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domingo, 1 de noviembre de 2009

F1: GP Abu Dabi 2009

A mí el final de cada campeonato del mundo de F1 me recuerda a cuando era pequeño, se terminaba el verano y había que volver a las clases en el colegio: sabías que el año que viene ibas a volver a estar de vacaciones, sí, pero aquello estaba tan lejos que si te ponías a echar cuentas de lo que faltaba sólo podías hundirte más en lo que estaba por venir.

El caso es que este Gran Premio de Abu Dabi ha sido como coger un catarro la última semana de vacaciones: no sólo estás jodido porque se acaba lo bueno, sino que encima no puedes apurar para disfrutar lo poco bueno que queda porque estás con fiebre en la cama.

Cuando en una carrera de F1 lo mejor que se puede decir es que la carrera empezaba de día, acababa de noche y entre medias encendieron las luces de un edificio con forma de pene, mal vamos.

Mientras está en el aire que el año que viene se dispute un GP en Inglaterra, este fin de semana hemos estrenado otro tilkódromo, un circuito que es, como decía Lope de Vega, verde y tierna por fuera, y por dentro madera. Un circuito tan bello en lo estético como anodino en su trazado. Para colmo de males ni siquiera ha sido estrenado el que suponía gran aliciente del circuito, el muro de la salida de boxes, con túnel incluido. Lo que hubiera de verse se tendría que ver en la pista. Y, por si alguien lo dudaba, no se vio.

Tanto el viernes como el sábado Hamilton parecía el elegido para pasar a la historia como el primer vencedor en este circuito pagado a golpe de barril de crudo.

En la clasificación del sábado, los primeros en morder el polvo en la Q1 (o debería decir la arena del desierto) fueron Alonso, Liuzzi, Sutil, Grosjean y Fisichella. Nada que reseñar.

A continuación, en la Q2, caían Räikkönen, Kobayashi, Kovalainen, Nakajima y Alguersuari. Poco que reseñar también, salvo quizás que a Kovalainen se le paró el coche. Pura emoción hecha deporte.

En la Q3 Hamilton, ciertamente más descargado que los Red Bull, marcaba la pole a la vez que le metía más de medio segundo a Vettel, que hacía el segundo mejor tiempo seguido de Webber. Barrichello y Button eran cuarto y quinto, seguidos de Trulli, Kubica, Heidfeld, Rosberg y Buemi, que volvía a colarse en la Q3. Poco más que reseñar.

Antes de comenzar la carrera, las condiciones cambiantes de la pista (mejor dicho: la pista perdiendo temperatura conforme cae la noche en el desierto) prácticamente dejaban claro que los blandos debían ir al final. Mientras la mitad de la parrilla que había acabado más allá de la décima posición el sábado montaba los duros a la salida y se preparaba para una carrera a una parada, la otra mitad montaba los duros y se preparaba para intentar no perder demasiadas posiciones en la primera parada.

En la salida Hamilton aguantó el empujó de Vettel tirando de KERS, mientras Barrichello salía con más ganas que acierto y tocaba a Webber. Poco después perdía posición con Button antes de que Ross Brawn apretara el botón mágico de las trampas.

Un poco más atrás Kobayashi empezaba el recital de la carrera pasándose por la piedra a Kimi en la primera curva. Ni KERS ni leches, un par de narices y para delante.

Zumbando, y con la necesidad apremiante de abrir hueco de tiempo con Vettel para mantener la posición en la primera parada, Hamilton apretaba los dientes con poco fuste porque Vettel se mantenía a menos de dos segundo cuando Hamilton entraba a boxes.

El duelo en el monitor de tiempos (prácticamente lo único interesante), se perdía como lágrimas en la lluvia en una retransmisión comentada por un zote que todavía tenía tiempo para quejarse porque "si Bridgestone llevaba neumáticos duros y medios" él ya no podía aprender nada de F1. Pues muy bien, hombre, ese es el espíritu.

Hamilton y Button paraban ambos en la vuelta 17. Hamilton habría de perder la posición con Vettel, pero lo de Button merecerá ser comentado aparte, porque fue a salir justo delante de Kobayashi.

Un par de vueltas después de Hamilton paró Vettel, que entre medias se marcó un par de vueltas rápidas para salir bastante por delante del inglés.

