domingo, 14 de diciembre de 2008

De John von Neumann, la conducción agresiva y cantar mientras se conduce

Ferrari weird crash


“John von Neumann era un conductor agresivo y aparentemente temerario. El total anual de reparaciones por accidentes sumaba aproximadamente el precio de su coche. Un cruce en Princeton tenía el sobrenombre de "la esquina de Von Neumann", debido a todos los percances automovilísticos que allí tuvo. Entre sus papeles personales se guardan memorias de accidentes y detenciones por exceso de velocidad. El 16 de noviembre de 1950 Von Neumann tuvo un accidente que supuso arreglos sin importancia en la chapa. El 23 de octubre de 1951 se le multó con diez dólares por una infracción de tráfico. El 19 de mayo de 1953 fue detenido por exceso de velocidad en la autopista West Side en Nueva York. El 15 de julio de 1953, apenas dos meses después, alcanzó a un coche aparcado, dañando su puerta, en Santa Mónica.
[...] Cuthbert Hurd, por entonces director del departamento de ciencias aplicadas de IBM, me comentó que el problema de Von Neumann tenía más que ver con el canto que con el alcohol: giraba el coche a un lado y a otro, moviendo el volante al compás de la música. Cuando Von Neumann condujo hasta las oficinas de IBM en Poughkeepsie, Nueva York, fue citado judicialmente varias veces por infracciones de tráfico en la ciudad de Nueva York; mandó las multas a IBM, que tenía una oficina en el bajo Manhattan situada, muy convenientemente, cerca del Ayuntamiento.”

— William Poundstone, El dilema del prisionero.


Queridos niños: hablábamos hace poco de la conducción colérica. Como vemos, nada tiene que ver con la conducción musical. Sólo os pido una cosa: si bebéis estas Navidades, no cojáis el coche.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Cita: Sobre sonrisas y demás

Buster Keaton


“Conozco múltiples formas de mostrar que estoy contento, pero ninguna de ellas es la sonrisa”

— Buster Keaton (1895-1966)


domingo, 7 de diciembre de 2008

De vaqueros, físicos, y un par de historias no relacionadas

Cowboy duelEsta semana tuve, por razones que espero explicar en otro post (que intentará servir de disculpa, pero no de descargo), vacaciones hasta el jueves.

Vacaciones difusas; en primer lugar porque no acudí a aquello que originó que las pidiera (haciendo un feo que será difícil de enmendar, por mucho post que escriba al respecto), y en segundo porque estuve malo la mitad de los días (sufro el conocido por los médicos como "síndrome Ventura", consistente en enfermar cada vez que tengo vacaciones a la vista).

Pero no todo hubieron de ser malos momentos. Aproveché para ir a saludar a una amiga de la Universidad. Y digo saludar cuando debiera estar hablando de una visita cuasi-profesional, pero creo que mis lectores ya saben sobradamente que lo más profesional que he hecho en los últimos 2 años han sido las fotos del Martini Legends, y eso contando con que el 99% de las fotos fueron obtenidas con el famoso método de "bombardeo por saturación".

Disfruté de más de una hora de animada charla hablando de lo divino y lo humano, el pasado, el presente y el futuro de la formación universitaria en España, y de más cosas que quedarán en el secreto de sumario.

No recuerdo muy bien cómo siguieron los derroteros de la conversación, pero, para variar, desde la crisis que tenemos encima acabamos hablando de George Gamow y de la mutua afición de ambos por su libro por excelencia, la Biografía de la Física que ya mentamos aquí al hablar del sentido del humor de Niels Bohr y del conocido como Efecto Pauli.

El caso es que mi amiga (me tomo la licencia de tratarla como tal) recordó entre risas una de las muchas anécdotas que cuenta Gamow sobre Bohr: la de las pistolas. Mi cada vez más enjuta memoria volvió a dejarme en evidencia, porque no hace ni un mes que acababa de releer el libro y, sin embargo, no la recordaba.

