de "llame ahora y gane 1500 euros" y las películas porno de las televisiones locales, acabó sacándole una preciosa información que, mal que pese a quien le tenga que pesar, es estrictamente cierta.

Una hembra que tenga orgasmos no es más que un espécimen con una evolución fallida, inadaptada al entorno y que está malgastando sus recursos energéticos en placeres sin sentido en lugar de crear nuevas vidas. El acto físico del amor debe estar encaminado a la perpetuación de la especie, no a entretenerse las tardes de Domingo durante la hora de la siesta, que para eso ya está el sudoku.

Otra cosa es si las mujeres tienen realmente orgasmos. Siguiendo la teoría de la evolución, lo normal sería que, considerando que lo óptimo es la ausencia de orgasmos femeninos, quizás hayan de facto desaparecido y lo que se llama así sea en realidad otra cosa. En efecto, varios son los autores que hablan sobre el asunto. La sexóloga Margaret Smith, en su libro que recomiendo "The beauty, the beast and the female sex" conversa individual y pormenorizadamente con 20 mujeres de distintas culturas donde tratan abiertamente su sexualidad. Tras dedicar un capítulo completo a cada una de ellas concluye que lo que las mujeres "multiorgásmicas" de las sociedades occidentales creen que es un orgasmo no es más que un acto reflejo como el que se puede tener cuando te tocan inesperadamente en los abdominales laterales.

Yo, como observador imparcial, no me voy a pronunciar sobre el tema. No obstante, me tomo la libertad de traer una vez más a los que saben sobre esto, y citar la película de Stanley Kubrick Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, título traducido al español como Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú (sin comentarios). El General Ripper le explica al Capitán Mandrake cómo concluyó que la conspiración comunista venía a través de la fluorización del agua, y que esta idea se le vino a la mente durante "el acto físico del amor", por la consiguiente "pérdida de esencia".

Group Capt. Lionel Mandrake: Uh, Jack, Jack, listen, tell me, tell me, Jack. When did you first... become... well, develop this theory?

General Jack D. Ripper: Well, I, uh... I... I... first became aware of it, Mandrake, during the physical act of love.

Group Capt. Lionel Mandrake: Hmm.

General Jack D. Ripper: Yes, a uh, a profound sense of fatigue... a feeling of emptiness followed. Luckily I... I was able to interpret these feelings correctly. Loss of essence.

Group Capt. Lionel Mandrake: Hmm.

General Jack D. Ripper: I can assure you it has not recurred, Mandrake. Women uh... women sense my power and they seek the life essence. I, uh... I do not avoid women, Mandrake.

Group Capt. Lionel Mandrake: No.

General Jack D. Ripper: But I... I do deny them my essence.


Queridos niños y queridas niñas, en contra de lo que se pudiera pensar, sinceramente, me importan bien poco tanto los orgasmos femeninos como los masculinos: ¡yo tengo una PS3!


Más información:
http://www.nopuedocreer.com/quelohayaninventado/?p=1049
http://www.puroplacer.es/es/El-pato-vibrador-p-16177.html (¡pilas gratis!)
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Female_Brain

lunes, 7 de mayo de 2007

Del orgasmo femenino y otras anomalías evolutivas (1ª parte)


Darwin

Ahí queda eso.

[La segunda parte, aquí]