Poco aguantó Lewis detrás de Sebastian, porque apenas una vuelta después tuvo que retirarse por problemas en los frenos traseros.

Hubiera sido fácil pensar que con Hamilton fuera de la carrera, y con Vettel y Webber camino de la meta sin más rival que el tiempo, la carrera no tenía ya ningún interés. Hubiera sido fácil apagar la tele y largarse a leer el libro de las memorias de Mario Conde en la cárcel. Hubiera sido fácil creer que no quedaba mucho por ver, pero los que así hayan pensado se habrán perdido dos de los momentos más gloriosos del año.

El primero, la confirmación como pilotazo de un japonés con pinta de repartidor de comida china: Kamui Kobayashi. He de reconocer que tras el GP de Brasil tenía serias dudas. Muy serias. Pero después de verle medirse con los mejores pilotos del mundo y salir airoso, quitarle las pegatinas en una maniobra perfecta de fuera-dentro-fuera al campeón del mundo del 2009 y subirse a las barbas de su compañero de equipo, las dudas están más que despejadas: con debutantes así, el futuro está asegurado.

El segundo momento glorioso ha sido protagonizado por un españolito que siguen empeñándose en decir que "está aprendiendo", por mucho que haya pillado asiento a golpe de talón. Hemos visto gente arrancando la manguera de la gasolina y salir ardiendo del box; hemos visto gente saliendo con una rueda suelta; hemos visto gente atropellando a sus mecánicos. Pero al menos yo nunca había visto a alguien intentar hacer una parada en un box que no era el suyo. Grandioso.

Por aquello de hacer una pequeña analogía, imaginemos la siguiente situación: llega un señor a su casa borracho, con el ánimo encendido, o lo que es lo mismo, con ganas de refocilarse con su señora y continuar la fiesta que traía del bar en el tálamo. En esto que se equivoca de habitación y, en vez de meterse en la cama de su mujer, lo hace en la de su cuñada, que se parece mucho y que también se acuesta con los rulos puestos. La cuñada lo echa a patadas mientras grita ¡fuera, fuera! y el señor acaba diciendo: "No sé qué ha pasado. Me he metido en boxes porque tenía un problema en el coche pero me han dicho que siguiera, así que he vuelto a la pista y me he quedado tirado". ¡Bravo Jaime! En serio, me he reído tanto cuando he visto la repetición del mecánico de Red Bull de la rueda delantera izquierda haciéndole gestos a Alguersuari para que se fuera a cagar a la vía, que se me ha salido por la nariz la Coca-Cola que me estaba tomando.

En fin, poco más hay que contar de una carrera que estaba predestinada para Vettel, aunque hubiera sido de agradecer no perder por el camino a Hamilton, el único que podía ponérselo un poco menos fácil. El segundo puesto de Webber recuerda a otros vistos a lo largo del año, y el podio final de Button ha sido un buen colofón final para Jenson Button, justo vencedor del mundial 2009 por mucho que los de la Secta se empeñen en hacer especiales sobre "por qué no ganaron los demás" o, aún peor, digan abiertamente ridiculeces como que a Barrichello le boicotearon el coche en Brasil.

Queridos niños: Un año más, nos despedimos del Gran Circo. Un año más esperaremos, con la poca paciencia que podamos juntar, el comienzo del mundial del 2010, recordaremos los buenos momentos e intentaremos olvidar los malos.

Espero que nos veamos todos de nuevo en Albert Park.

La clasificación final de la carrera:

Posición
Piloto
Equipo
Vueltas
Tiempo
Parrilla
Puntos
1
15
Sebastian Vettel RBR-Renault
55
1:34:03.414
2
10
2
14
Mark Webber RBR-Renault
55
+17.8 secs
3
8
3
22
Jenson Button Brawn-Mercedes
55
+18.4 secs
5
6
4
23
Rubens Barrichello Brawn-Mercedes
55
+22.7 secs
4
5
5
6
Nick Heidfeld BMW Sauber
55
+26.2 secs
8
4
6
10
Kamui Kobayashi Toyota
55
+28.3 secs
12
3
7
9
Jarno Trulli Toyota
55
+34.3 secs
6
2
8
12
Sebastien Buemi STR-Ferrari
55
+41.2 secs
10
1
9
16
Nico Rosberg Williams-Toyota
55
+45.9 secs
9

