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martes, 25 de mayo de 2010

Del día de la toalla y todo lo necesario para ser un genuino autoestopista galáctico

¡No se asuste!


¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es la utilidad fundamental de las toallas? ¿O qué necesita un viajero espacial cuando lo hace convertido en un autoestopista galáctico?

No os atormentéis más. He aquí la respuestas:
La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.

Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasco, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya «perdido» por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.

De ahí la frase que se ha incorporado a la jerga del autoestopismo: «Oye, ¿sass tú a ese jupi Ford Perfect? Es un frud que de verdad sabe dónde está su toalla.» (Sass: conocer, estar enterado de, saber, tener relaciones sexuales con; jupi: chico muy sociable; frud: chico sorprendentemente sociabilísimo.)

Douglas Adams (1952-2001). Guía del autoestopista galáctico.


¿A qué viene esto ahora? Pues a que hoy, 25 de mayo, es el Día de la Toalla, celebrado cada año como tributo al Douglas Adams, autor de la Guía del autoestopista galáctico, el primero de los libros que forman la trilogía en cinco partes, formada por la Guía del autoestopista galáctico, El restaurante del fin del mundo, La vida, el universo y todo lo demás, Hasta luego, y gracias por el pescado e Informe sobre la Tierra: fundamentalmente inofensiva. Una trilogía memorable que todo el mundo debería leer en algún momento de su vida.

En fin, espero que hoy todos vayáis con la toalla colgando en el brazo o, cuando menos, que lo hagáis en espíritu (como haré yo).

Feliz día de la toalla a todos.



Un poco más de información sobre el asunto:

La respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás: 42.

La página oficial del Día de la Toalla: http://www.towelday.org/
El canal en twitter oficial: http://twitter.com/towelday
Para saber si hoy es el día de la toalla o no (imprescindible): http://isittowelday.com/

domingo, 15 de febrero de 2009

De escolios, glosas y marcalibros cutres

GlosasEsta mañana leía el post de mi amigo Noatodo en el que hablaba de su afición por escoliar los libros que lee. Yo soy de los que se resiste a anotar. Sí, me gusta tener los libros más o menos cuidados, y, sin embargo, cuando veo uno de mis libros sobajado sé que es bueno por el número de veces que lo he releído, lo que me trae a la memoria que siempre digo eso de que "un libro que no apetece se leído al menos dos veces no merece ser leído una primera", también aplicable a cualquier película: "si una película no apetece ser vista al menos dos veces, no merece ser vista una primera". Pero tranquilidad, que tras este desvarío me insto a volver al tema que me traía.

El caso es que no escribo en los libros; intento mantenerlos más o menos nuevos y, además, me obstino en usar como marcadores para los libros los recibos del cajero. Esto de usar los recibos del cajero es una de esas excentricidades mías que estoy convencido de que me son útiles a mí, pero podrían serlo a los demás, por los siguientes motivos, peregrinos para unos, provechosos para mí:

  • primero: los recibos del cajero están hechos de un papel extremadamente fino. Esto redunda en que no se estropee la encuadernación del libro, ni deje marca en las hojas.
  • segundo: lleva la fecha de la operación impresa, lo cual, con el paso del tiempo, me permite, simplemente mirando el o los recibos insertos en el libro, saber aproximadamente cuándo lo leí.
  • tercero: puedo ir cortando del propio marcador pequeñas tiras de unos 5 milímetros de grosor que me sirven para marcar pasajes, ideas o frases que me han llamado la atención.
No hago anotaciones, pero sí dejo esos pequeños "marcadores" allí donde encuentro algo que creo que me gustará leer de nuevo. Pero no indico dónde está ese pasaje: simplemente marco las páginas donde está. Y me gusta coger algún libro al azar, y buscar esas marcas, y desentrañarle el sentido a esas frases que debieron significar algo en su momento, pero que luego, por mucho que me esfuerce en buscarlo, no lo tienen.

En más de una ocasión me hubiera gustado darle a la pausa a una película, poder cortar una de esas pequeñas tiras de papel insulso, y marcar una escena.

Como siempre, eso de no glosar lo que a uno se le ocurre tiene ventajas e inconvenientes.
  • ventajas: si basándome en lo leído supuse algo equivocadamente (lo habitual), siempre podría en una segunda lectura, y teniendo mucha suerte, acertar en la nueva reflexión.
  • inconvenientes: si, por designios del destino o por los hados de la celulosa, pensé correctamente, es harto difícil que en una segunda lectura llegue más allá de lo que llegué la primera vez.
Queridos niños: podríase pensar que si tanto interés tengo en conseguir mis propios marcadores, es porque me paso el día devorando libros. Bueno, la verdad es que ya no. Pero no pierdo la esperanza.