De ventiscas y tornados
Hoy ha sido un día raro en Manhattan. Cuando todo el mundo pensaba que iba a llover, al final ha venido un tornado que casi nos lleva a todos hasta el país de Oz. Más como el espantapájaros sin cerebro que como el león valiente, hemos ido saliendo del edificio con más miedo que vergüenza.
Creo que el tornado expresa bien mi estado mental actual: agorero, violento, revuelto, proclive al catastrofismo y con cambios de rumbo tan inopinados como inciertos .
Queridos niños: cerrad los ojos, juntad las manos, chasquead vuestros zapatos de rubíes y repetid conmigo:
¡No hay lugar como el hogar!