10
5
Robert Kubica BMW Sauber
55
+48.1 secs
7

11
2
Heikki Kovalainen McLaren-Mercedes
55
+52.7 secs
18

12
4
Kimi Räikkönen Ferrari
55
+54.3 secs
11

13
17
Kazuki Nakajima Williams-Toyota
55
+59.8 secs
13

14
7
Fernando Alonso Renault
55
+69.6 secs
15

15
21
Vitantonio Liuzzi Force India-Mercedes
55
+94.4 secs
16

16
3
Giancarlo Fisichella Ferrari
54
+1 Lap
20

17
20
Adrian Sutil Force India-Mercedes
54
+1 Lap
17

18
8
Romain Grosjean Renault
54
+1 Lap
19

Ret
1
Lewis Hamilton McLaren-Mercedes
19
Brakes
1

Ret
11
Jaime Alguersuari STR-Ferrari
17
Gearbox
14

domingo, 5 de julio de 2009

De cómo son las mujeres, el veranito y un poco más de Feynman

El subtítulo de este blog sigue rezando "Diatribas de un misógino en la urbe", pero el caso es que, pese a que no hayan cambiado los principios de este humilde narrador de necedades, aquí ya no hay diatribas, ni misoginia, ni, si me apuran, urbe. Podría enzarzarme en un rimero de explicaciones de las que difícilmente saldría bien parado, así que prefiero pasar de puntillas sobre el asunto y quedarme con lo que hoy nos ha traído aquí.

Visitando uno de los blogs que sigo y recomiendo, me encontré con esta fábula deliciosa sobre la visión de cómo son las mujeres a los ojos de un pobre niño ignorante que empieza a descubrir que, en el fondo son todas súcubos.

Por eso, y porque hace tanto tiempo que no hablo de mujeres que ni me acuerdo de la última vez que lo hice, creo que es hora de retomar el tema. Ah, y porque ya llegó el verano y, como me enseñó mi amigo Malasombra (¡felicidades!) que decían los Gomaespuma, "el verano es la época del año en la que las mujeres se quitan el abrigo y se ponen las tetas". Da igual dónde se mire, siempre hay más carne a la vista que encubierta.



Haz click aquí si no ves el vídeo.

Por resumir el vídeo (en serio, ¡hay que verlo!), las enseñanzas son:
  • Hay que mentir a las mujeres, o de lo contrario se vuelven locas.
  • Las mujeres no tienen sentido del humor.
  • Las mujeres nunca hacen nada gratis, pero si tienes algo que quieran, puedes negociar.
  • Las mujeres son sensibles a las emociones. Harán cualquier cosa si muestras un poco de vulnerabilidad.
  • Las mujeres son lo mejor que hay en el mundo.
Aunque algunas de las reflexiones de Mathias son discutibles (sobre todo la última, comparando con un coche italiano), se me ha venido a la memoria otra historia que contaba en su ¿Está usted de broma Señor Feynman? nuestro siempre admirado Richard Feynman, premio Nobel de Física, músico de bongos y experto en psicología femenina.

Decía así:
Tras la muerte de mi esposa [su primera esposa murió de tuberculosis], tenía que volver a empezar, por lo que tenía interés en conocer algunas chicas. En aquellos días se hacían un montón de bailes de sociedad, que servían para que la gente se mezclase y conociese mejor, especialmente los recién llegados y los veteranos.

Recuerdo el primer baile al que asistí. No había ido a bailar durante los tres o cuatro años que estuve allá el Los Álamos [mientras participaba en el Proyecto Manhattan]; ni siquiera había estado en sociedad. Así que fui a ese baile y procuré bailar lo mejor que sabía, y me pareció que aún lo hacía razonablemente bien. De ordinario se puede saber sin más que observar si tu pareja se siente a gusto.

Conforme bailamos yo solía hablar un poco con la joven que tenía de pareja; ella me hacía algunas preguntas referentes a mí, y yo otras tantas a ella. Pero cuando quería volver a bailar con alguna joven con la que hubiera bailado ya, tenía que buscarla.
«¿Quieres bailar otra vez conmigo?»
«Disculpa, pero necesito un poco de aire fresco» O bien: «Verás, es que tengo que ir al servicio», y otras excusas por el estilo, y así con dos o tres chicas seguidas. ¿Qué tenía yo de malo? ¿Tan chapucera era mi forma de bailar? ¿Es que mi personalidad les resultaba repulsiva?