Llegamos a sacar el libro para buscar el pasaje en cuestión que, aunque no lo encontramos en su momento, es este:

La afición de Bohr a las películas del Oeste se tradujo en una teoría desconocida para todos excepto para sus conocidos de cine [compañeros con los que iba al cine] en aquel tiempo. Todo el mundo sabe que en las películas del Oeste (al menos en el estilo de Hollywood) el pillo dispara en seguida, pero el héroe es más rápido y siempre mata al bribón. Niels Bohr atribuyó este fenómeno a la diferencia entre las acciones deliberadas y las acciones condicionadas. El bribón ha de decidir cuándo ha de echar mano de la pistola, mientras que el héroe dispara más rápidamente porque actúa sin pensar cuando ve al bribón echar mano de la pistola. Todos discrepamos de la teoría y a la mañana siguiente el autor [George Gamow siempre se trataba a sí mismo como "el autor"] se fue a una tienda de juguetes para comprar un par de pistolas de cowboy. Nosotros disparábamos sobre Bohr, que hacía de héroe, pero él nos mató a todos.

Queridos niños: ¡Y yo pensaba que me lo pasaba bien en el trabajo! ¿Cuántos de nosotros hemos acabado pegándonos tiros con pistolas de juguete para demostrar una teoría? Yo estoy deseando que surja la oportunidad. Y, si hay que hacerlo con las pistolas cargadas, por mí que no quede.

martes, 2 de diciembre de 2008

Habemus Violeta

baby

¡Felicidades a Félix y a Esther!

Violeta, Welcome to the jungle!

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Cita: Sobre la inmadurez

Madurez


“Lo que distingue al hombre inmaduro es que aspira a morir noblemente por una causa, mientras que el hombre maduro aspira a vivir humildemente por ella.”

— Wilhelm Stekel (1868-1940)


Lo leí en El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

domingo, 23 de noviembre de 2008

De sueños, emprendedores, y personas excepcionales

Bernardo HernándezAndaba ya pensando el viernes sobre qué nueva necedad iba a escribir el domingo para los fieles lectores (amigos, debo decir) que entran todos los lunes a este humilde blog.

Andaba pensando en ello, porque, precisamente, este fin de semana se celebraba en Madrid la segunda edición del Congreso de Webmasters, y, como asistente, iba a andar liado desde el viernes al medio día hasta la tarde del domingo. Mal se preveía entonces llegar el domingo por la tarde y escupir una de mis enajenaciones habituales (ya no tan habituales), buscar entre los últimos libros que he leído alguna cita sobre científicos locos o divagar sobre cualquier otra sandez.

Pero hete aquí que entre las ponencias figuraba una sobre geoposicionamiento, término que no había oído en mi vida, y en la que iba a hablar Bernardo Hernández. Programada para el sábado por la mañana, se pospuso a la tarde porque "había tenido un problema de retrasos en un vuelo en San Francisco". Llegó la tarde, y Bernardo habló de geoposicionamiento, de las funcionalidades de los mapas de Google y de la integración de la geoinformación en el internet y en los dispositivos móviles de hoy en día.

Fuimos a la ronda de preguntas que tras la ponencia se hacía una en una sala contigua y, además de seguir aprendiendo, confirmamos que Bernardo Hernández hace que al resto de aquellos a los que llaman gurús de esto que es Internet le recuerden a uno a los vendedores de elixires que recorrían los pueblos subidos en un carro y ofrecían el remedio definitivo contra la alopecia por cinco peniques. Frente a ellos, este señor, Vicepresidente de Google a nivel mundial, se muestra como alguien que no flota por encima del suelo elevado por su propio ego como es habitual, sino que transmite, de verdad, que quiere mejorar, tanto a sí mismo, como al mundo que le rodea. Basta con escucharle media hora para descubrir a alguien inteligente, inquieto, sincero, y con una extraordinaria capacidad de comunicación.