Bailé con otra joven más, y vuelta a repetir todo el cuestionario: «¿Eres estudiante de primer ciclo, o estás graduado ya?» (Había muchos estudiantes mayores de lo normal, porque habían estado en el servicio militar.)
«No, soy profesor.»
«¿Oh? ¿Profesor de qué?»
«Física teórica.»
«Imagino que trabajaste en la bomba atómica.»
«Pues sí. Estuve en Los Álamos durante la guerra.»
Ella dijo: «¡Eres un maldito mentiroso!» y se marchó.

Eso me quitó un gran peso de encima. Lo explicaba todo. Ingenuamente, yo había estado diciéndoles la verdad pura y simple, sin caer en la cuenta de que era lo malo. Era absolutamente obvio que mientras me comporté con toda naturalidad, contestando a sus preguntas y siendo sincero y cortés, las chicas me esquivaban una tras otra. Todo parecía muy bonito y de repente, ¡zuup!, ya no funcionaba. No comprendía nada hasta que aquella mujer me llamó maldito mentiroso.

Probé entonces a evitar todas las preguntas, y con ello logré el efecto contrario.
«¿Eres de primero?»
«Bueno..., no.»
«Entonces estás haciendo la tesis.»
«No.»
«¿Pues qué eres?»
«No lo quiero decir.»
«¿Por qué no quieres decirnos lo que eres?»
«Porque no quiero...», y ellas seguían hablándome.

Acabé con dos muchachas en mi casa, y una de ellas no hacía más que decirme que no debía sentirme inferior por ser de primero; que había otros muchos chicos de mi edad empezando los estudios universitarios, lo cual era realmente cierto. Ambas eran de segundo curso, y las dos se mostraban muy protectoras y maternales. Trabajaron intensamente en mi psicología; pero yo no quería que la situación llegara a crear ningún malentendido, así que les revelé que era profesor. Se molestaron mucho al sentirse engañadas. Tuve muchos problemas desempeñando mi papel de joven profesor en Cornell.
Podría ahora volver a mis diatribas sobre las mujeres, pero, por supuesto, cualquier cosa que yo dijera aquí sería supérflua y fundamentalmente errónea. En el caso improbable de decir algo cierto, sería algo que ellas ya saben, y que sin embargo nosotros no seríamos nunca capaces de llegar a comprender.

Cualquier perversidad, cualquier crueldad, cualquier inquina que se nos pueda pasar a los varones por la cabeza, sólo será un resoplido comparado con en el vendaval de maldad que es la fértil imaginación de una mujer.

Queridos niños: Sólo puedo terminar repitiendo el axioma que, no se equivoquen, no es original mío sino de mi amigo Ramón: "Las mujeres son blanditas y huelen bien". Lo que sí es mío y del saber popular, no lo duden, es aquello de "Son todas golfas".

En fin, si pese a todo algún caballero sigue empeñándose en intentar entender a las mujeres, ya sabe cómo funciona esto del amor.

¡Ah!, y recuerden que son todas golfas menos mi madre.



Después de haberlo escuchado media docena de veces se me ha pegado hasta la música del vídeo, que se llama Blow your mind, de Thomas Haardell.

martes, 26 de mayo de 2009

Oda a un bolardo

bolardos


Bolardo gris y ominoso
henchido de fiera roca,
buscas víctima a buen tino
y trabas quien se te antoja.

Contigo pasan los días,
contigo pasan las noches,
rompes algunos tobillos
pero no pasan los coches.

Bolardo de piedra y odio
derrochas antipatía,
enfrentarse a tu dureza
sin duda es una osadía.

Te cruzaste en mi camino
cuando menos te esperaba
causando este cruel dolor
que ahora mi pie socava.

Bolardo soez y procaz
de piedra de serranía,
buscabas hacer el mal
y hallaste la pierna mía.


Queridos niños: ¿Quién podía decirme hace diez días que pretendía atacarme un bolardo transparente que se hizo visible en el mismo momento en que mis huesos probaron el duro suelo? Está claro que los videntes estaban de vacaciones, o si no no estaría con el pie en alto con una fisura en el pie izquierdo.

La foto de los bolardos me dejó usarla Ángel Rollón. ¡Muchas gracias!

domingo, 4 de mayo de 2008

De puentes de cuatro días, italianos, y golfas en la F1

Rápida y mortalEste fin de semana los que vivimos en Madrid hemos empalmado cuatro días de puente. A la fiesta del trabajo, que por supuesto se celebra sin trabajar, se ha unido la fiesta del 2 de Mayo. Algunos han aprovechado para disfrutar los días de asueto pasando el tiempo en un atasco, mientras que otros hemos preferido quedarnos en casa jugando al Gran Turismo.

Como es de recibo, para mí ha sido como un fin de semana normal, pero con el doble de tiempo para dispersarme.

Los italianos, que saben bien cómo entretenerse, dejan el Calcio para las tarde de domingo, mientras las mañanas las dedican a los deportes de motor. En las motos tienen al único, al incomparable, al mejor, al Dottore Valentino Rossi. Aunque no gane, merece la pena disfrutar de una carrera de Moto GP sólo por verle salir derrapando de una curva cuando ya se ha quedado sin goma en la rueda trasera. Pero, ¿qué hacer con los coches? En estos tiempos en los que la emoción está en ver quién entra el último a repostar, es difícil atraer al neófito sin oír comentarios tan exasperantes que a uno le entran ganas de recuperar la fabricación del Zyklon B.

Danica, hija mía, estás fresquísimaCierto es que la tradición automovilista italiana está a años luz de la española. No en vano Giuseppe Farina, el primer piloto en ganar el Campeonato del Mundo, era italiano y, para darle más enjundia, lo hizo con un Alfa Romeo. No hablemos ya de que tienen al equipo más laureado de la historia de la F1 en Maranello, o de que al norte de las tierras itálicas está el Autodromo Nazionale di Monza, el Templo de la Velocidad por excelencia, la Pista Mágica.

Pero, al igual que a los españoles, el carácter latino de los italianos les hace ver las carreras con la idea de ganarlas. Y sin embargo, aun y cuando en el GP de casa ganen otros, no se ve estampida de aficionados para llegar los primeros al parking.

¿Y qué tienen que ver los fines de semana con las motos, los coches y los italianos? Pues que los italianos lo tienen claro: para hacer atractiva una carrera de coches nada mejor que meter a una gachí en la pista. Pues eso mismo opino yo.

Para que una mujer se convierta en una atracción en el mundo del motor no necesita ser hábil: basta con que lo parezca y, lo más importante, que esté buena. Y aquí tenemos a la candidata ideal: Danica Patrick. Una muchacha de indudable buen ver, aunque un poco baja,

No nos engañemos: tener a mujeres en el Gran Circo no iba a servir para atraer a otras mujeres. A las mujeres no les gusta ver a otras mujeres haciendo cosas bien, pero sí les gusta ver a otras mujeres humillando a hombres. Lo ven como el triunfo del feminismo contra un mundo machista e injusto, de modo que no es una victoria de una mujer, sino que es su propia victoria, salvo por el pequeño detalle de que lo ha conseguido otra. La felicidad de las féminas pasa siempre por compararse con la de al lado, o, mejor aún, por la desgracia ajena, así que ver a una mujer en la categoría reina del automovilismo sólo iba a atraer a un tipo de público, el masculino, y preferentemente al sector depravado del mismo.

A estas alturas ya habrá alguien pensando en ponerme en un comentario que Danica no sería la primera ni la mejor que iba a pilotar un F1: Lella Lombardi ya se convirtió en la primera mujer en puntuar en un GP allá por el año 75, cuando llevó su March hasta la sexta posición en el GP de España, y mucho antes que ella Maria Teresa de Filippis ya había participado con suerte dispar (de muy mala a pésima) en las temporadas 58 y 59.

Toma 1 euro para la huchaPero con Danica por fin, ¡por fin! tendríamos a una gachí —en el sentido más obsceno de la palabra— en la F1. Nada de tías feas con pinta de leñadoras y camisas de cuadros que luchan por la igualdad de sexos metiéndose en un mundo que no las necesita.

En Danica hay un factor añadido más: de llegar a la F1, sería el único piloto que tuviera cuello. La característica morfología trapezoidal entre cabeza y hombros de todos los pilotos de la parrilla se reemplazaría por una luenga melena morena y un buen par de ... ¡prosigamos!