Si interesante fue su charla del sábado, el domingo se abrió a contarnos su experiencia personal como emprendedor: su papel como socio fundador en proyectos como Idealista y Flores Frescas, su participación en Tuenti, y su visión de lo que debe ser el primero objetivo de un emprendedor, que bien puede aplicarse a cualquier persona: enfrentarse al miedo. Al respecto dijo en su presentación:

El miedo nos define como especie, nos hace ser prudentes, nos hace evitar el peligro; pero hay que afrontarlo para abordar retos.
Pero no sólo planteó cuestiones técnicas, económicas o legales. Tener una idea, crear un proyecto, buscar financiación y conseguir llevarlo a cabo, es sólo una parte de la labor del emprendedor. El emprendedor debe vender a su proyecto y a sí mismo. No importa lo buena que sea la idea o lo detallado que esté el proyecto, un inversor sólo entrará a formar parte del mismo cuando confíe en la persona que lo va a desarrollar.

Pero no hay que alarmarse en exceso, porque, como también dijo:
Cuando quieres hacer algo y tienes un sueño, acabas encontrando cómo hacerlo realidad.
Toda una declaración de principios.

Tras la charla de Cómo emprender un proyecto de éxito figuraba en el programa otra sobre Posicionamiento en Google, el verdadero motivo por el que un buen amigo y yo habíamos ido al congreso. Bastó un cruce de miradas para preguntarnos "¿Queremos aprender a posicionar o preferimos aprender a vivir?". La pregunta se respondió por sí sola y nos fuimos camino de la sala donde se abriría la ronda de preguntas.

Cuando terminó me acerqué, le di las gracias por haber venido hasta aquí, por formar parte y colaborar en eso tan intangible que es el valor que aporta Google al mundo, y me fui con la sensación de haber estado junto a una persona muy sabia, un gran emprendedor, y, quizás más que ninguna otra cosa, una gran persona.

Queridos niños, no puedo terminar sin añadir otra reflexión que nos dejó:
No importa lo bueno que eres, sino lo bueno que quieres ser.
Aún no sé quién quiero ser, pero sí sé que quiero ser mejor que lo que soy. Me gustaría encontrar el camino para hacerlo realidad.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Del efecto Pauli y otras chanzas

Wolfgang Pauli

Wolfgang Ernst Pauli era un físico teórico de primera clase, y entre sus amigos su nombre será asociado siempre con el misterioso fenómeno llamado «efecto Pauli». Es sabido que todos los físicos teóricos son muy torpes en el manejo de los instrumentos experimentales y con mucha frecuencia rompen aparatos caros y complicados con sólo tocarlos. Pauli era un físico teórico tan bueno que rompía cosas en cuanto andaba por un laboratorio. El caso más convincente del efecto Pauli ocurrió un día en que el instrumental del profesor James Frank, en el Instituto de Física de la Universidad de Göttingen, hizo explosión y quedó destrozado sin razón aparente. Las investigaciones posteriores mostraron que la catástrofe se produjo exactamente a la misma hora en que un tren donde viajaba Pauli, de Zúrich a Copenhague, se detuvo cinco minutos en la estación de Göttingen.

— George Gamow, Biografía de la física

martes, 11 de noviembre de 2008

Cita: Del Quijote, caballeros andantes, y lo que se dice del amor

Por allí se descubren treinta o más desaforados gigantes...


“Porque veas, Sancho, el bien que en sí encierra la andante caballería y cuán a pique están los que en cualquiera ministerio della se ejercitan de venir brevemente a ser honrados y estimados del mundo, quiero que aquí a mi lado y en compañía desta buena gente te sientes, y que seas una mesma cosa conmigo, que soy tu amo y natural señor; que comas en mi plato y bebas por donde yo bebiere, porque de la caballería andante se puede decir lo mesmo que del amor se dice: que todas las cosas iguala.”

— Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616)


Ya se estaba echando a faltar otra cita del Quijote.