Entre las españolas que bien podrían ser candidatas destacan dos. La primera es Carmen Jordá, que con sus 20 añitos recién cumplidos bien podría convertirse en la Cristina Sánchez del automovilismo español: además de que ha trabajado como modelo parece que tiene maneras, y, como es mujer, hay que aprovecharlo mientras dé dinero. También está María de Villota, de 28, a la que se le ha pasado el arroz, pero no las ganas. Es como la fea en las verbenas: sabe que cuando se vayan las guapas en algún momento la sacarán a ella a bailar. Lo que no sabe es que para entonces le va a tocar el paleto del pueblo, borracho y sudoroso, con la única —aunque loable por lo viril y español del asunto— intención de cubrirla.

Pero ni punto de comparación con Danica.

No hay que equivocarse. En el caso de la F1, para conseguir un asiento no todo es pericia al volante. Los pilotos "de pago" han estado —y están— al orden del día. Aún recuerdo al ínclito Baumgartner aceptando dinero de su propio país para ganarse un puesto en Minardi, o a Scott Speed, que lo único que tenía de rápido era el apellido. Además del dinero, cuando fallan las aptitudes, hay tener una imagen que venda, y esta tía sería capaz de vender anticongelantes en el mismo infierno.



Queridos niños: cuando se cumplen 200 años del histórico levantamiento contra los franceses, y 14 desde que Ayrton Senna perdiera la vida en el Tamburello, habrá quien opine que es frívolo e inoportuno que dedique este post a una o varias golfas. Pues bien, comparto plenamente esa opinión.

Menudo gilipollas estoy hecho.

Más fotos que nadie debería perderse:
http://sportsillustrated.cnn.com/features/2008_swimsuit/danica-patrick/

domingo, 2 de septiembre de 2007

De cómo distinguir una mujer de un calamar gigante

Ursula Andress obtuvo un 5 en nuestro test

Se puede ver el mar como ese gran desconocido que durante siglos hizo que los grandes filósofos de todas las civilizaciones antiguas creyeran que el Universo entero estaba hecho de agua. Hielo sólido, vapor gaseoso, agua líquida: agua por todas partes. O bien se puede considerar el mar como un charco grande donde remojar las nalgas tras pasarnos la mayor parte de la mañana tostándolas bajo un sol de justicia, y donde se puede intentar sacar con el vaivén de las olas la arena que se ha metido en el ojete mientras estábamos sentados en la toalla.

En esta época estival, muchos son los que con el ánimo de solazarse acuden a la playa para, un mes después, volver a la planicie castellana con la chepa quemada, la billetera huera y el ego al mismo nivel que las ganas de volver al trabajo.

Las mujeres sienten una irrefrenable necesidad de ir a la playa para cumplir un rito, una tradición, una ceremonia milenaria: restregarles a sus amigas que ellas también han ido a la playa, que han ido más días, que están más morenas, más delgadas, y que, además han pillado menos atasco al ir y al volver.

Los peligros de ir a la playa

Entre los varones, los encontramos de dos tipos: los abnegados ciudadanos que cumplen con el rito de ir a la costa a satisfacer el ansia de sus señoras por padecer un melanoma, y los que se arriman a la brisa marina con la intención de arrimar igualmente otra cosa a las hembras que van sin acompañantes masculinos.

Estos últimos se encuentran en más de una ocasión con circunstancias que les llevan, en el mejor de los casos, a la sorpresa. Ellos acuden a las playas con el ánimo de solazarse para, un mes después, volver a la planicie castellana con la chepa quemada, la billetera huera y el ego al mismo nivel que las ganas de volver al trabajo, pero, eso sí, habiendo mojado el churro. Sin embargo, una vez que han pinchado la sombrilla en la arena, descubren horrorizados ciertos especimenes que pululan por las playas españolas que no son fácilmente clasificables en ninguna de las familias definidas por los biólogos.

Aunque ellos esperan encontrar nereidas salidas del océano como visiones cuasi idílicas, lo normal es que, en efecto, tal y como están imaginando, sea harto complicado distinguir si estos especimenes son mujeres o, en el mejor de los casos, calamares gigantes.

Por mis cojones que esto tiene que ser un calamar gigante

Como bien saben nuestros eximios lectores, al macho español no le duelen prendas a la hora de cortejar a cualquier bicho con patas y agujeros; así que, en más de una ocasión, el camino de vuelta a casa desde la costa se convierte en un sinvivir, además de por el atasco, por los remordimientos. ¿Y si me he liado con un calamar gigante? ¿Qué le voy a contar a mi confesor?

Hoy, cuando muchos de esos valientes luchadores, adalides de la virilidad, retornan a sus casas en un renault clio atestado de maletas y chismes y apestado además por las sobras de la comida que llevaron en el viaje de ida, queremos darles la respuesta a esa duda que les atenaza, les subyuga y les martiriza: por fin van a saber si han folgado con una golfa o con un ser salido de La Divina Comedia.

Para identificar correctamente un espécimen del cual no se sabe si pertenece al género femenino de la familia de los humanos, o a la familia de los architeuthis dux, bastará con pasar el sencillo cuestionario que les proporcionamos a continuación. En cada uno de los apartados se le indicará una puntación que deberá ir contabilizando para, finalmente, obtener una muy buena aproximación con el resultado final. Recuerde que no existe la certeza absoluta sin hacer un estudio pormenorizado del ADN del animal, pero por lo menos tendrá un buen acercamiento en el que basarse.
  • Las mujeres tienen la necesidad perentoria de ir a tomar el sol a la playa en verano. Un verano sin playa es como un árbol sin hojas y sin fruto. Si le dijo que había ido a la playa a tomar el sol, súmele 2 puntos. Si le dijo que había quedado accidentalmente varada en la playa por culpa de una marea que le había pillado mal, súmele 1 punto.
  • Las mujeres creen que cantan bien. TODAS lo creen. Habrá alguna que no lo reconozca abiertamente, pero en lo más profundo de su ser tiene el firme convencimiento de haber nacido para el cante, pese a que tenga el oído de un lemur y la garganta de una rata. Si el ser con el que tuvo ayuntamiento carnal le dijo que canta bien, súmele 3 puntos. Si le dijo que canta, súmele 2. Si no era capaz de hablar, sume 1 punto.

¿Amor de verano o grave error? Con nuestro test lo sabrá


  • Un calamar gigante puede llegar a medir 18 metros y pesar más de 1 tonelada. No se conoce el límite de peso de las mujeres, aunque hay marineros que afirman haber folgado con mujeres de más de 400 kilos. Lo más recomendable es que lleve usted siempre una báscula industrial a mano, y pese disimuladamente al espécimen. Si pesó menos de 500 kilos, sume 2 puntos al cómputo global. Si pesó más de 500 kilos, sume 1 punto.
  • Una mujer suele tener un máximo de 2 pies, con tobillos de tamaño variable. El tobillo medio sería el tipo "tobera de 747", aunque puede llegar sin problemas al "pilar de carga del acueducto de Segovia". Si el espécimen tenía un número de extremidades menor o igual a 4, sume 2 puntos; si tenía 5 o más, sume 1 punto.
  • Mujeres y calamares se distinguen fácilmente por el acabado. Mientras que en uno de los casos la piel es suave y lisa al tacto, es lampiña, sedosa y huele bien, en el otro, si se han dejado el epilady en casa, uno no sabe si está tocando una pantorrilla o el culo de un gorrino. Si el espécimen presentaba hojarasca, sobaca mora o piernas de leñador canadiense, sume 2 puntos; si tenía piernas de ciclista o no tenía piernas, sume 1 punto.

Vamos ahora a cumplir con el desagradable deber del recuento:
  • Si el resultado va de 0 a 5 puntos, debiera haber huido de inmediato al verla. Lo más seguro es que haya pasado la noche con un ser venido de los más profundo del piélago oceánico. Recuerde para futuras ocasiones que el alcohol suele jugar malas pasadas.
  • Si el resultado va de 5 a 10 puntos, has obrado sabiamente. En el peor de los casos vas a tener un hijo que en lugar de brazos y piernas se va a sostener sobre media docena de tentáculos que le saldrán directamente de la cabeza. Pero recuerda que quien no arriesga no gana.
  • Si el resultado es de 11 puntos, recibe nuestra más sincera enhorabuena: te has liado con una genuina golfa, y sólo has tenido que quemar la cartera, los pies, y el culo.

Queridos niños: espero que hayáis pasado unas buenas vacaciones (lo cual implica haber tenido vacaciones) y que no os hayáis liado con ningún calamar gigante. Yo por mi parte me he quedado encerrado en casa matando calamares feos en el Resistante Fall of Man.